Análisis – «Lost Winds»

Lost Winds y Lost Winds: Winter of the Melodias
Frontier Development
WiiWare, Android, iOS (versión comentada)

Se le acumulan los frentes abiertos a eso que llamamos medio aguantando las risas «la industria de las consolas«. Por mucho que se le noten las ganas de tirarse en plancha al formato descargable, tampoco se termina de decidir a meter más que el dedo gordo en el agua mientras ve cómo el PC, al que gran parte de su público actual nunca antes había tomado en serio como plataforma jugable, chapotea despreocupamente generando en el proceso modelos de negocio y distribución que las consolas se tienen que contentar con mirar desde la barrera.

Y no ha terminado de resolverse el debate sobre juego físico y descargable (que a estas alturas se reduce a un “cuándo” y un “cómo”) y ya suenan los tambores de otra hipotética guerra entre juego tradicional y aplicación a un dólar. La sucesión de descalabros entre triples A por causas variadas (pero principalmente la troika presupuesto desmesurado- fórmulas rutinarias- contexto de crisis global) combinada con el éxito de lo que Noel Ceballos describía aquí como juegos que “dan una única cosa, sin prometer nada más” abre un nueva fisura en la estrategia de Sony y Microsoft, un nuevo dolor de cabeza complementario al anterior y quizás con más repercusiones para el jugador. A punto de concluir una generación que ha abrazado todo gadget que le permitiera arañar cuota del mercado casual, ¿son estos microjuegos de una única mecánica el futuro inminente de la industria? ¿Qué panorama se abre a títulos más sofisticados en este ambiente de inmediatez y accesibilidad? ¿Es que las dos únicas vías para el juego comercial son el sota caballo y rey de cortar cuerdas y estampar pájaros o el despliegue exhibicionista del pegatiros de turno? Claro que no, y hay ya en el mercado terceras vías que acercan lo mejor de ambas propuestas, pero ¿qué sería de un cambio de paradigma sin su poco de paranoia?

Costará convencer a quien descubra Lost Winds en su versión para iOS y Android de que el juego nació hace años como punta de lanza de WiiWare, y será difícil porque tiene tan interiorizadas las mecánicas y tics de las aplicaciones descargables que parece construido con la pantalla táctil en mente. Y efectivamente todo en Lost Winds puede tocarse, aplastarse, desplazarse. Hay una épica del dedarro en algunos juegos para móviles que solo se puede conseguir gracias a que es uno mismo quien provoca a base de pellizcos apocalípticas explosiones de cerdos verdes en glorioso HD, y hay algo increíblemente satisfactorio en Lost Winds cuando se guían con el índice las llamas de antorcha en antorcha, al impulsar una roca entre plataformas hasta el interruptor que abrirá la puerta al siguiente nivel. El mapa que conecta las mazmorras recuerda al menú habitual de las aplicaciones descargables, con su lista de objetivos a completar y el progreso del jugador bien a la vista, y aunque hay que volver sobre ellas a medida que se van desbloqueando nuevos poderes, cada una funciona a su manera como un reto diferenciado: en algunas se tratará de aprovechar los poderes sobre el viento para encender fuegos, en otros casos tumbar barreras, a veces en impulsar objetos. Los objetivos estarán siempre a la vista, y aunque se podría decir que Lost Winds es un juego de exploración, la fragmentación por niveles hace pensar en partidas que duren lo que tarde el metro en llevarte al trabajo. Es decir: poco en principio pero ya se verá.

Y sin embargo, ni Lost Winds ni su secuela podrían confundirse de ninguna manera con juegos que prometan una única cosa. Aunque el eje de las mecánicas es el control del viento y la misma herramienta sirva para los desplazamientos, el combate y los puzzles, el generar corrientes para desplazarse y el aprovecharlas para aplastar enemigos contra interruptores son dos experiencias diferentes y complementarias. Lost Winds quiere ser un título donde sea divertido sencillamente correr de un lado a otro, pero tampoco renuncia a repartir palos al final boss que apenas cabe entero en la pantalla. Como pasa con el salto en la serie Mario, una única herramienta vale para desvelar todas las posibilidades de juego, desde el ataque a la exploración, y es ese el espejo en el que Lost Winds parece querer mirarse: los plataformas clásicos donde la única mecánica a mano es una llave que abre cien puertas.

Lost Winds funciona en cualquier dispositivo porque, habiendo nacido antes de la explosión de tablets y smartphones, supo conjugar la inmediatez que las caracterizaría con el espíritu que animó las consolas de los 8 y 16 bits. En un momento en que las dos grandes consolas buscan desesperadas ese esperanto jugable que convenza al público veterano sin espantar al mercado casual, yo me he terminado las dos partes de Lost Winds a medias con mi suegra, sentados en la terraza de su casa en un par de tardes de verano. A golpe de dedarro con un poco de cara de píxel, como tendría que ser siempre.

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