Concursazo de «Catherine»: regalamos videojuegos, bandas sonoras y libritos de arte

Qué gran invento el de los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos: te dejan total libertad para hacer un texto introductorio que consista en explicar el gran invento que son los títulos autoexplicativos.

Si no tienen ganas de probar Catherine después de la fabulosa crítica que realizo Herasmus ayer comprueben que su corazón late, que no tienen un hueco enorme en su lugar. Nosotros les dificultamos la tarea de hacerse con él y, en lugar de obligarles a que vayan a una tienda y desembolsen sus cuartos, les pedimos, muy educadamente, que escriban y nos cuenten su vida a cambio de la posibilidad de conseguirlo. Nos parece justo.

El ¿Qué? primero: los premios. Tenemos, como caídas del cielo, tres copias del título en su versión Xbox 360. Tenemos, como recién despertados de una pesadilla, cinco paquetitos (muy rosas, muy Catherine, muy Mondo Píxel) con la banda sonora/libro de arte. Tenemos, en resumen, cinco regalos para repartir entre los carneros participantes:Catherine Xbox 360 + BSO + artbook y 2 BSO + artbook.

Lo que tienen que contarnos, en los comentarios de esta entrada (¡Asegúrense de poner un e-mail válido!), es su experiencia más extrema respecto a videojuegos y pareja. En conjunción: videojuegos y sexo, videojuegos y amoríos, videojuegos y exparejas malvadas. Cualquier cosa que se les ocurra que ponga ambos temas en común, cara a cara, y narre algo de interés. De interés para nosotros, el jurado. Tendremos en cuenta el estilo y la forma, pero sobre todo lo miserable de esas historias, lo absurdo, lo excesivo, la épica… ya deberían saber las cosas que nos gustan.

No está prohibido mentir. O bueno, sí, lo está: intenten que les creamos si no quieren ser descalificados.

Esperamos que sean ustedes muchos (¡Mínimo cinco!), y les amamos, pero no vamos a querer pasarnos todo el mes de marzo leyendo historias de cabezas partidas y corazones rotos, no van a querer ustedes, mejor dicho, esperar tanto a la resolución del concurso, así que la extensión máxima de estas mini historias será de 2000 caracteres. Pueden enviar tantas historias pochas como quieran; de contenido diferente, claro.

Tienen hasta el 5 de marzo (hasta el domingo 4 a las 23:59, en realidad, si quieren rigurosidad) para darle a la sesera y comentarnos en esta entrada sus historias de infidelidad, sus noches pegados al joystick, su pérdida de la razón debido a esa eterna disonancia cognitiva existente entre los videojuegos y la pareja. El día cinco cerramos comentarios, se acaba el mundo, y en unos días les decimos los resultados: los tres mejores textos se llevan el megacombo juego-bandasonora-librodearte, los otros dos textos no tan buenos (o no tan malos) se llevan lo mismo pero sin el juego; se quedan a medias. Al resto de no ganadores les daremos las gracias, pero eso será más adelante.

¿Todo claro? ¡Pues a darle al teclado!

19 opiniones en “Concursazo de «Catherine»: regalamos videojuegos, bandas sonoras y libritos de arte”

  1. Sabado noche, noche fria; el tercer día, del tercer mes del año que la conocí y aún seguía todo como el primer día. Todo iba muy deprisa aunque yo no era eyaculador precoz, y su cara nunca mentía cuando se corría. Blanco se quedo su rostro cuando vió un juego nuevo en mi estantería «Catherine». ¿Jugamos? No tardo nada en enamorarse de los videojuegos y ahora siempre que compro un videojuego pago un 50% menos ¿Chollo? No lo creo. Ahora no follo ni la meto en caliente. Lo más parecido que toco a sus pezones son los botones del mando de la play. Y ahora estando donde estamos, ¿Preferis a Catherine o a Katherine? ¿Los videojuegos o el sexo? Yo aun no lo tengo claro aunque ya me he follado a todas sus amigas.

  2. De esto que estás jugando con una folla-hamija, también gamer, y de repente empieza a meterte mano. Tú sigues con tus menesteres, reventando cabecicas y matando enemigos on-láin de formas tan absurdas como épicas.

    Al pronto notas cómo la susodicha no sólo te mete mano, sino que poco a poco empieza a hacerte una gayolaca. Y tú también progresivamente vas prestándole menos atención al jueguecito de las narices y más al asunto sepsuarl.

