Lo que me enseñó Topo

Topo cumple 25 años y lo festeja en Dimensión Topo con una web muy cuca aunque en la pestaña del navegador ponga DimesionTopo y la mayoría de los enlaces no vayan a ninguna parte. Lo importante es que los responsables de los clásicos originales de nuestra Edad de Oro permiten jugar a clásicos emulados en la misma web. Clásicos como Mad Mix Game, Butragueño o Spirits, entre otros, en sus versiones de Spectrum o Amstrad, porque los sufridos usuarios de Commodore nunca recibimos mucha atención de las compañías patrias (aunque Topo no llegó a los niveles de desaire de Opera, que eso sí que era para arrancarse los pelos de los huevos a dentelladas). (Menos mal que aún no teníamos pelos en los huevos).

El caso es que la revisión de clásicos como Mad Mix Game nos manda no solo a los ochenta de un puntapié, sino que ejemplifica por qué la Edad de Oro del Soft Español, aunque era un oro un poco chuchurrío, es nuestro oro y bien que nos gusta: el juego es un plagio simpático pero (esto es lo importante) extremadamente jugable de Pac-Man. Es un plagio tan extremo que podría pasar perfectamente por una secuela oficial, y esa desvergüenza que tan bien conocemos en nuestro país le da carácter y energía: eres una bola amarilla y tienes que comerte unos puntos por un laberinto huyendo de unos fantasmas. Claro que sí, con dos cojones. Los juegos de boxeo que se llamaban Rocky porque ellos lo valían, las carátulas de Azpiri que guiñaban el ojo a películas muy específicas, los juegos de deportes que siempre eran idénticos a un juego que aún no nos había llegado… sinvergonzonería pura de los años ochenta, a veces injustificable, pero prueba Mad Mix Game. Pruébalo y verás por qué aquello no nos importaba entonces y no debería importarnos ahora. Ni lo más mínimo.

(Imagen del cassette robado, en la más pura tradición española, a Amstrad.es)

 

4 opiniones en “Lo que me enseñó Topo”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.