«Virtua Fighter 5: Final Showdown» – Crítica

Virtua Fighter 5: Final Showdown
Sega-AM2
Xbox Live Arcade (versión comentada), PlayStation Network

Hubo un momento en la historia de la Gran Vía madrileña en el que se podía ver gente bailando enloquecida a ritmo de jungle y J-Pop a cien pesetas la partida, acribillando zombis a tiro limpio o esperando turno para medirse la hombría con chandaleros en los subterráneos. Para alguien de provincias como servidor, ese caluroso paraíso de volantes, palancas y ametralladoras de plástico era un continuo escaparate donde probar cada nuevo King Of Fighters, cada Tekken, cada nuevo simulador de conducción como nunca habría imaginado antes. De entre todas estas maravillas, el lugar de honor pertenecía a las cabinas de Sega, las de pantallón, asiento y stick de bola, como tenía que ser, y a ellas les correspondería darme uno de mis recuerdos jugables más vívidos como espectador. En más de una ocasión perdí la tarde mirando a los maníacos del DDR bailar hasta el paroxismo, pero nunca me quedé tan patidifuso como cuando vi a aquel tipo del chaleco de camuflaje dar una clase magistral de Virtua Fighter 4 durante media hora. En sus manos, Lei Fei era poesía en movimiento, una perfecta fusión de técnica e instinto, un ejemplo de que este durísimo simulador de combate podía ser algo fluido, elegante y bello, como todo lo que tocaba AM2. Caray, cómo quería ser la mitad de bueno que aquel tipo.

Ahora que Gran Vía ha cambiado los bailes de cien pesetas por musicales de Los 40, parece oportuno rescatar aquel espíritu y guardarlo en ese baúl de los recuerdos de greatest hits de Sega en que se ha convertido el mercado digital para las dos grandes, en especial Xbox Live Arcade. El recuerdo de esos tiempos es suficiente para que Virtua Fighter sea compra compulsiva y se añada a los OutRun, After Burner ClimaxDaytona USA y, por qué no, al rescatado catálogo de Treasure en Saturn y Dreamcast. Y digo Virtua Fighter a secas, sin importar que este Final Showdown sea en realidad la versión doméstica en 2012 de la revisión de 2010 de un arcade aparecido en 2006. Pese a coletillas de número y versión, Virtua Fighter 5: FS es tan fiel a sus propias raíces y mecánicas que la única forma de entenderlo es como una evolución natural del juego original, como una revisión contemporánea de aquel primer codazo de Akira que nos dejó fuera del ring en cinco segundos. Pese a los tiempos que corren, AM2 puede estar orgullosa de haber cerrado puertas a los súper combos, embajadores de la fascinante vuelta del 2D, y de seguir en sus trece con el esquema de tres botones, lo que obliga a jugar con stick arcade so pena de tener que mapear las múltiples combinaciones en el pad, algo que arruina la experiencia de juego casi tanto como con Radiant Silvergun. Sí han abierto la puerta a la personalización de personajes (que no de habilidades) con trajes, cascos, cortes de pelo y demás fanfarrias, demostrando cómo se hacen estas cosas con un inmenso catálogo para el que lo quiera pagar, y aunque sé que alguno habría preferido obtenerlos gratis a cambio de horas de grinding en modos offline como ocurría con la primera versión de VF5, mi tiempo libre agradece que no sea así.

La política de DLC no es el único detalle que libera mis horas delante de la pantalla. La promesa de un achievement detrás de mil combos o de un trofeo por romperse los nudillos contra el modo Arcade es un mal tan esclavo o más que una chupa de cuero o un trikini, y de nuevo VF5:FS rompe con la explotación de esa compulsividad con una lista de logros asequible que se puede completar en apenas tres horas de juego. Quizá sea exagerado regalar puntos por entrar en modos de juego, no tener en cuenta la dificultad escogida en el modo Arcade a la hora de completarlo, o no pedir más que diez partidas online (no importa si ganas o pierdes: solo tienes que jugarlas y ya está), pero resulta liberador para alguien que lleva 16 horas contadas de Vanquish por no bajarse de la burra de completarlo en difícil a cambio de 100 puntos que no sirven para nada. Puede que estén puestos así por pura dejadez o por tratarse de un título de tienda digital en lugar de un triple A en una caja. No importa: VF5:FS es respetuoso con mi tiempo y le devuelvo el favor jugando online a cada rato, sin presiones de logros ni estadísticas (la tarjeta de jugador no lleva la cuenta de combates perdidos, solo los jugados y el rango alcanzado) y por el puro placer de aprender a dominar un sistema exigente y lleno de matices contra otra gente que está ahí por las mismas razones.

Virtua Fighter 5: Final Showdown no es un juego de lucha accesible, pero recompensa con cada minuto que se pasa aprendiendo a dominarlo. No tiene un roster infinito, sino un puñado de personajes arquetípicos bien servidos de movimientos, fintas, variantes y agarres. Tampoco tiene fuegos artificiales ni explosiones, sino texturas brillantes y efectos sonoros irreales que lo hacen reconocible entre un ruido blanco de disparos, derrapes y tecno frenético. Y esa es su virtud y su defecto, que pese a sus lavados de cara para nuevas generaciones pertenece a una época que ya no existe a este lado del mundo. Una época que no debería haberse ido nunca, y de cuyos representantes solo podemos desearle una larga vida. La vida que quieran darle Microsoft y Sony cuando anuncien la retrocompatibilidad de los juegos descargables en la generación que está por venir. Crucemos los dedos.

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