    Hasta que la muy zorrupia decide lanzar un ataque termonuclear completo contra tus defensas; baja al pilón, y comienza a hacerte la madre de todas las mamadas. Tú ya a estas alturas has dejado el pad sobre el sofá pero sin quitarte los cascos con micro, y te suda los cojones -literalmente- la partida que está en curso.

    Irrumatio aquí, irrumatio allá, fornícame, fornícame, un espejo de cristal, fustígame, fustígame. A lo tonto tontuno te dice con voz melosa eso de «córrete», y en menos de dos nanosegundos tú ya has descargado el tsunami de chele en su cavidad bucal. No sin haber estado gimiendo como un perro en celo durante todo el proceso felativo.

    Cuando ella se levanta y va a limpiarse, ves con horror y pavor cómo por avatares del destino, tenías el micro abierto. Eso explicaría, entre otras cosas, el silencio sepulcral que había en tu party de Xbox Live.

    Cuando la moza ya ha terminado de limpiarse, te mira con semblante serio, y te dice:

    -Ahora escucha…

    +¿El qué?

    -AHORA ESCUCHA LA HISTORIA DE MI VIDA, DE CÓMO MI VIDA CAMBIÓ MI MOVIDA, SIN COMERLO NI BEBERLO LLEGUÉ A SER EL CHULETA DE UN BARRIO LLAMADO BEL-AIR.

    Yo estaba atónito. ¡¡¡Joder, me la había chupado Will Smith!!!

  3. La ex-novia de un amigo, ejem, sí de un amigo puso una foto suya en una red social. Esa foto era una autofoto de ella con un triángulo, un círculo, una cruz y un cuadrado sobreimpresos en la cara. En el pie de foto ponía: «A ver si con ésto me haces más caso». ¡Indirecta antivideojueguil Jander Klander, maifrén!

  4. Anto todo, decir que me gustaría contaros una historia con una ex malvada que hubiera roto mi amada Dreamcast tras pillarme durante mis frecuentes prácticas masturbatorias ante la motivadora portada de Resident Evil: Code Veronica, pero creo que no os la tomaríais demasiado en serio. Para esos menesteres hay portadas mejores, la de Shenmue sin ir más lejos. Así que os contaré la historia de cómo la Xbox original, la tocha, la que creía sucesora espiritual de la sobremesa de SEGA llegó, no a mi casa, sino a la de mis suegros.

    Viernes, 15 de Marzo de 2002, si no recuerdo mal la fecha. Un joven yo que se acababa de incorporar a la vida laboral llevaba meses leyendo las bondades de un juego llamado Halo. Unido a sus deseos de probar el nuevo Oddworld y un por venir Jet Set Radio Future, convenció a su jóven novia para acercarse al centro a comprar la consola de Microsoft. El acompañarme a tan poco romántico menester me costó una cena y unas buenas agujetas, porque me dejé todos los ahorros en la máquina y tuvimos que volver en Metro. ¡En Metro cargando con una Xbox negra!

    El caso es que para probar Halo tenía dos opciones. La primera, tomarme un myolastan para dormirme rápido y que llegase lo antes posible el día siguiente; y la segunda, conseguir que mi novia se durmiera cuando estuviéramos en su casa viendo una película. Por suerte no hubo que recurrir a drogas hipnotrópicas ni a otras artimañas para que se quedara dormida: el alcohol es un gran amigo en todas las circunstancias.

    Así que mientras ella dormía a pierna suelta sobre el sofá, yo me embarqué en la labor de conectar la Xbox y disfrutar de mis primeras horas con Halo. Mi suegra, a las cinco de la mañana, me aconsejó que ya era hora de que recogiera y me fuera a mi casa de una vez. Eso sí, siempre quedara grabada en mi memoria esa primera imagen de un joven yo haciéndole el amor a Halo en casa de mis suegros.

  5. Le regalé el Wii-fit a mi novia al poco tiempo de irnos a vivir juntos. Le iba el yoga, así era ella: espiritualidad de Nintendo. Me iba a currar todos los días mientras ella se quedaba dándole al yoga. «No, no voy a clase, estoy deprimida, necesito saludar al sol».

    Un día, cuando ya sospechaba que había algo mal o alguien más, cabreado, me pongo el cacharro para hacer un poco de lo que fuera. Unos puñetazos, un algo. Al sacar la tabla veo unas huellas bien grandes. Más grandes que mis pies. Unas huellas que no coinciden con ninguno de mis pares de zapatos.

