«Anna» – Crítica

Anna
Dreampainters
PC

Esto no es una crítica de Anna, no se fíen del título. Tampoco es que habitualmente se pueda llamar crítica a lo que yo hago, me centre en el juego estudiado o no lo mencione en toda la entrada, pero de verdad: esto no es una crítica de Anna. Lean otra vez la de Sleeping Dogs si quieren saber lo que es analizar un juego.

Tantos factores negativos ensombrecen la experiencia de Anna (un control antítesis de su semántica; localizaciones demasiado pequeñas para sentir presión —paradoja agorafóbica— ante lo invisible; un hilo musical que arruina por reiteración la acertada disonancia generada; gráficos indie que, en lugar de esconder su comprensible falta de potencia en trucos de diseño o apuestas de estilo alejadas del realismo, se proponen ser condenadamente feos; una narrativa que insinúa más de lo que resuelve en su etapa jugable y opta por hacer un Catherine al final del camino; una narrativa que nos promete tres vías en función de lo jugado —ese canto de sirena con el que los desarrolladores siguen empeñados y que nosotros superamos hace ya mucho— y arrastra las carencias anteriores: el vacío más absoluto, triplicado; acertijos —mecánica— basada en la vaga narrativa que, al contrario de mi habitual discurso, empobrece ambos extremos, culpa de la lógica; un avatar que no eres tú, ni tampoco él, que no es nadie por desdibujado, que no provoca empatía por ausencia, que no siente por inanimado, indistinguible, invertebrado, ininteligible, inferno; la tensión ocurre por impresión momentánea y no por continuidad, alejando las sensaciones cercanas al miedo, la intranquilidad, el malestar; lo sobrenatural es cómico; bugs que hacen reiniciar la partida porque, como el juego es corto y te lo puedes pasar de una sentada y tampoco hay peligro de morir, ni hace autosave ni a ti te importa guardar manualmente, llevándote a pasar de nuevo por una serie de acciones repetitivas, con el mismo pésimo control, la misma música reiterativa, las mismas frases vanas, los mismos sonidos de sartenes y la misma nula diversión) que mencionarlos solo de pasada y centrarse en los aspectos positivos sería lo único sensato a hacer.

Nos falta una mitad.

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