Mondo Vs. Píxel: (casi) todos contra New Super Mario Bros. 2

Golpeamos con una nueva entrega de nuestra sección Mondo Vs. Píxel, en la que dos o más redactores de este su blog favorito de videojuegos hacen públicas las opiniones, a favor o en contra, que sobre un juego amado u odiado han vertido (en ocasiones, a lo largo de muchos días) por nuestra lista de correo privada. Podría parecer que la propia naturaleza del medio limita nuestras intenciones al verse estas plasmadas en papel digital; cierto es que cuando la entrada es publicada, queda sensación de discusión zanjada… Y ni mucho menos. Baste apuntar que anoche, cuando el texto que ustedes se disponen a disfrutar se encontraba dado por terminado y en borrador, dos de los abajo firmantes aún estaban enzarzados en su batalla particular a prosa limpia sobre el aquello bien y el esto mal de New Super Mario Bros. 2. En resumen: nuestra sección Mondo Vs. Píxel intenta traducir a palabras el equivalente físico a un rodillazo en la entrepierna encaminado a poner punto final a un combate eterno. Lo que no quiere decir, igual que pasaría en el mundo real, que el luchador caído no vaya a levantarse agarrando sus cataplines doloridos con la siniestra mientras sigue repartiendo hostias con la diestra. Es posible, por tanto, que la discusión expuesta, iniciada pero no terminada en el artículo principal, se extienda hasta un poquito más abajo. Al fin y al cabo, somos los Mondo Píxel Smash Bros… Y todos somos Mondo Píxel Smash Bros: les invitamos a ustedes, queridísimos lectores, a que gocen del combate y participen en la pelea. Jaleen a su luchador favorito o golpeen dialécticamente a su menos favorito desde los comentarios; esto no es un nosotros contra el barrio, es un todos contra todos.

Round 1: en contra, por Jim Thin

¿Por qué jugamos? Es una pregunta que todo jugador debería hacerse de cuando en cuando, no tanto para alcanzar una verdad común y poder suicidarnos en grupo sabiendo que la paz está en nuestro interior, sino para decidir si seguir haciéndolo es provechoso. Cuestionarnos las cosas, ese enorme esfuerzo.

New Super Mario Bros. 2 nos hace plantearnos esta pregunta nada más terminar el primer mundo; llevando jugados apenas treinta minutos la idea de apagar la consola empieza a sobrevolar nuestra cabeza, y eso que nosotros somos jugadores de núcleo duro, tipos muy fuertes jugando a Super Mario, pero de repente todo lo que nos rodea parece más interesante, y retomar aquella actividad que abandonamos hace una semana y para la que no encontrábamos nunca un hueco adquiere una importancia inmediata. Releer Ulises es vital. Rajoy en la tele. Incluso esta misma crítica empieza a ser escrita por pura procrastinación ante New Super Mario Bros. 2. Cualquier cosa antes que seguir recogiendo monedas. NSMB2 nos hace mejores personas, pero solo la primera vez que jugamos: las posteriores nos martillea el cerebro con el «¿por qué jugamos?» de tal modo que termina perdiendo el sentido, y con él, nosotros.

La fórmula. Uno lo podía tener medio claro cuando Harmonix, primero, y Neversoft, después, se liaron la manta a la cabeza y empezaron a parir Guitar Hero’s y Rock Band’s como si no hubiera un mañana: de año en año, de mes en mes, de día en día. Uno podía esperar que la fórmula se agotase por saturación, que la gente se cansase de pagar por lo mismo solo que diferente, solo que más, y que acabasen dejando los cacharros de plástico abandonados en un rincón para solo sacarlos —muy a regañadientes— cuando viniese visita, cuando pasasen un par de años y recordaran que aún no saben tocar la guitarra pero que aquello de aporrear los botones que nos decían estaba simpático. ¿Quién iba a pensar que uno también podía cansarse de saltar sobre tortugas, salir disparado por tuberías y alcanzar lo más alto de un mástil? Uno solo piensa en esas cosas cuando ya han sucedido.

Los primeros indicios me vinieron con Super Mario 3D Land: un híbrido entre Super Mario Bros. 3 y Super Mario Galaxy era algo ideal que, además, encajaba perfectamente en la palma de la portátil, y eh, el 3D no solo funcionaba bien, sino que servía para algo. Y sin embargo pasé por sus pantallas sin sentir nada, sin importarme la innovación, las pequeñas salidas de la rutina… por Dios, ¡si hasta había una GRR (Gran Roca Rodante)! Pero ya no había pasión.