    El saludo al sol supongo que era hacer que los cuernos me llegaran al cielo. Lo que más me reventó es que el primero que sugirió que había que follar con el Wii Fit fui yo.

  6. Conocí a mi novia cursando estudios de doctorado.
    -«¿Y sobre qué quieres hacer la tesis?», preguntó ella.
    -«Algo de videojuegos», respondí.
    -«¡Buf! No me interesan nada los videojuegos».
    Con el paso del tiempo, comenzamos a salir, nos fuimos a vivir juntos a su piso compartido, y finalmente nos mudamos los dos solos. Durante todo ese proceso yo no dejé de intentar engancharla a algún juego. ¡A todo el mundo le gustan los videojuegos, joder!
    No había manera. Lo intenté con todos los géneros, con los mejores juegos…
    -«Es que me aburro y no me manejo bien con estos mandos».
    -«Es muy frustrante. Me encantaría que pudiéramos compartir esto, que es muy importante para mí (como ya sabes, porque a ello estoy dedicando mis estudios)»
    Finalmente, un día mientras ordenaba mis antiguos aparatejos, saqué el viejo ZX Spectrum. Esperando que siguiera en funcionamiento después de tantos años de exilio, cargué el Bruce Lee.
    -«¿Y esto qué es?» me preguntó ella.
    -«Un juego de plataformas muy antiguo».
    -«¿Y cómo se maneja esto?»
    Y ese fue el feliz comienzo de nuestra vida jueguil en común. Y después llegaron el Space Harrier, el Wario Ware…
    -«Cariño, tenemos que cenar, que es tarde»
    -«Un momento, que tengo que matar al dragón este»
    -«Pero es que mañana madrugamos y…».
    -«¡Que me dejes en paz!».
    -«Si, cariño…».
    ¡Mejor no molestarla cuando juega!

  7. El Jurado podrá declarar desiertos los premios si considera que los relatos presentados no alcanzan el nivel mínimo de calidad exigido. Ejem.

  8. Todo empezó un 16 de enero en la feria de los videojuegos de Madrid…Fuimos mi amigo Gui y yo,era la primera vez que asistíamos a una de estas y nos alojamos en un hotel de el centro.
    Estuvimos dando vueltas por los stands hasta que nos cruzamos con uno de final fantasy que anunciaba que iban a lanzar el nuevo Final fantasy Xii-2 y estuvimos comentando como ha triunfado esa saga desde que salió y comentando algunas frikiladas más cuando de repente una chica se metió en nuestra conversación.Se notaba que la chica entendía de el tema y decidimos ir a hacernos algo a un bar para continuar charlando.
    Después de pasarnos toda la tarde de cañas en el bar decidimos ir a cenar,ya que no teníamos nada mejor que hacer…
    Después de pasarnos la noche bebiendo y riéndonos decidimos acabar la fiesta en la habitación de el hotel….y lo más fuerte fue que la chica nos propuso hacer un trio,y como no, nosotros aceptamos.
    🙂

  9. A la muy zorra le gusta robar. También manipular al que se deje. Yo que no tengo personalidad soy el tipo perfecto para ella. Por lo general no pongo pegas ya que siempre me ofrece lo que necesito, sexo del bueno, muy bueno diría yo.

    Uno de esos días para satisfacer sus necesidades cleptómanas urdió un plan. Yo como un robot sólo tenía que seguir órdenes sin pensar. Llegamos a la tienda ella entró primero. Eran las tres y cuarenta, apróximadamente, la tienda estaba vacía. Se dirigió al dependiente mirándolo diréctamente a los ojos, giró hacia la puertecilla de entrada al mostrador.
    El chico no podía creer lo que pasaba, su cara estaba roja, los ojos muy abiertos, la boca también. Ella le acarició la entrepierna y él trato de arrastrarla al almacén. Pero ella se negó. Se produjo un momento de pausa de tensión. Pero el dependiente no tenía control en sus impulsos y, como es normal, cedió a los impulsos de ella.
    Se lo llevó fuera de la tienda. El chico debió pensar que si perdía tiempo cerrando la tienda perdería un polvo seguro. Y trato de justificarse pensando que a esa hora no iba nadie.

