Cinco apuntes sobre «Indie Game: The Movie»

Indie Game: The Movie
Lisanne Pajot y James Swirsky
Disponible en Steam, iTunes y descarga directa

Sería de locos no aprovechar la cabecera de la casa en la que se aloja Mondo Píxel para hablar del estreno de la semana, con perdón de Moonrise Kingdom, del que ya se ha rendido buena cuenta en sitios más lujosos que este. Fagocitamos la estructura de ese textazo para mostrarles cinco puntos clave para entender qué pasa con esta Indie Game: The Movie.

1. La historia de un éxito
Indie Game: The Movie abre una ventana al tenebroso mundo de los videojuegos autoproducidos tomando como referencia tres de los títulos más exitosos del pasado reciente en tres momentos muy diferentes de su desarrollo. Jonathan Blow aporta una visión analítica en retrospectiva tras arrasar con Braid; Phil Fish afronta un retraso tras otro de su entonces prometedor FEZ; y, para mi sorpresa, se nos muestran los momentos finales del desarrollo de Super Meat Boy y su posterior estreno en Xbox Live. El diseñador Edmund McMillen y el programador Tommy Refenes componen una extraña pareja que funciona perfectamente en cámara, y los directores Lisanne Pajot y James Swirsky saben explotarla para crear los mejores momentos de una cinta que funciona de forma redonda como historia, pero que deja mucho que desear si se analiza en profundidad.

2. ¡Venga ese high five! Predicando entre conversos
Es emocionante seguir a McMillen y Refenes mientras viven las primeras horas posteriores al estreno de Super Meat Boy, el punto álgido de una historia que representa el triunfo de lo indie frente a la industria convencional. Y lo es para el espectador que conoce el negocio, que sabe de las miserias de la industria o de los slots de lanzamientos de Xbox Live, pero resulta difícil que alguien ajeno al sector pueda captar la magnitud de lo que se está mostrando en pantalla. Ni siquiera se explica por qué está mal reciclar franquicias un año tras otro o trabajar en el nuevo Call Of Duty, así que se convierte en una especie de broma privada de indies para indies, en un producto para fans. Sí se hace un intento de justificar este modelo como un medio de expresión más personal, con unas emotivas declaraciones de McMillen sobre sus procesos creativos y, especialmente, una brillante disertación de Blow sobre los valores de producción de los juegos independientes, pero quizá podrían haberse desarrollado un poco más para aportar un valor instructivo al documental, en lugar de decantarse por un emotivismo basado en información que se presupone al espectador. En resumen: no se sorprendan si su atónita novia no entiende su entusiasmo.

3. Adultos al límite
Pajot y Swirsky tratan de suplir la falta de información sobre el sector y los caprichos de la industria mostrando la respuesta emocional de sus protagonistas, y no tienen miramientos en mostrar sus miserias de forma efectista. La señora McMillen sentada sola durante horas mientras su gordo pecero marido se encierra en su despacho. Tommy Refenes cenando solo en un café con lo poco que le queda, al borde de la depresión. Phil Fish perdiendo los nervios durante la presentación de FEZ en el PAX. Son sus vidas y son así, pero la cinta no les da apenas respiro. Junto con la simpatía que despierta McMillan, lo más interesante es la desconcertante calma de Jonathan Blow, que cuenta a toro pasado su superada obsesión por ser entendido por prensa y público, una especie de infierno personal del que apenas se muestra nada en la cinta. La actitud madura y centrada de Blow hacia las durezas del freelancismo no es tan fácil de explotar como la de sus compañeros de film, así que se le castiga de nuevo sin unos minutos que habrían sido bienvenidos.

4. Phil Fish, ó No dejes que la verdad te estropee una buena historia
Ya se ha dicho en dos ocasiones que se echan en falta más minutos del interesante Blow, y servidor propone una solución sencilla y eficaz: quíteme de enmedio a Phil Fish, por favor. El creador de FEZ es el protagonista perfecto para la película que Pajot y Swirsky quieren hacer, y ese es el problema: un chico que quería hacer videojuegos desde los cuatro años; que considera que los videojuegos son LA FORMA DEFINITIVA DE ARTE; un joven castigado por la vida y por un antiguo socio que le hace la vida imposible; un tipo vehemente que no tiene reparos en insultar a la industria y a su público. No es solo que Fish sea un tipo insufrible, que lo es, sino que la historia que rodea a sus problemas en Polytron ha sido convenientemente editada por el bien de la narrativa, algo que gente cercana a la antigua parte contratante parece dispuesta a esclarecer. Bruno Louviers ya lo ha resumido de forma impecable, así que no lo repetiremos aquí.

5. The Sound of (Indie) Music
Pese a sus innumerables defectos, la producción de Indie Game: The Movie funciona como una pieza de relojería, y en gran parte es culpa del compositor canadiense Jim Guthrie. Sus composiciones sirven para acentuar esa épica medio impuesta al film, con una especial eficacia en los momentos de soledad, subrayados con las pistas más representativas del precioso LP The Ballad of the Space Babies. De entre todas, Maelstrom se lleva la palma a la hora de describir ese viaje solitario por un terreno inhóspito, y se convierte desde ya en el equivalente indie del tema de Guile: funciona absolutamente con todo.

2 opiniones en “Cinco apuntes sobre «Indie Game: The Movie»”

  1. Hay que añadir a lo dicho que hay una versión comentada por Team Meat, y con ella la película gana mucho, al menos en sentido del humor.

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