«JoJo’s Bizarre Adventure HD» – Crítica

JoJo’s Bizarre Adventure HD Ver.
Capcom, CyberConnect2
PlayStation Network, Xbox Live Arcade (versión comentada)

Cuando todo el mundo se preparaba para el anuncio a bombo y platillo del remake de Darskstalkers en el ya aprovechadísimo motor gráfico de Street Fighter IV –y deseando secretamente que le llegue el turno a God Hand–, Capcom decidió aprovechar el tirón del próximo juego de Namco inspirado en un manga y recuperar un oscuro título del ocaso de la era dorada de los juegos de lucha para hacer su agosto en tiendas digitales. JoJo’s Bizarre Adventure hace su reaparición en versión HD para saquear el bolsillo de completistas de Capcom y Dreamcast por igual, pero ¿hay sitio para JoJo más allá de la compra compulsiva? Nosotros creemos que sí, con un par de peros. Y ninguno de ellos es el dichoso precio.

Una copia de una copia de una copia: la riqueza del mestizaje

El manga de Hirohiko Araki representa la pasión de la ficción japonesa por la cultura occidental, que no tiene reparos en tomar referencias de primera, segunda y tercera mano y construir así una de las series más marcianas y longevas de la historia del género shonen, que ya va por su octava interpretación en su país de origen. Tras dar un repaso a la mitología decimonónica y mezclar vampiros con Jack el Destripador, la tercera etapa de la serie, Stardust Crusaders, canalizaba la ultraviolencia de El Puño de la Estrella del Norte y le daba una dosis de taurina a esta cruzada generacional contra el Mal: entran en escena los Stands, proyecciones físicas de la energía de los protagonistas en forma de alter egos muy molones –hola, Persona– con nombres aún más molones sacados sin pudor de estrellas musicales de aquí –hola, Vanilla Ice–, cartas del tarot y cualquier cosa que a Araki le apeteciera homenajear en forma de entidad musculosa a la que saltarle los dientes o atravesar a puñetazos. Dado que la propia Capcom había reciclado varios personajes de la serie en forma de iconos de la talla de Guile o M. Bison (el dictador, que del boxeador ya sabemos todos su procedencia), parecía justo y necesario que fuera ella la encargada de adaptar la serie de la única forma en la que se traducían al videojuego los shonen que lo petaban allá por finales de los 90: a puñetazo limpio.

El fin de una era y la herencia para el futuro

Tras el estreno en salones recreativos de JoJo’s Bizarre Adventure en 1998, su revisión expandida de 1999 –titulada JoJo’s Bizarre Adventure: Heritage For The Future– fue el canto del cisne de la placa CPS-3 de Capcom, el último hardware propio de la compañía, y que se convirtió al mismo tiempo en la envidia de las máquinas recreativas de la época y en una bestia inexpugnable para la escena de la emulación, que se limitó durante años a afirmar cada 28 de diciembre que este año sí podríamos probar SFIII: Third Strike en el ordenador de nuestro primo. Tras solo seis títulos lanzados en esta placa, Capcom tiró la toalla y se fue a trabajar sobre hardware ajeno, una posición que aún mantiene con las últimas revisiones de sus juegos de lucha en los arcades nipones. JoJo representa el último exponente de una cultura que se rindió al desarrollo puro y a la normalización del hardware para sobrevivir, si bien Capcom ha mantenido una orientación hacia el mundo arcade que Namco había perdido con la salida directa a consola de algunos de sus buques insignia, y a la que parece haber vuelto con este afortunado resurgir del género de la lucha.

Aquí se ha repetido mil veces: los juegos de lucha son un territorio lleno de reglas invisibles, y su descubrimiento mediante el ensayo y error es uno de los mayores placeres que puede reportar un videojuego… si uno está dispuesto a darle el tiempo necesario. En este caso, es sorprendente descubrir la cantidad de ideas que Capcom arrojó dentro de este título para dar cabida a su exótico reparto y llevar a buen puerto el traspaso a videojuego de los personajes y sus diferentes poderes. El resultado es un producto muy próximo a la saga Darkstalkers, con estilizadas animaciones y deformaciones de personajes, al que se añaden enormes ilustraciones de los protagonistas en los ataques especiales que se convertirían en norma en los títulos venideros. Y bajo esta lustrosa capa de pintura, Capcom mete en el asador todos los conceptos del género de lucha en aquel momento: súper combos de varios niveles, asistencias de personajes, dobles saltos, esquives con invulnerabilidad, advance guards, combos personalizables y malabares de todo tipo, con un sistema complejo pero tremendamente divertido de descubrir, y que Arc System Works ha refinado desde el primer Guilty Gear de ese mismo año hasta hoy, justo cuando tienen recién estrenada la adaptación al género de… Persona. Y todo ello con una digna versión de El Puño de la Estrella del Norte a sus espaldas. Una copia de una copia de una copia, y todos contentos con nuestros nuevos sticks arcade.

Un validísimo pedazo de la historia del género

La versión HD que ya se encuentra disponible en tiendas digitales sufre de los males esperables de un remake de Capcom Japón: un maquillaje visual que se limita a emborronar los píxeles del original, problemas con el juego online en la fecha de salida, y un engorroso sistema de personalización de botones que no se adapta al stick arcade. Hablar de los 20 euros que cuesta el juego y de la polémica que ha levantado es algo inútil y ya se ha escrito más y mejor sobre el tema de los precios en esta casa, aunque sí diré que su dinero estaría muy bien invertido en propuestas más frescas como el admirado Skullgirls, si aún no han reparado en sus encantos. Pero si ya han pasado por ese necesario trámite, JoJo es un título vistoso y profundo con argumentos para estar a la misma altura que sus compañeros de la época heroica. Y al igual que el manga en el que está inspirado, sirve como recordatorio del valor de la reutilización de ideas, de la revisión de mecánicas y de cómo se pueden producir artefactos nuevos y fascinantes a partir de objetos manidos… aunque a veces apenas sobrevivan a su tiempo para ser reconocidos como tales.

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