    En definitiva dejó la tienda sola y yo sólo tuve que entrar y coger una PsVita con algunos juegos. Eso si el dependiente se llevó su polvo. Lo que ya no se es como explicaría la perdida de más de 400 euros o si directamente lo puso de su bolsillo.

  10. Cuando iba al instituto encontré el sueño de todo gamer (dios como odio la palabra gamer) Una chica a la que le gustaban los videojuegos los cómic y las películas sin ser un monstruo granudo disfrazado de sailor moon, de hecho era hasta mona.
    No tardé en enamorarme de ella i en convertirme en uno de sus mejores amigos,
    pasábamos los recreos discutiendo las metáforas de silent hill, sobre que coño quería decir Kojima con mgs2 y las mejores escenas de battle royale.

    Un día me invitó a su casa después del instituto ¡Encima de molar estaba forrada! Pasamos el rato jugando a la ps2 i a la gamecube en su cuarto i en un momento dado se fue al lavabo.
    Mientras estaba fuera me dediqué al que era mi otro vicio por aquel tiempo, robar (pasaba muchas horas en la calle con gente asquerosa) Sin pensar en nada, cegado por sus bienes materiales robé su gameboy advance i 4 o 5 juegos. Después volvió, jugamos un rato mas i me marché a mi casa a disfrutar mi nueva consola.

    Nunca me dijo nada al respecto, de hecho nunca más me hablo. Aún tengo la gameboy advance encima de mi mesita de noche recordándome la estupidez más grande que jamás he hecho. No hay día que no piense en lo que podría haber sido si no me hubiera dominado la avaricia y aún de vez en cuando vuelvo a su casa en sueños i dejo la consola en su casa o vuelvo a ser su amigo. Que puta mierda joder, que asco que doy…

    Pero por otro lado, creo que me durará más la gameboy que lo que me hubiera durado ella.

    PD. Nunca más he robado nada, salvo cubatas en las discotecas donde ahogo mis penas.

  11. «Es de noche y está lloviendo a cántaros. Tras salir del cine llevas dos horas en la parada del bus con tu novia, quien empieza a preguntarse qué hace saliendo con alguien que no tiene coche. Miras hacia el fondo de la calle y no hay señal del autobús; la lluvia se intensifica; a lo lejos se escucha el aullido de un lobo. Pasa el tiempo pero no el bus. Para matar el aburrimiento decides jugar al recién salido Gunstar Super Heroes, por lo que sacas tu laptop y ejecutas el Visual Boy Advance, mientras tu novia te mira con reproche por no hacerle hueco bajo el paraguas. Francamente, ha sido una mala compañera de espera, intentando entablar conversación mientras jugabas y distrayéndote cuando querías esperar el autobús en silencio. Han pasado ya ocho horas (dramatización) y tu novia se prepara para la madre de todas las peleas, lista para reprocharte el efecto invernadero y la guerra en Iraq, pero entonces llega el bus. Ella salta de alegría e intenta abrazarte, todas las ofensas perdonadas, pero la manera en que dijo “egoísta” cuando le negaste el uso de tu móvil para llamar a los servicios de rescate (exageración rodada en circuito cerrado) todavía arde en tus oídos. Te das cuenta de que te sería intolerable compartir el bus con ella, así que subes rápido y le das una patada en el bajo vientre cuando intenta entrar. Pero el tiro te sale por la culata, porque inmediatamente llega otro autobús.

    Y tras ese autobús llegan dos más.

    Típico. Esperas ocho horas por un mísero autobús y llegan cuatro de golpe. ¿Cómo es posible? ¿Dónde estaban esos autobuses cuando los necesitabas? En verdad no importa. Lo que ocurre es que siempre me ha hecho ilusión tener pechos. Mis fans dirán que ya tengo tetas. Sí, algunos gordos tienen tanta grasa en el pecho que tienen que usar sujetador. Pero por mucho que diga ‘no’ cuando mi novia me pregunta si he visto su wonderbra nunca sentiré la deliciosa sensación de tener un bebé lactando de mi pecho, nutriéndose mientras me mira con amor incondicional. Y esto es algo tan triste que a veces lloro en la soledad de mi habitación.»

    No terminaré aclarando que estáis frente a una analogía, y que el relato está intrínsecamente relacionada con Catherine y esta apetitosa página. De hecho, ningún lector de Mondo Pixel tiene novia.

  12. Lo he corregido porque hoygan las i en vez de y duelen a los ojos y al orgullo (supongo que habrán adivinado de que autonomía soy..)

