Prostituyendo al ratón – Cinco juegos Disney perversos

¿Ustedes han visto películas Disney en su infancia, cierto? Qué tonterías decimos: ustedes han visto películas Disney en su infancia; y quizá en aquella época no se dieran cuenta —solo apreciaban que la pantalla se volvía más oscura cuando aparecía cierto personaje, que además era bastante feo, y terminaba siendo el villano maloso—, pero la forma de acabar con el mal siempre era accidental, por azar del destino o por la inutilidad del villano (que si un tropiezo, que si lo devoran sus propios súbditos… un poco como en las películas de acción malas, en las que el héroe puede cargarse a doscientos esbirros para llegar al gran jefe, pero a este no puede hacerle daño, tiene que arrestarle, por su orgullo), porque esos son los valores que Disney quería inculcar: no importa lo mucho que te jodan la vida, hijo, tu haz siempre lo correcto, no hieras aunque te hieran y deja que un ser superior invisible solucione todo. Justicia divina. El ser superior se llama guionista, y no existe en la vida real.

Esto tiene que ver con videojuegos, sí. Ese medio bastardo capaz de coger cualquiera de las franquicias Disney para sacar un pellizco más de dinero con juegos de calidad cuestionable en la mayoría de los casos y directamente aberrantes en otros tantos, pero que son capaces también de pervertir por completo el código de honor Disney, derribar sus valores y tragarse su esencia para dejarnos claro una vez más que el videojuego no tiene escrúpulos, que no hay nada que no esté permitido o que quede fuera de su alcance demoledor. Que si hay que convertir a Mickey Mouse en un zombi comecerebros visceral porque es lo que está de moda, se hace. No hemos llegado a esos extremos aún (todo se andará), pero aquí tienen cinco ejemplos de cómo «lo Disney» busca resquicios a los que aferrarse en los videojuegos para así deshacerse de la imagen pulcra e inmaculada con la que los habían concebido.

Kingdom Hearts (PS2, Square-Enix. 2002)
Aquel choque de trenes que podía haber sido el encuentro de Disney con Square-Enix acabó resolviéndose con un juego sorprendentemente equilibrado en el cruce de sus respectivos manierismos estéticos, pero también en la mezcla de mecánicas roleras y de beat´em up. En su intento por complacer a los fans de ambas compañías, por Kingdom Hearts desfilaron enemigos clásicos de las dos casas, épica de garrafón, magias, ardillas y una homogenización de estilos que podría resumirse en la fórmula «zapatones por un lado y pelos locos por el otro». Aunque los personajes Disney nunca perdieran en demasía su aspecto familiar, y pese a que con los años nos hayamos acostumbrados a verlos rediseñados de esta guisa, lo cierto es que la squarificación de Donald, Goofy y Mickey pasó por cargarlos de mazas, cartucheras y armaduras para soltarles después a que repartieran dolor del bueno en escenarios random de La Sirenita. Que en algún momento del desarrollo los productores decidieran reemplazar las sierras mecánicas que originalmente llevaban los protagonistas por espadas camufladas de llave es lo único que impide que hayamos dedicado a Kingdom Hearts este listado de Disney’s perversos en exclusiva.

Muy mal, Nomura. Dentro de que muy bien, Nomura.

 

Cars 2 (Nintendo DS, Firebrand Games. 2011)
Decididos a hacer una adaptación para portátiles realmente fiel al espíritu de Cars 2, Firebrand conjugó en un solo juego los acelerones frenéticos habituales en el género con elementos de infiltración propios de la parte de intrigas internacionales en las que enredan al pobre Mate. Achuchar en la recta para frenar en seco según entras en la curva y así coger impulso para encarar la rampa con mucho cuidado de no ser descubierto por los coches-centinela no se puede traducir en una mecánica precisamente ágil o intuitiva. Pero tampoco Cars 2 se parece a los juegos de conducción que ya te has pasado mil veces, y tiene narices que sea una licencia infantil la que venga a abrir las ventanas del género a ver si así se airea la cosa.

 

Disney universe (Wii, PS3, XBox 360, PC, Eurocom. 2011)
Puede que los parques Disney sean el destino-preferido-por-defecto para la chiquillada desde 1955, pero según Disney Universe cada animatronic y atracción que te encuentres en tus paseos estarán solo a falta de un oportuno cortocircuito para tratar de arrancarte el corazón del pecho. Entre piratas, cañonazos, robots enloquecidos y no nos extrañaría que el cadáver redivivo de un Walt Disney a medio congelar, Disney Universe ofrece una ración contundente de sana violencia insensata empaquetada con habilidad en forma de diversión en familia.

 

Epic Mickey (Wii. Junction Point Studios. 2010)
Mostrar amor por esa extraña utopía que suponen los parques Disneyland mientras que los convierte en el reflejo tenebroso de ellos mismos, contentar tanto a los que son incondicionales del ratón como a los que no les ha importado nunca lo más mínimo, abrir nuevas puertas no tan solo en el género de las plataformas sino en el planteamiento del videojuego como experiencia personal e intrasferible. Eso consigue Warren Spector (Junction Point al completo, en realidad, pero siempre que se pueda hay que mencionar al genio) con Epic Mickey; si le sumamos que en el mundo de Wasteland puedes borrar literalmente a personajes del escenario y privarles de su existencia, que el público con el que Disney trata normalmente se cagaría en los pantalones con el último tramo de juego, y que el final del mismo puede consistir en haberles destrozado la vida a unos cuantos dibujos animados, tenemos la perversión de códigos Disney (y aún asi no de su esencia) más deliciosa que uno puede echarse a la cara.

 

Tron 2.0 (PC, Xbox. Monolith Studios. 2003)
No es exactamente perverso, sino más bien inesperado que Disney decidiera aprovechar una franquicia prácticamente muerta para hilar una reflexión inteligente y, por encima de todo, interactiva, sobre la humanidad de lo sintético. Esta tardía secuela de Monolith (por suerte: así pudimos prescindir de las bajadas de pantalones coyunturales que convirtieron Tron: Evolution en una dolorosa experiencia) es un auténtico espectáculo para peceros y jugadores, con rifles que se denominan LOL y personajes que llevan su naturaleza en la extensión con la que se clasifican sus archivos. FPS de toda la vida en la que los toques roleros se convierten en odas al upgradeado computacional, y convertido hoy en juego de culto, lo cierto es que nadie le prestó demasiada atención en su día. No es de extrañar demasiado: de una secuela Disney nadie esperaba un juego con tanta clase.

1 opinión en “Prostituyendo al ratón – Cinco juegos Disney perversos”

  1. Tengo que confesar que no siempre ha hecho falta un matiz oscuro en los juegos Disney para llevarme al huerto. El Castle of Ilusion de Game Gear me robó muchas más horas que Epic Mickey o Kingdom Hearts (quizás si hubieran incluido esa sierra mecánica a lo Sam Raimi…)

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