Primer contacto con PS Vita (Parte II: Vita y el mundo)

Si ayer hablaba de algo tan certero como el hardware, hoy toca opinar un poco sobre estrategia y funcionamiento. Si imaginamos una discronía en la que el mercado siguiese los cánones de hace cinco años, Vita arrasaría. Ya dijimos que es un maquinón, capaz de ofrecer gráficos y posibilidades que ningún otro dispositivo portátil puede generar, pero tiene dos problemas de percepción: uno habitual de los productos Sony y el otro dado por la realidad.

Vita viene sin memoria interna para el usuario. Es una decisión que abarata el coste del producto pero pone en un brete al usuario que tiene que añadir el precio de una tarjeta de memoria a la compra básica. Nada nuevo: recuerden cuántas consolas de sobremesa venían con todos los cables y el segundo controlador de serie. No lo recuerden: no existen. Y, en teoría, podríamos decir que no hace falta una tarjeta extra: los juegos «de tienda», presentados en unas tarjetas llamadas NVG (hasta aquí ningún problema con que sean propietarias), traen su propia memoria interna para guardar partidas y demás -un 5-10% del espacio-.  Pero queremos lo digital. El mundo actual de los smartphones y las tabletas es digital. Joder, hasta Steve Ballmer, en la presentación del CES de Las Vegas, dijo que Windows tendría su propia tienda online, que el negocio del software en caja está muerto. Si una empresa con el tamaño y las reacciones de un mastodonte dice eso, es que es verdad desde mucho antes de que lo declaren.

Sin embargo, tanto Sony como Nintendo están cogidas por los huevos por parte de las grandes cadenas de tiendas de videojuegos. PSP Go, que era una máquina encomiable y puramente digital y un poco cara, se comió un boicot encubierto de los vendedores, que sacan la pasta vendiendo juegos. GameStop, por ejemplo, se lleva más panoja con el mercado de segunda mano que con el de primera, no sé si se imaginan por qué la idea de una consola exclusivamente digital les puso de uñas. Así que tanto 3DS como Vita tienen que sacar juegos físicos, en tarjetas, con un coste de producción, otro de distribución, y la tajada de las tiendas: juegos a cuarenta pavos en tiempos de las apps a bajo precio (que las habrá, esperen un buen mercado de juegos siguiendo la senda de los Minis de PSP y los títulos de la store de PSN), como bien me señalaban hoy los compañeros de El Píxel Ilustre Bruno y Andrés. No pasa nada: desde Sony nos aseguraron ayer que los juegos en tienda estarán también en descarga desde el primer día. Aunque, «de momento», a precios parecidos. Quédense con el «de momento». Todo son sonrisas, pero en tres años veremos los cuchillos entre tiendas y fabricantes.

La decisión que si agrava las cosas es la de que las tarjetas de memoria para juegos digitales y descargas sean otra vez propietarias de Sony. En serio: Betamax, MiniDisc, UMD, la línea de Memory Stick… No escarmientan con lo propietario. Y da igual que sea el mejor formato (en el caso del MiniDisc bordeaba la lujuria), pero es meterle el dedo en el ojo al usuario: entre ordenadores, cámara de fotos, smartphones y demás, ahora mismo tengo como unas seis o siete Micro SD, alguna de ellas con sus buenos gigas. Están tiradas de precio, se venden en todas partes porque todo el mundo las fabrica y me sirven para todos los aparatos. ¿Todos? No, Sony ha sacado su propio formato de SD, que sólo valdrá para sus cacharros y que tendrá el mismo uso final que tienen las Memory Stick: sólo van de mi  PSP a mi Vaio y vuelta, y porque Vaio es de Sony y tiene ranura para ellas.