    Cuando iba al instituto encontré el sueño de todo gamer (dios como odio la palabra gamer) Una chica a la que le gustaban los videojuegos los cómic y las películas sin ser un monstruo granudo disfrazado de sailor moon, de hecho era hasta mona.
    No tardé en enamorarme de ella y en convertirme en uno de sus mejores amigos,
    pasábamos los recreos discutiendo las metáforas de silent hill, sobre que coño quería decir Kojima con mgs2 y las mejores escenas de battle royale.
    Un día me invitó a su casa después del instituto ¡Encima de molar estaba forrada! Pasamos el rato jugando a la ps2 y a la gamecube en su cuarto i en un momento dado se fue al lavabo.
    Mientras estaba fuera me dediqué al que era mi otro vicio por aquel tiempo, robar (pasaba muchas horas en la calle con gente asquerosa) Sin pensar en nada, cegado por sus bienes materiales robé su gameboy advance y 4 o 5 juegos. Después volvió, jugamos un rato mas i me marché a mi casa a disfrutar mi nueva consola.
    Nunca me dijo nada al respecto, de hecho nunca más me hablo. Aún tengo la gameboy advance encima de mi mesita de noche recordándome la estupidez más grande que jamás he hecho. No hay día que no piense en lo que podría haber sido si no me hubiera dominado la avaricia y aún de vez en cuando vuelvo a su casa en sueños y dejo la consola en un cajón y vuelvo a ser su amigo. Que puta mierda joder, que asco que doy…
    Pero por otro lado, creo que me durará más la gameboy que lo que me hubiera durado ella.
    PD. Nunca más he robado nada, salvo cubatas en las discotecas donde ahogo mis penas.

  13. A mi ex la conocí en las Tierras Altas de Arathi (Azeroth)

    Gracias Blizzard…

    A ella (Troll chamán) le estaban dando jabón lo que, con toda probabilidad, eran unos quinceañeros con déficit de atención familiar. Justo en ese momento pasábamos loleando mi grupo y yo y se pueden imaginar el resto.

    Dama salvada… check
    Confirmación de sexo femenino…. check
    Brutal tirada de tejos…. check

    Obviamente no sirvió de nada, pero hice colegas.

    Con el tiempo tuve que pasar por su ciudad por temas de trabajo y quedamos. Me ahorré hostal pero gané un par de años dolores de cabeza.

    Entremedias el nivel esperpéntico llegó al punto de que por las noches ‘raideábamos’ en un clan junto a su celoso y malvado (celoso, malvado e hijo de puta) ex novio (Tauren druida). Daría para muchas historias.

    En definitiva, que la chica era gamer. También le dábamos a otras cosas, Team Fortress, Gears of War, Call of Duty… A veces incluso follábamos.

    Todo iba de lujo hasta que empecé a darme cuenta que jugaba a casi todo mejor que yo. La mayor vejación que sufrí fue cuando, muriéndome yo de gripazo, se fue de raid con mi personaje (MI PROPIO PERSONAJE) y medidores en mano hizo el doble de DPS del que hacía yo.
    Hubo chistes, mofas. Perdí la poca dignidad que tenía.

    Varios meses después llegó el Game Over.