¿Es Super Mario 3D Land un buen juego? Probablemente, pero eso no me hizo disfrutarlo. ¿Es NSMB2 un buen juego? Probablemente, pero eso da igual, porque no solo no lo he disfrutado, sino que me ha hecho aborrecerlo. ¿Te pasará a ti? Probablemente. Puede que no con este, puede que no con la siguiente (y a buen seguro más trabajada, pulida, fresca —agh—, original, imaginativa, frenética, absorbente) entrega para Wii U, pero te pasará. Te terminará pasando. Basta con que llegue un día y hayas madurado.

Tampoco es el fin del mundo, no hace falta compungirse. Inconscientemente te vas preparando por si llega el día, y cuando efectivamente lo hace, solo puedes verle el lado positivo. En mi caso el lado positivo son más preguntas, reflexiones derivadas, «y síes» y porqués. La saga Assassin’s Creed, sin volverme loco, me tenía bien entretenido y seguía disfrutándola cuando un día, sin saber muy bien por qué, supe que quería dejar de comprar las nuevas entregas; no me cansó, no me había llegado el momento, y sin embargo la dejé por adelantado. Tengo Gears of War 3 ahí, en la estantería, empaquetadito, y tienen que creerme cuando digo que tengo unas ganas asombrosas por jugarlo, pero ahí seguirá, esperándome. En mi calendario imaginario tengo marcada con una cruz imaginaria muy grande, muy roja, la casillita del 5 de octubre: sale NBA 2K13 y yo estoy —por tercer año consecutivo— ansioso de lo mismo y, sin embargo, diferente. Me cabreará mucho si el inminente Epic Mickey 2, pese a convertirse en el segundo único juego capaz de conseguir lo que su precuela, se queda solo en volver a ser Epic Mickey (como me cabrearía que un hipotético Mirror’s Edge 2, para que entiendan mejor el ejemplo, resulta ser solo otro Mirror’s Edge; por eso Portal 2, ya que lo mencionan, es tan estupendo: porque no es Portal).

«¿Por qué jugamos?», me pregunta una y otra vez New Super Mario Bros. 2, y yo tengo que acudir a Super Mario World (y disfrutarlo) para ser capaz de contestar.

Round 2: a favor, por Herasmus

Han pasado seis años desde su lanzamiento y aún no he sido capaz de explicarme a qué venía aquel «New» en el título de New Super Mario Bros, seguramente el Mario con menos ganas de desviarse un milímetro del canon ochobitero original. Pero es fácil olvidar que en 2006 había llovido mucho desde aquellos Mario Land pensados originalmente para portátiles, y que el mismo género de los plataformas en 2D parecía poco menos que coto cerrado para nostálgicos y plañideras del retro. Hacía falta un nuevo-viejo Mario planificado con escuadra y cartabón que demostrara la vigencia de la fórmula. Incluso aunque el resultado quedara por debajo del modelo (como luego pasó), hacía falta una entrega de la serie que no aspirase a más que a hacer otra vez bien aquello en lo que nunca había tenido competencia. NSMB no quería abrir el género a nuevas posibilidades, no pretendía innovar en la fórmula ni seguramente hubiera podido en un momento en que todos la recordaban con cariño pero nadie aguantaba la respiración esperando su vuelta. NSMB no reinventó la rueda, sencillamente llamó la atención porque nadie más la estaba haciendo girar.

Sin embargo, New Super Mario Bros 2 no tiene que recordarnos por qué nos gustaban los juegos originales: tanto en mecánica como en espíritu están más vivos en esta generación de lo que habían estado desde los tiempos de Super Nintendo. Con el género de nuevo posicionado, NSMB2 puede no parecer necesario ni refrescante, sino más bien el último sacacuartos apuntado a traición contra el corazón del fan. Es cierto que el juego se mira mucho en el pasado, y también que cada recurso reciclado, cada guiño al nintendero talludo, deja en vergüenza a la nueva entrega por pusilánime y desmañada; es verdad que cada vez que juega la carta de la nostalgia y prueba a intentar algo que la serie ya ha hecho antes parece aburrido en comparación. Y, aceptando que pueden ser buenos, malos y regulares, más o menos ingeniosos o innovadores, «aburrido» es la última palabra que uno se ve utilizando para definir a un Mario.