¿La consola es cara? Joder, es una pasta, sí, ¿pero cara? ¿O es que no vendrá pagada por un contrato abusivo con una operadora, amigos? El acuerdo del modelo 3G con Vodafone -a nivel europeo- incluirá un vale para bajarse gratis Wipeout 2048, pero qué quieren: es una operadora, una consola para ellos debe ser una especie de insecto amazónico, exótico y potencialmente peligroso. Por mi mejor, tampoco me cambiaría de contrato por una consola con permanencia. ¿Pero saben cuánto vale un terminal libre? No, casi no lo sabemos. Estamos acostumbrados a las permanencias, los puntos y las cosas, e ignoramos que uno de esos cacharritos blancos tan it cuestan 650 euros.  Las fabricantes de consola tienen la costumbre de vender los cacharros a pérdida o escaso margen y recuperar luego con los juegos y los costes de licencias a los estudios. Dudo que Vita, con la cacharrada que lleva dentro (la CPU y la GPU de un iPad 2 con el doble de núcleos cada una, por hablar de lo esencial) le dé dinero a Sony. La pregunta, como ya pasó con PS3, es si no perderán demasiado al vender cada consola. O que el mundo esté preparado o no para pagar 249/299 euros por un cacharro aparentemente de jugar.


La imagen es de hace un año, pero lo esencial del LiveArea está ahí.

El último problema es, este sí, fácilmente subsanable: la interfaz. El LiveArea tiene tantas pegas como aplicaciones lleve, desde mi punto de vista: cada juego, función, lo que sea, etcétera es su propia burbujita y sólo puede ejecutarse desde su propia burbujita. No pueden agruparse ni desplegarse ni nada que no sea ordenar su disposición, y la única manera de modificar una es borrarla entera. Es decir, es un retorno a los escritorios viejos plagados de iconos, que aquí obligan a recorrer pantallas y pantallas de burbujitas. No es que sea inútil, pero lo será en cuanto tengamos un poco de catálogo. Pero vamos, si Gmail y Facebook acostumbran a los usuarios al cambio de interfaz obligatorio, no creo que haya mucho drama en cuanto se den cuenta de que así no.

Porque Vita está pensada, como todas las consolas, a largo plazo. Hasta ahora, por ejemplo, no se sabe cuáles serán las multifunciones del puerto ídem. Todavía no sabemos cómo se jugará en remoto, hasta dónde llegará la muy deseada conexión con PS3, las posibilidades de Near -una de esas cosas para que la consola sea social, ya saben: todo tiene que ser social ahora que estamos 20 horas al día pegados a pantallas-, blablablá. Miren, Xbox 360 ha cambiado de interfaz más veces que yo de sábanas desde que existe. Y cada vez ha sido para hacer cosas que antes no se podían hacer pero la máquina tenía en potencia. Ayer cayeron rumores sobre salida de vídeo por cable, algo que hasta hoy se niega en los FAQ -y que sólo con el Bluetooth 2.1 y la Wi-Fi n que incorporan los dos modelos no sería necesaria, si contamos con el router adecuado- . También la confirmación de que, aparte de la tienda de juegos baraticos indis habrá una de aplicaciones -cosa que me llama, por lo que les decía ayer del cacharro-. Etcétera. Dentro de tres años, las burbujitas serán como las pestañas de 360, un recuerdo.

Acabo con otra profecía: es posible que no haya PlayStation 4 hasta dentro de un par de años. Verán, uno de nosotros estuvo hace poco en un estudio donde probaban el desarrollo de Vita y PS3 al mismo tiempo. Uno de los cebos que se les ha ofrecido para que inunden la máquina de títulos y no tenga la sequía que diferencia a una consola viva de una muerta es desarrollo parejo: por prácticamente el mismo coste, tienes el mismo título en dos máquinas. Si mañana llegan y anuncian PS4 para estas navidades (ni de coña) o las de 2013 (improbable, pero menos), Vita puede darse por muerta si no ha conseguido una buena masa de usuarios para entonces. Darle dos añitos a los estudios para que llenen la tienda de PSN de títulicos para ambas máquinas parece lo más razonable. Personalmente, la idea de compartir juegos entre ambas máquinas me parece esencial para el desembolso que me piden. Y lo digo mirándote a ti, Disgaea.

2 opiniones en “Primer contacto con PS Vita (Parte II: Vita y el mundo)”

  1. Muy rico el resumen de la situación. La predicción sobre una futura salida de PS4 y la convivencia entre PS3 y PS Vita es de lo más sensato que he leído después de haber visto por muchos sitios gritos de fans histéricos pidiendo cambio de plataformas ya. En cuanto a lo del precio, para lo que lleva PS Vita dentro, está claro que no es cara. La gente no se para a mirar lo que les cuesta un esmarfon, pero con los contratos de permanencian pagan esos 650 euros. De sobra.

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