  14. – Vete a la puta mierda – dice ella.
    -No me había dado cuenta – le respondo.
    -¿Cómo es posible que no te hallas dado cuenta? – la forma en la que aprieta el mando anuncia una larga temporada de cleenex y xnxx.com – Pero si iba justo detrás de ti todo el rato.
    -Eso no es verdad, hace un momento estaba Peach – no me quedan muchas más posibilidades argumentativas.
    – ¿Peach? ¿Me estás confundiendo con una rubia? – grita.
    -No, cariño, pero desde que has perdido peso tu personaje ha encogido. Ahora eres muy pequeñita, casi como Toad, y no te he visto. Además, ya sabes que sólo me fijo en lo que hay delante. – mientras que improviso esta frase intento recordar mentalmente como se borraba el historial de navegación en el chrome.
    – ¿Entonces porqué has soltado el caparazón hacia atrás?
    – Pues para asegurarme.
    – ¿Asegurarte qué? ¿Qué me fuera de la pista, me chafara la zorra esa rubia que venía enorme y luego me cayera el caparazón azul? – estoy convencido que el mando clásico de la wii no sufrió tales presiones cuando lo pusieron a prueba en el centro secreto de Nintendo.
    – ¿Sabes cómo se llama eso? – la pregunta activa algo en su cabeza que rebaja la tensión – ser “mariokarteado”. Lo leí en microsiervos hace unos días. Es algo así como sufrir una serie de desgracias continuadas que te llevan de estar ganando una partida a perderla. Me hizo mucha gracia.
    – ¿Te estás riendo de mi? – veo como la tregua que había ganado con la pregunta anterior se desvanece.
    – No cariño, sólo quería compartir contigo una anécdota divertida.
    – ¿Cómo la de hacerme perder esta carrera?
    – Hombre, perder, perder. En todo momento iba yo primero – error, error monumental.
    – ¿Estás diciendo que eres mejor que yo? – el mando cruje entre sus manos.
    – Mejor no, que he tenido más suerte en la carrera. Además, como he salido en primera posición me ha sido más fácil conseguir cierta distancia con vosotros.
    – ¿Sabes lo que te digo? – el mando vuela hasta el otro sofá del comedor. – Que te jodan. Si tienes que utilizar esos sucios trucos para ganarme es que no eres tan buen jugador.
    – Cariño, no es por joder, pero sólo te he lanzado un caparazón, eso no es un truco sucio. Estamos jugando al Mario Kart ¿Qué querías que hiciera?
    – ¡Nada! ¡no quería que hicieras nada! – Se levanta del sofá y se va hacia el pasillo.- Pero te crees muy bueno sólo porque puedes ganarme en juegos estúpidos como este.
    – Claro que sí cariño – CTRL+H, seleccionar elementos del historial, borrar. – ¿Te vas a la habitación?
    – Sí, tú ven cuando quieras. – sale del comedor.
    – Pues ya veremos cuando es eso – me levanto del sofá, desconecto la wii, saco del armario mi vieja PSX y la conecto en la televsión – Bueno, Jill Valentine, aquí estoy de nuevo. Espero que esto no acabe como en el instituto. Ahora no estoy tan desesperado. Esperaremos hasta mañana ¿vale?

  15. ¿Conocéis el símil del sexo, el matrimonio y el bote de garbanzos?

    Cada vez que eches un polvo en tu vida de soltero mete un garbanzo en un bote de cristal. Cuando te cases, cada vez que consigas acostarte con tu mujer saca uno de los garbanzos que tiene ese bote.
    Habrás estado soltero 10 años, casado 60 y el bote seguirá a reventar de garbazos.
    Os pasará a todos, tú no eres especial y cuando te cases creerás que te hincharás a sexo y a disfrutar de las curvas de tu señora. MENTIRA. Es la realidad y hay que vivir con ella. Te casas y de la única manera con la que evitarás que te salgan telarañas en el nardo es tocando la zambomba con asiduidad. Siento haber sido tan claro, pero es mejor que os vayáis haciendo a la idea.

    Luego llega un día en el que llevas 15 años de abstinencia llamada matrimonio y compras ese videojuego que tanto esperabas, llegas a casa y te encuentras a la parienta más salida que el pico de una mesa y diciéndote abiertamente que quiere guerra. Sabes que como te la zumbes te va a tocar estar abrazándola toda la noche y no probarás el juego como poco hasta el día siguiente.

    Pues mi experiencia más extrema con los videojuegos y el sexo es cuando te haces el remolón, le digo a mi mujer que se acueste que iré más tarde a la cama porque me duele la cabeza y después de semejante mentira lo que hago es ponerte el God of War para ver a un sobreciclado Kratos dando mamporros y me prometo que en media hora iré a la habitación a ver si todavía queda un poco de fogosidad entre las sábanas y al final cuanto me quiero dar cuenta han pasado cuatro horas y lo único que me queda es un garbanzo más en el bote.

    Así que realmente no sé si quiero ganar un Catherine o no xDDD Bueno, os lo dejo a vuestra elección, porque realmente sí lo quiero xD

  16. No lo recuerdo todo con mucha claridad, esto no es arranque literario de mierda, es una simple anécdota sobre a una dependienta de centro comercial, unos 6 años mayor que yo, pelirroja, pecosa y de rasgos afilados.
    La cuestión es que al salir de clase por las tardes yo me acercaba a su tienda y nos poníamos a jugar a dobles a la Master system II, jugábamos al Psycho Fox por turnos, y discutíamos muy alto sobre quien jugaba mejor y palmaba menos.
    Poco a poco nos fuimos tomando ese juego delirante como algo personal, no se como empezó la costumbre pero normalmente terminábamos dándonos golpes cuando uno cometía un fallo, tortazos muy sonoros, de intensidad exponencial, recuerdo que a veces nos metíamos en un rincón donde no tenían cámaras y salíamos los dos muy rojos y moqueando, aún sabíamos poco del tema y yo no lo entendía entonces pero esas hostias de videojuego eran nuestro follar.

