Top 5 – Alienígenas de los que todo el mundo se olvida cuando hacen tops de alienígenas

Las inteligencias artificiales y el mundo de los videojuegos van decididamente de la mano: no en vano, uno de los símbolos más extendidos y merecidamente populares del medio son los extraterrestres de Space Invaders. A lo largo de su historia, la amenaza o alianza extraterrestre ha fundamentado la mecánica, el ritmo y la estética de géneros completos, como los expresivamente llamados «matamarcianos». En los últimos años, la colisión con inteligencias de otros mundos ha dado pie a franquicias completas, desde Halo a Gears of War, cada cual con sus cadacualadas. Una de las más exitosas y celebradas, Mass Effect, estrena en breve su tercera entrega, lo que junto al lanzamiento del DLC de Saints Row Gangstas in Space, con abundantes guiños a todo lo marciano, son la excusa perfecta para recordar a unos cuantos extraterrestres que no han recibido toda la atención que merecen, en nuestra muy parcial pero indefectiblemente honesta opinión.

1. Crypto (Destroy All Humans!, 2005). Airado ejemplar de una raza de guerreros que han tenido que recurrir a la clonación tras quedar estériles (algo relacionado con armas nucleares defectuosas), Cryptosporidium 137 es el quintaesencial alien de la serie B cincuentera: gris, cabezón, ridículo. La primera entrega de la serie Destroy All Humans! combinaba una mecánica descacharrante —sonda anal y jet pack: ¡tremendo combo!— con un arsenal casi enciclopédico de guiños al género y un sentido del humor afinadísimo (ese gobierno atribuyendo a los comunistas la destrucción que causa el jugador…). Las secuelas no lograron repetir la magia, pero Crypto siguió siendo nuestro alienígena que habla como Jack Nicholson preferido.

 

2. Orbb (Quake III: Arena, 1999). Desde The Residents hasta Sauron, pasando por las esculturas de Tony Tasset o los primeros planos de Zooey Deschanel en El Incidente, aquí siempre hemos sido muy fans del concepto «Ojos como Platos». Muy agradecidos, pues, a los responsables de la tercera entrega de Quake, que decidieron introducir un personaje de relleno tan arrebatadoramente simple como Orbb, el ojo con patas. Al parecer, tenía una razón de ser: los seres superiores que tocasen (en este caso, llamados Vadrigar) crearon una raza de engendros para monitorizar sus combates intergalácticos. Uno de ellos evolucionó y decidió que quería participar. Le pusieron una pistola. Y aprendió a dispararla. De alguna manera.

 

3. Necromorfos (Dead Space, 2008): Hay algo en el origen necromórfico, la devastadora raza espacial que pudre todo lo que se encuentra a su paso, que no termina de estar claro y que nos encanta. Es ese toque lovecraftniano que circula alrededor del monolito que se encuentra la estación espacial Ishimura que nos habla, entre líneas, de tiempos remotos y de cosmos que se parten en dos para dejar pasar horrores que llevan roncando desde hace eones. Una avanzadilla de este Horror Puro (o quizás no) son los Necromorfos, que hacen mutar a vivos y muertos, y a los que solo se puede detener reduciendo a pulpa sus extremidades para que, al menos, no se meneen. Por lo que sabemos, convierten en un receptáculo de histeria desencadenada y muerte a gran escala todo aquel sitio al que se acercan, y por eso nos gusta Dead Space, porque manejar semejante concepto en un juego que esencialmente es una variante de «coge la motosierra y mata» va muy con nosotros.

 

4. Akrids (Lost Planet, 2006): Una de las primeras ocasiones en las que la actual generación de consolas usó toda su potencia técnica para mostrar alienígenas más grandes que un coloso mitológico griego (por ejemplo) fue con Lost Planet, la chifladura helada de Capcom en la que los alienígenas insectoides que habitaban el planeta EDN III, los Akrid, hacían todo lo posible por sacudirse de encima a los auténticos bichos que pululaban por la superficie: los humanos. Sacando a pasear todo el catálogo de fobias a los insectos que puede tener el jugador (de los ciempiés a las cucarachas, pasando por las mantis religiosas), los Akrid se despliegan ante el jugador para que este vacíe cientos, miles, millones de proyectiles sobre sus corazas. Menuda suerte que sus puntos débiles, el calor que atesoran en su interior, brillen como focos de discoteca, ¿eh?

 

5. Meta Knight (Smash Bros Brawl, 2008): Extraterrestres dulzones que venís a la Tierra para haceros amigos de un niño, pesadillas lovecraftianas con ganas de meter en cintura a tanto hippie sediento de encuentros en la tercera fase, debería avergonzaros que sea precisamente un secundario de la serie Kirby quien muestre una vía intermedia que vaya sobrada de lo uno sin que le llegue a faltar de lo otro. Concebido en Kirby´s adventure como el reflejo agresivo y alienígena del protagonista (como si Kirby pudiera ser algo que se criase en este planeta), a lo largo de los años  se ha hecho un esfuerzo constante por subrayar el carácter violento y malhumorado de Meta Knight sin que al final llegue nunca la sangre al río. Al fin y al cabo, y por mucho casco y cuchillo que le pongas, un moco morado enfadica se va a acabar pareciendo siempre a un moco rosa glotón.

O así era hasta que en 2008  el lanzamiento de Smash Bros Brawl puso las cosas en sus sitio: implacables ataques aéreos, infinidad de combos y un devastador golpe especial convertieron a Meta Knight en el personaje con quien más y más humillantes victorias se han logrado en torneos oficiales. Tanta contundencia ha acabado por levantar la ceja de muchos que ahora ponen en duda el hasta hace poco indiscutido equilibrio de los personajes de Smash Bros, y es natural, pero tampoco puede sorprenderse nadie cuando la misma Nintendo lleva casi veinte años diciendo que detrás de esa máscara ridícula y ese cuerpo de gominola hay una capacidad para repartir dolor que… bueno, sencillamente no puede ser de este mundo.

 

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