No hay que dejar de quejarse

Está claro que algunos de los implicados en esto del comentario de novedades de videojuegos nos hacemos viejos. No tiene nada que ver con la nostalgia. Tiene más bien que ver con el hecho de que en unos pocos años, la industria del videojuego ha descargado sobre nuestros endebles cuerpecitos de fans una serie de sillitas eléctricas y súplex horizontales que nos han triturado el espíritu. Y el entusiasmo. Ejemplo: Twitter es un páramo, por lo general, cínico y propenso al cachondeo fácil, pero era un panorama ciertamente desolador vernos a parte de nosotros y a amigos y vecinos como los miembros de El Píxel Ilustre o Games Ajare, entre otros tuiteros y gente afín a nuestra forma de entender los juegos, responder con decepción y chistes amargos a los subnormales aplausos de devoción de los asistentes a las conferencias que puntuaban cada nuevo y decepcionante anuncio de las grandes compañías.

Hay quien cifra el Principio Del Fin De Todo Esto en la llegada de Wii y la definitiva apertura del videojuego a un todos los públicos sin paliativos y, sobre todo, sin que importe la calidad en sí de los juegos. Hay quien lo cifra en la aparición de una serie de consolas portátiles (los ultimos años y mutaciones de DS, la PSP en general y, cómo no, los pochísimos lanzamientos de 3DS y Vita) que no han sabido inventar nuevos caminos para el juego portátil, limitadas primero por su condición de versiones reducidas de las consolas de sobremesa, sobrepasadas después por ese elefante en una cacharrería que es el juego para móviles y tablets, y que está inventando nuevas formas de jugar (mejores, peores, no sé, desde luego sí que nuevas) y sofisticando el mercado de los minijuegos. Hay quien apunta, en fin, al moribundo sector del PC, incapaz de tirar tecnológicamente del medio como hacía antes.

No sé dónde está el problema ni cuál es su origen, yo solo sé que el panorama de las tres grandes es atroz, como expresa con mucha más claridad y menos oraciones subordinadas Javi Sánchez en nuestra columna semanal para Libro de Notas: lo de Nintendo ha sido divertido si encuentras divertido reirte de un borracho desnudo a las cuatro de la mañana que clama haber inventado las videoconferencias, las redes sociales y, si nos descuidamos, el IRC y GameFAQS; Microsoft sigue obsesionada con que nadie, bajo ningún concepto, confunda su Xbox 360 con una consola de videojuegos; y Sony, como tamoco quería hablar demasiado, por algún motivo, de su consola portátil más reciente, fue buen ejemplo de cómo está el panorama general, desplegando una panoplia de títulos Triple A que dejan bien claro por dónde van los tiros de la industria: todo son clones de clones de un clon. Hemos echado de menos el gusto por la espectacularidad descerebrada del primer Modern Warfare, con eso está todo dicho.

Lo que más entristece al fan con cierto recorrido, posiblemente, es que la industria parece haber asumido que es legítimo que todos los juegos sean refritos de ideas (Splinter Cell: Uncharted + Assassin’s Creed + Arkham City), secuelas sin chispa (la lista completa es tan larga que para detallarla tendríamos que pedir un cacho prestado de blog al Emperador de los Helados) o juegos orgullosos de no ser jugables (Beyond). Y sí, claro, hay títulos interesantes (incluso para Wii U), ideas aquí y allá, sorpresas inesperadas (en general, UbiSoft puede estar orgullosa de todos y cada uno de sus anuncios), pero resulta significativo de una industria obcecada con su propio ombligo de Triples A sin interés genuino el hecho de que lo mas interesante que ha pasado en el sector en las últimas dos semanas es que puedes pagar lo que te dé la gana para llevarte unos cuantos juegazos que nunca recibirían la menor atención en una conferencia de las tres grandes.

Hay quien dice que este E3 demuestra que están creciendo dos industrias de forma paralela, y que eso es bueno. Yo creo que este E3 delata que hay una de ellas que está tocada de muerte. Y francamente, eso es todavía mejor.

2 opiniones en “No hay que dejar de quejarse”

  1. Leyendo tu frase sobre el ombliguismo del tripleá… no puedo evitar pensar en que esa categoría la define el propio publisher (anglicismo power) en base a la tela que se deja en el juego y no a la calidad real o al calado en los jugadores…

    Un juego independiente de 10lerus puede ser tan tripleá o más que muchas de las superproducciones refriteras ultrapromocionadas que salen al mercado…

    Puedes hacer anillos de platino o esculturas colosales de mierda… a ver por dónde tiran en el futuro, aunque a mí me huele un poco mal…

  2. No creo que esté tan mal la cosa como la pintas. Lo que está pasando en el mundo del videojuego hoy en día es calcado a otros medios de masas, como por ejemplo el cine. Cada año las pelis más taquilleras son las típicas blockbusters de hollywood, con megaestrellas tipo Tom Cruise o Leo DiCaprio. Mientras, existe un mundo de cine indie-de-autor, en permanente crisis de reconocimiento, pero que sigue año tras año sin dejar de aparecer por los resquicios que deja el cine comercial.
    No creo que haya habido un momento mejor para los videojuegos como el actual. Desde el mundo mainstream nos han llegado joyas como el Dark Souls, Deus Ex, Bionic Commando, Batman AA, Mirror’s Edge, etc…
    Por el lado indie tampoco se quedan cortos: Limbo, Minecraft, Sword & Sworcery, el próximo Dead Light…
    Además esto ha pasado en todas las épocas, como en nuestra bienamada Edad de Oro de los 8/16 bits. Como cutre-coleccionista de material retro, me puse a buscar un juego que me impresionó en su época, el Flashback de Delphine Software, que en su momento lo jugué en megadrive. Pues bien, pensaba que me iba a costar un riñón y resulta que lo compré en eBay por ¡3 euros! Una joya atemporal como esa, jugable aún hoy en día, difícil como lo puede ser Dark Souls, vale bastante menos que cualquier pelma-rpg nipón de tres al cuarto! Como véis, el criterio de los jugones no ha variado con el paso de los años…

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