    Ella se paso el juego y no nos volvimos a hablar, 3 años después coincidimos en un campamento y comenzamos a salir, aunque no eramos virgenes nunca llegamos a follar, por mi cumpleaños me regalo una Amiga con el Titus The Fox.

    Aún pienso que era una indirecta.

  17. Esta no es una historia plagada de efluvios postcoitales ficticios, QTEs de entrada y salida o encuentros azarosos que tienen más en común con la sexualidad videojugable de Kratos que con la cruda realidad. Casi tiene más de catarsis romántica que de la épica suburbana que suele caracterizar las historias de faldas que recordamos en el bar.

    Sabe Dios que mi pareja no es perfecta, y aún menos perfecto soy yo, como bien podría haber dicho cualquiera de los yayos que se sentaban a jugar la brisca en La Bañeza, mientras yo me escaqueaba a jugar a Street Fighter II.
    Pero gracias a las imperfecciones que todos albergamos, las virtudes destacan aún más, y en el caso de mi novia son su infinita curiosidad por un mundo que desconocía y un apoyo incuestionable e inquebrantable a cualquiera de mis intereses e iniciativas.

    Porque ha sido gracias a ella por lo que me un día me enfrenté a una página en blanco, para juntar cuatro letras sobre cualquier cosa que me gustase y descubrí lo mucho que me gusta hablar de mis pasiones y vicios confesables. Gracias a su apoyo, he conocido a gente con la que he estado departiendo horas y horas sobre temas apasionantes y viviendo experiencias inolvidables.

    De todos los textos y comentarios que han salido de mi cabeza habrá buenos, regulares y malos aunque, para mí, es lo de menos. La página en blanco me ha dado tantas satisfacciones que no podría enumerarlas, y, en caso de poder hacerlo, no podría hacerles justicia solo con palabras.

    Antes, en un tiempo que parece tan lejano como otro continente, como otra vida, jugaba, leía y disfrutaba de una manera casi clandestina, como disculpándome por ser algo que podría chocar con las nociones que los demás albergaban sobre mí. Pero eso era antes.
    Antes de que llegase ella.

  18. Yo nunca había jugado al FIFA hasta entonces, pero un verano fui a ver a mi novia a su pueblo de Córdoba en pleno Agosto. Sus padres se habían ido a la playa una semana y ella debería estar no recuerdo dónde, así que no salíamos a la calle para que no nos vieran los vecinos y se lo contaran a sus padres cuando volviesen.

    Hacía un calor espantoso, pero para que no sospecharan cuando llegase la factura de la luz, no encendíamos el aire acondicionado y estábamos todo el día desnudos.  Tampoco subimos las persianas y vivíamos en perpetua penumbra.

    Pese a estar desnudos todo el día, sólo hicimos el amor una vez en toda esa semana. La misma tarde en la que llegué me propuso que jugáramos al FIFA 2000 en su antigua PlayStation. Al parecer, el gasto de luz era más fácil de disimular que el del aire acondicionado y algo teníamos que hacer para entretenernos.

    Yo era muy malo y me daba unas palizas tremendas. Ella siempre se pedía a Brasil y yo iba probando equipos, todos con resultados igual de catastróficos. Al principio lo aborrecía y teniendo a mi novia desnuda al lado, soltaba el mando a menudo para agarrar superficies más gratas a un joven enamorado, pero ella, impertérrita, insistía en que jugáramos.

    Al tercer o cuarto día ya no tenía más erecciones y sólo me interesaba meter gol. Seguía perdiendo, pero siempre con resultados ajustados. En el último partido que jugamos antes de que me marchase, por fin conseguí ganarla, en una prórroga.

    Después supe que más que la factura de la luz lo que intentaba disimular era que se había estado tirando a medio pueblo en mi ausencia, pero ya no me importaba. En una prórroga y con Raúl, había conseguido ganarla.

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