«Waking Mars» – Crítica

Waking Mars
Tiger Style Games
iPhone/iPad

«Ground control to major Tom. Can you hear me, Major Tom?»
Confirmado: hay vida en Marte. ¿Qué nervios, no?  Y no me refiero al robot Curiosity, que ya está husmeando suelo rojo en busca de arañas. Me refiero a Waking Mars. Ese es su punto de partida, y sé que empezar a hablar de un videojuego por su historia es como empezar a hablar de un libro por su cubierta. Lo habitual es ignorarla, incluso mientras se juega. Pero es que Waking Mars sabe cómo implicar al jugador en su pequeña odisea espacial, la de un astronauta en Marte, en el año 2097, encargado de investigar las primeras señales de vida recibidas desde el planeta vecino. Uno casi que va avanzando por su red de cavernas subterráneas con el mismo temor a lo desconocido con el que pasa las páginas de una de las Crónicas marcianas de Bradbury o se enfrenta por primera vez a una canción de Bowie. Una boutade para animar al respetable: los videojuegos son el medio actual donde mejor se están desarrollando las ideas planteadas durante años por la tradición fantacientífica. Aquí hay para todos los gustos, ánimos y las horas del día: distopías de pesadilla, larguísimas operas espaciales, horror cósmico y carnicería legal con extraterrestres, sucios y amorales thrillers ciberpunk, carreras por desiertos postapaclípticos, lujuria robótica a la japonesa, estrategia por turnos neovictoriana. Waking Mars es, en este sentido, oh sí, oh Dios mío, ciencia-ficción clásica, de esa que se producía en los años cincuenta, con un diseño y una estética que parecen inspirados en los tebeos de EC, naif en sus ambiciones especulativas e incluso con su puntito de nostalgia soviética. Sí, todo es muy marciano y muy encantador.

Mickey Mouse es una vaca
Una vez en Marte, no hay tiempo que perder. Waking Mars es un juego de exploración, con algunos elementos de plataformas y, er, esto, mucho de jardinería extraterrestre. Sí, en lo jugable también evoca a sus clásicos, esos que ponían ante el jugador un mapeado gigantesco. Hay que recorrer el laberinto de cavernas, pasillos y domos que cruzan Marte como un queso suizo, perderse por sus cuevas olvidadas, por esas cúpulas milenarias. La misión principal es investigar las señales recibidas y comprobar el tipo de vida alienígena que alberga el planeta. Hay que llevar un registro de nuestra expedición, lo que incluye nombre de las criaturas que vamos encontrando, fotografías, condiciones en las que se reproducen, a qué son vulnerables. Toda esa información se consigue interactuando con esta mezcla de animal-vegetal-extraterrestre. ¿Jardinería, decías? En realidad, más que interactuar con estos seres, lo hacemos a través de sus semillas, porque para poder observar la vida extraterrestre primero hay que plantarla, despertarla de su sueño. La tierra de Marte tiene diferentes características, y no todas las semillas reaccionan igual a los diferentes tipos de terrenos ni a los estímulos exteriores. Por ejemplo, el agua no siempre las hace crecer. Ya con práctica, podemos cambiar las condiciones de cada suelo, así como probar a alimentar a estos extraterrestres. Hablamos de un ecosistema más o menos diverso: flores curativas, gusanos que muerden, pequeños seres voraces que se reproducen como conejos, otros que se sospechan que pueden tener un tamaño gigantesco. La mayoría se pueden ordeñar para nuestros propios fines y hacernos así con un buen arsenal de semillas de diferentes tipos para según qué ocasión. Qué influencia tendrán nuestros actos en el planeta es algo que no sabremos inmediatamente.

«Let the children lose it, let the children use it, let all the children boogie»
Waking Mars
, y esto me parece digno de mención, se vale de muy pocos elementos para montar este tinglado marciano y hacernos olvidar por momentos que estamos ante un videojuego. No hay disparos, ni menús, ni órdenes complicadas para manipular el entorno. Nuestro astronauta sólo dispone de un jetpack para moverse ágilmente por las cuevas, lo que le sirve para alcanzar cualquier punto, pero también para salvar océanos de lava o esquivar goteras de ácido y estalactitas traicioneras (he aquí el elemento plataformero). Su historia se desarrolla a partir de conversaciones entre los poquísimos personajes que participan (solo tres: Liang, el protagonista; Amani, su contacto en el exterior; y ART, la IA de rigor) y de las entradas que vamos haciendo en el archivo, las cuales se pueden publicar en Twitter para mostrar al mundo entero nuestros avances en biología extraterrestre, fotos incluidas. Es difícil hablar de horas de duración en un juego de exploración, ya que depende de lo que a uno le guste perder el tiempo observando a sus alienígenas crecer. Aunque es posible pasar por sus cavernas consiguiendo un mínimo de actividad de vida extraterrestre, en ocasiones se abren objetivos secundarios que nos invitan a ir más allá y, de la misma forma, conseguir completar los niveles al 100% siempre tiene su recompensa. Si Waking Mars consigue convencerles por su encanto (o por su precio: está rebajado en iTunes por tiempo limitado para celebrar el lanzamiento del Curiosity), no dejen de probar el otro jueguito que tiene para iPad/iPhone la gente de Tiger Style, su estudio responsable: se trata de Spider: The Secret of Bryce Manor, que, a su manera, también hace un guiño a la ciencia-ficción clásica y al horror doméstico, extraterrestre y ancestral, que nos provocan los insectos.

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