Pero por otro lado, NSMB2 se muestra inesperadamente valiente cuando enreda en los mimbres de la serie. Aunque siempre hubo marcadores, hasta NSMB2 el reto había consistido siempre en mantenerlos bajos: completar el juego en cinco minutos, con una única vida, sin matar a nadie, localizar cada atajo disfrazado en el escenario para ahorrar tramos de un camino que de todos modos se supone que te está gustando. NSMB2 se rinde a la avaricia y pide a su público que repase los niveles para esquilmarlos, que rebusque  monedas con ansia viva, o, en su defecto, multiplicadores que disparen la puntuación hasta cantidades obscenas. Acumular monedas se traduce en acumular vidas, lo que lleva a que el juego resulte engañosamente fácil de terminar, pero ¿cuándo el reto de un Mario ha pasado por desbloquear los créditos? El modo coin rush puede llevar a engaño porque parece un añadido cuando en realidad es el corazón del cartucho: no se arranca NSMB2 para jugarlo como a entregas anteriores, sino para exprimir cada nivel a partir de factores que hasta ahora nunca habían tenido un peso decisivo.

NSMB2 es un título esquizofrénico que, disfrazado de continuista, quiere inventar una nueva manera de jugar a una de las series más icónicas del medio. Ha salido regular, más que nada porque las nuevas mecánicas se han integrado con excesiva timidez, y porque señalando con el dedo a los mastodontes de la serie solo ha conseguido subrayar sus propias limitaciones. Aún así es un intento valiente solo por tratar de llevar la franquicia más allá de sí misma, y aunque es fácil entender las críticas que le han llovido, sorprende leer a quien ve en él un signo de la decadencia de la fórmula cuando es un producto claramente concebido para enriquecerla con nuevas variables.

Pero claro, «rupturista» es otra palabra que uno no se imagina utilizando cuando habla de Mario.

Round 3: reflexiones en el campo de batalla, por Adonías

Mi intervención en este Mondo Vs. Píxel se limitará a apuntar dos breves ideas a pie de lo expuesto por mis amados compañeros de combate. Una: no es el primero ni será el último que me provoca esta sensación, pero New Super Mario Bros. 2 es el título que de forma más clara me ha mostrado (quizá, ante la visión de todas esas moneditas rebotando por la pantalla) que en ocasiones, nos encontramos ante una especie de copago del videojuego en virtud del cual, para conseguir un bien necesario (entretenimiento, diversión) que, por otra parte, ya hemos pagado (con esa intención adquirimos un videojuego: para obtener —sin más esfuerzo desde nuestro lado— diversión o entretenimiento) es necesario que realicemos una aportación personal extra. Este tributo de entrega imprescindible podría ser de índole anímica (acercarnos al juego con ceguera de fan tipo «es un Mario: me va a molar seguro»), económica (que debamos adquirir un DLC que hará nos guste el juego —llamémoslo «base»— que en un principio nos desencantó) o utilitaria (descargar una actualización de imprescindible aplicación si se desea que funcione correctamente el título que tanto renqueaba en su primera versión).

New Super Mario Bros. 2 no ha recibido ninguna aportación personal extra por mi parte, y eso que lo pedía a gritos. Debido a ello, el juego me ha parecido lo que en mi opinión es: reiterativo, aburrido, facilón y no solo no me ha ofrecido nada en comparación con las muchas horas de diversión y entretenimiento que sí me proporcionó Super Mario 3D Land, sino que ha hecho que me plantee, una vez más, la segunda de las reflexiones que dejo caer a continuación: hasta qué punto es necesario que las compañías dejen descansar, de una puñetera vez, sus personajes estrella y apuesten por nuevas fórmulas, realicen nuevas propuestas de gameplay e inventen nuevas mecánicas de juego utilizando para ello las nuevas posibilidades que ofrecen las nuevas máquinas. Si Nintendo sigue lanzando un Mario tras otro con leves alteraciones del canon Mario, solo conseguirán que acabemos aborreciendo al personaje y nos aproximemos a los futuros títulos que este protagonice con la ceja arqueada y el paso cambiado. Si siguen actuando de ese modo, será inevitable que subconscientemente comparemos Super Mario World con New Super Mario Bros. 2, a Dios con el gitano, al árbol con el tocón y por consiguiente, que tengamos ganas de arrojar la parte perjudicada de la comparación por la ventana. Un consejo de aficionado viejuno para el desarrollador atento: sobredimensionar a un personaje no es la vía, pero sí lo es aportar una nueva dimensión a su universo. Miren a Super Mario Galaxy y obren en consecuencia. O eso, o sáquense de la manga algo totalmente nuevo, como ese maravilloso Gravity Rush de la competencia.

