«Beat the Beat: Rhythm Paradise» – Crítica

Beat the Beat: Rhythm Paradise
Nintendo / TNX
Wii

La tercera entrega de la fantástica serie Rhythm Tengoku aterriza en Europa con casi un año de diferencia con respecto a su versión japonesa, en una época de sequía en cuanto a novedades y a atención mediática, y con un cambio de nombre que relega la marca de Rhythm Paradise a mera coletilla. Siendo mal pensados, podríamos deducir que se trata de algún plan malvado para ocultar su presencia en el mercado del viejo continente o a un cambio de foco en la maquinaria promocional de Nintendo, que ya trabaja en su recién reestrenada 3DS XL y calienta motores para la futura Wii U. O tal vez, tras observarlo durante solo un par de minutos, lleguemos a la conclusión de que este Beat the Beat: Rhythm Paradise derrocha tanta calidad y personalidad que no necesita ni a la productora ni a la prensa para hacerse oír. Y podemos dar fe de que es así.

Es cierto que decir de un título que «rebosa personalidad» a estas alturas significa menos que nada, y que uno preferiría pasar la tarde arrancándose las uñas a bocados antes que probar un juego «simpático», pero resulta que este crepuscular título de Wii cumple ambas descripciones sin dobles sentidos. La estética de Rhythm Paradise es reconocible a manzanas de distancia, intacta desde los tiempos de la versión de GBA, con sus karatekas de garabato golpeando macetas, sus bateadores de béisbol en rachas imposibles, sus tuercas desfilando en cadenas de montaje. Y al igual que ocurre con Wario Ware, con el que comparte su sentido del absurdo y nuestro cariño, consigue resultar afable en todo momento gracias a un humor blanco para todos los públicos, al que uno no se puede acercar sin que se le caiga el sentido de la ironía. La franquicia ha ido desfilando por las plataformas de Nintendo arrastrando seguidores con cada revisión, más bonita, más pulida, y siempre consciente de su público y su escenario.

El mérito conseguido por Beat the Beat en este salto a la consola de sobremesa trasciende lo musical gracias a su planteamiento visual y a la forma en que acepta el nuevo paradigma del jugador, desplazado de la intimidad de su portátil al centro del salón rodeado de espectadores ocasionales (también conocidos como «jugadores pasivos», y léase aquí parejas, familias y/o sufridos compañeros de piso). Y allí donde Rock Band satura el televisor con pentagramas de colores, Beat the Beat lo adorna con coloridos partidos de bádminton sobre las nubes, lanzamientos de cohetes y demostraciones de claqué. Gracias a su simplísimo esquema de dos botones y a las pistas sonoras de cada canción, la pantalla no necesita mostrar ninguna información compleja al jugador, y queda libre para hacer lo que le dé la gana y traducir el ritmo marcado por aquel a un lenguaje atractivo para ese espectador ocasional, al que se invita a participar y a compartir en lugar de a enviar miradas desaprobadoras.

Otro obstáculo más prosaico a superar es el molesto retardo en la imagen que introduce la mayoría de los televisores modernos, y que se cargaron de un plumazo la experiencia de juego de referentes musicales de generaciones anteriores (adiós, Parappa. Nos vemos en PSP, Gitaroo Man); aquí queda resuelto de forma transparente durante la obligatoria sesión de introducción a modo de tutorial, y accesible en cualquier momento del juego. Este tutorial establece desde el principio las bases rítmicas y de control, y obliga a interiorizar los tiempos cual metrónomo humano si se quiere dar la talla en los momentos más exigentes. De poco servirá buscar pistas en pantalla para adivinar si viene un balón de fútbol o una bombilla si no se presta atención a las pautas y a las señales acústicas, especialmente en las fases en las que se entorpece la visión con distracciones como repentinos cambios de escala o monos montados en globo. Cualquier excusa es buena para poner énfasis en que la clave está en el oído, y en este apartado Beat the Beat tiene un mundo que ofrecer con su marciano encanto con gusto a J-Pop.

¿Significa esto que Beat the Beat hace obsoletas las versiones anteriores, como ocurre con el resto de ejemplos del género? En absoluto. La versión de Nintendo DS que aún está disponible en el mercado a precio de saldo es un imprescindible de la portátil igual que este lo es de su versión de salón, que pasa con nota el salto al televisor pese a las reservas previas de un servidor. Y al igual que Rhythm Paradise, Beat the Beat se añade además a la lista de juegos para compartir con esa masa antes mencionada, las víctimas colaterales de las consolas de sobremesa. Y es que es innegable que un instrumento de plástico impone cierto respeto, pero ¿quién puede negarse a seguirle el ritmo a un mono con pandereta?

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