«Rhythm Thief y el misterio del emperador» – Crítica

Rhythm Thief y el misterio del emperador
SEGA
Nintendo 3DS

Desde siempre me han gustado las películas musicales, y como disfruto muchísimo de las conversaciones difíciles que se resuelven con coreografías imposibles, de los números finales y (qué coño) del despliegue injustificado de lentejuelas y esmóquines, me sorprendo de la cantidad de veces que me encuentro con gente a la que le aburren, o que incluso echa de menos argumentos trabados, desarrollo en los personajes… realismo en escenas donde un desfile de majorettes y un coro de piratas pueden acompañar a la declaración de amor sin que los protagonistas tuerzan el gesto por la sorpresa. Es muy difícil explicar esto sin parecer condescendiente, pero al final es todo cuestión de lenguajes. Parece de cajón que hay géneros donde trama y contexto no son más que excusas para llevar la acción del punto A al punto B, y que en el musical en concreto la progresión de los actos se tiene que notar antes que nada en la escala de los números; la interpretación no pasa por la capacidad del actor para poner morritos sino en su talento para el meneo coordinado. La coherencia narrativa (cuando la haya) será un añadido agradable, nunca una necesidad. Jamás un obstáculo.

Rhythm Thief recoge pruebas rítmicas de los mejores títulos del ramo. A lo largo de sus casi siete horas de duración desfilan por la pantalla mecánicas familiares de Ouendan o Space Channel 5, junto con alguna otra de nuevo cuño pero igual eficacia y progresiva dificultad. Controles táctiles, giroscopios, botones… cada recurso de la 3DS se aprovecha en un momento u otro, siempre de manera ingeniosa por muy visto que parezca estar el minijuego, siempre con algún aliciente inesperado. Al margen del pique de rigor para mejorar puntuaciones, cada prueba volverá en distintos momentos con la dificultad ajustada para que nadie piense que los niveles finales son la versión recalentada de los del principio con nuevos fondos en las animaciones. Cuando la partida termina, el jugador se queda con la sensación de haberse medido con un título variado y exigente, lo bastante imaginativo como para darte de vez en cuando otra taza de lo que ya has jugado sin que nunca parezca más de lo mismo.

http://www.youtube.com/watch?v=Y8n7WQIXQDs
La cima de la historia del cine.

Pero alguien debió pensar que hacer solo un excelente juego rítmico era poco cosa, así que las pruebas de Rhythm Thief se integran en una trama llena de giros dramáticos, soponcios, anagnórisis, paternidades descabelladas y un resucitado Napoleón sembrando el caos en París junto a su ejército de soldados zombies medievales (sic). Y ya puestos a meterle argumento que se aprenda alguna cosa de paso, así que la trama se hila a través de mecánicas de aventura gráfica para que, entre meneos de stylus y búsquedas de objetos, el jugador infantil se entere de cómo se llega al Louvre desde Montparnasse, quién era Luis XVI o el origen secreto de las magdalenas.


La cima de la historia del teatro.

Al final el argumento acaba por hacerse simpático a fuerza de disparatado, y se nota el esfuerzo por parte de SEGA por casar el desarrollo dramático con la mecánica de algunos minijuegos, especialmente en los momentos de infiltración y combate. Menos maña se han dado en la búsqueda de objetos coleccionables, escondidos al buen tuntún, y  menos todavía en la resolución de puzzles, todos del género folio-partido-en-dos. Pero independientemente de lo logrados que estén, el problema con estos postizos es que se plantean como refuerzos sobre los que sostener la parte rítmica y al final entre unos y otros solo consiguen encorsetarla, nunca darle lustre. Muy pronto la aventura se convierte en un peaje entre las pruebas musicales, la exploración en un obstáculo antes de desbloquear el siguiente nivel de dificultad. Es bastante irónico que, intentando trabar unos minijuegos que pedían a gritos mecánicas ágiles e inmediatez, cuando ya estaba hecho lo gordo, hayan conseguido asfixiar el ritmo a fuerza de empujar con embudo aquello que como mucho es accesorio.

http://www.youtube.com/watch?v=eZCjsOjNLms
Rhythm Thief homenajea la cima de los juegos musicales.

Cuando le dejan, Rhythm Thief es un título ingenioso que conoce su género y no tiene miedo de encaramarse sobre alguna vaca sagrada si se presta la ocasión. Sin embargo, la experiencia de juego solo puede ser agridulce cuando uno pasa más tiempo corriendo de prueba en prueba que jugándolas como Dios manda, cuando lo mejor que se puede decir de todo lo que rodea a su núcleo musical es que, con un poco de suerte, no estorba demasiado (aunque a menudo lo hace). Rhythm Thief es un juego que necesita justificar tanto sus aciertos que acaba empantanado en la mediocridad, pero si algo bueno tiene esta convivencia sacrílega de lo rítmico con lo banal es que deja muy claro para el futuro qué es lo que funciona en el género musical. Precisión, tempo y despliegue de recursos que imiten en lo posible el caderazo contundente: bien.  Todo apoyo extra que redunde en lo esencial será además agradecido, pero tampoco tanto como para que se le pueda echar de menos si en algún momento llega a faltar.

2 opiniones en “«Rhythm Thief y el misterio del emperador» – Crítica”

  1. Buen artículo. El juego parece bastante interesante pero jugué a la demo y, para variar, los minijuegos rítmicos (el del jefe) se me atragantan siempre.

    Lo mismo me pasa con el Elite Beat Agents, me encanta pero me puede, no soy capaz de ir más allá del nivel normal de dificultad 🙁

  2. Puedes comprar ventajas para superar los minijuegos si recolectas monedas del escenario, y la verdad es que hay momentos en que la tantación es fuerte, pero merece la pena agarrarse los machos y scarlos a fuerza de reiniciar.

    Ahora, Rhythm thief es el típico juego donde se empieza peleando por mejorar las puntuaciones y se termina luchando con uñas y dientes por la supervivencia. La curva de dificultad es impecable, eso sí. Como en Elite beat agents 🙂

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