7 opiniones en “Mondo Vs. Píxel: (casi) todos contra New Super Mario Bros. 2”

  1. pulgares arriba para este formato VS

    Si tienen opiniones enfrentadas en el futuro, sería de agradecer que esto se repitiera con toda la frecuencia que fuera posible.

  2. Amigo madeinpda, me alegra que le guste el formato. Y no se preocupe, seguro que habrá más Mondo Vs. Píxel: otra cosa no, pero opiniones enfrentadas nos sobran… ¡Y lo bien que lo pasemos! 😀

  3. En mi opinión, el problema de New Super Mario Bros 2 es que otros juegos de Mario se le han adelantado cuando le tocaba a él aparecer. New Super Mario Bros Wii sí está hecho con churrera y Super Mario 3D Land aprovechó que la cocina aún estaba sucia de los Super Mario Galaxy para encroquetar los restos de carne galáctica asada. NSMB2 sí es la secuela del oportuno NSMB, depura la fórmula de éste y le aporta una colección de elementos de diseño muy coherentes entre sí (para ser más coherente sólo le falta que el juego lo protagonice Wario), como por ejemplo el llevar la exploración al máximo nivel de la saga dándole importancia al rastreo de puntos calientes donde, al pisar, aparecen monedas secretas en otro lugar de la pantalla.

  4. Señor Adonías, quizá tenga razón en eso de que NSMB2 es reiterativo, pero extrapolar con la falta de frescura de este título la decadencia de toda la obra actual de Nintendo, me parece un poco cínico. Y es que en su misma maquinita autoestereoscópica, estos señores han lanzado juegos como Kid Icarus Uprising o Pullblox, cuyos planteamientos son, como poco, novedosos; al César lo que es del César, y precisamente Nintendo es la que menos miedo tiene a liarse la manta a la cabeza en ese respecto.

  5. Querido amigo Matías Lallave, en ningún momento he tenido intención de expresar con mi texto eso que usted comenta, le pido disculpas si el error ha sido mío y he dado a entender una cosa intentando decir otra. Le ruego revise la parte de este Vs. que yo he redactado y añada a lo por mí escrito escrito la siguiente aclaración: la entrada se refiere a Mario, y si se fija yo solo he hablado de Mario, su presente, pasado y posible futuro (exceptuando la mención a Gravity Rush en el párrafo final, claro). En ningún momento he pretendido insinuar que exista tal «decadencia de toda la obra actual de Nintendo». Y por supuesto, tampoco he querido quitar mérito a la labor de la citada compañía japonesa a la hora de, a pesar de todo, tratar de innovar o renovar el panorama con creaciones hardware o software ciertamente sorprendentes.

    Dicho de otro modo y utilizando las mismas palabras que usted empleó, «al César lo que es del César» y ahí sí que estoy plenamente de acuerdo con usted: en Mondo Píxel no nos gusta generalizar, antes que eso pretendemos analizar cada obra de una en una —un juego es él mismo y su circunstancia—, con lo que pretender apuntar la caída en picado de Nintendo —yo ni pienso ni dije eso, pero usted sí lo dijo. Por favor, pregúntese por qué— y como razón de la misma señalar un título concreto, no es desde luego ni mi estilo ni el de mis compañeros. 3DS, Wii, Vita, PS3, Xbox 360, Wii U o las que vengan son o serán todo lo buenas máquinas que sus juegos permitan que lo sean; razón por la cual, seguiremos analizando cada producto por separado y aportando razones que justifiquen las conclusiones o reflexiones suscitadas por ese análisis concreto.

    Precisamente este formato Mondo Vs. Píxel surge como necesidad de nuestra habitual inquietud de crear pensamiento y generar reflexión. Nosotros no pretendemos sentar cátedra con nuestras palabras ni resultar concluyentes al finalizar un razonamiento; antes bien queremos estimular el diálogo y la conversación, en grupo o con uno mismo. Razón por la cual, le agradezco muchísimo que haya dicho lo que piensa, pero también le pido que piense sobre lo que ha dicho. 🙂

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