«NBA 2K13» y la perfección de lo simulado

El pasado año la serie NBA 2K apoyó su campaña de marketing en la nostalgia, con Michael Jordan como cabeza de cartel, un modo de juego orientado a rememorar los grandes clásicos del baloncesto y una bastante completa plantilla de viejas leyendas. El resultado fue algo cercano a esto. Lo primero que vemos asociado a NBA 2K este año es a Jay-Z, productor ejecutivo de la nueva entrega; dejando a un lado el desastroso resultado de compararle con el tirón de las grandes leyendas y la nostalgia, uno se pregunta cuánto peso habrá tenido en el desarrollo del juego, si actuará como maniquí publicitario o si, por el contrario, realmente meterá mano en el asunto. La escasa documentación de cinco minutos de la que me he provisto indica que Jay-Z ha confeccionado la lista de canciones que suenan en el juego y poco más, es decir, lo lógico y normal; la sensación tras jugar mucho y bien a NBA 2K13 es la de un Jay-Z muy pasado restregándose por las paredes y retrotrayéndose a su adolescencia.

No es como si el tono gamberro que envuelve al rap y una elegancia mínima no pudiesen darse la mano aunque sea entrelazando los dedos: para muestra ese trailer del párrafo anterior. Sin embargo, todo lo que rodea a NBA 2K13 (interfaz, detalles, sensaciones externas) es su expresión más hortera, la saturación más absoluta, brillitos y estrellas, la larga cadena de oro con el yunque más pesado y grandote que uno pueda imaginar colgado al cuello; pero además también ver a tu avatar virtual bailando Elevation de U2, una imagen mental que no será fácil de destruir. Eso y Justin Bieber son cosas que echan para atrás en un primer acercamiento.

Tenemos, y les aclaro ya el opuesto paralelismo, una cara externa contraria a la de FIFA 13. Mientras que el título de fútbol buscaba extender los tentáculos del partido simulado (el núcleo) tan lejos como pudiese, impregnando de realidad ese mundo de conexiones irreales tan del videojuego (los menus, las opciones, la personalización, formaciones y plantillas), NBA 2K13 monta un microcosmos de lo extravagante (que si bien tiene algo que ver con el mundo que arropa a la NBA y la realidad que la rodea —hay incluso una simulación de Twitter, una triple pirueta mortal realidad-simulacro que ya quisiera Nolan—, poca o ninguna relación tiene con la mecánica del propio deporte) por el que deseamos pasar de puntillas y permanecer el menor tiempo posible para poder llegar, ahora sí, al verdadero deporte simulado. Una vez más, lo realmente importante.

El núcleo, la mecánica, los partidos de NBA 2K13, son la evolución natural a lo que 2K Sports viene construyendo con precisión de cirujano desde 2010: potenciar y simplificar la realidad. Cualquier deporte requiere dedicación y horas, lo mismo que te pide el juego de 2K en cada nuevo título —al menos durante un año—, que te familiarices con los controles y los asumas, que empieces a dominarlos después, que te autogeneres manías y hábitos de juego para luego reconocer los errores y eliminarlos, que perfecciones tu técnica y mentalidad al mismo tiempo que lo hace tu jugador creado. Todo esto es aburrido en (la) realidad, todo esto requiere mucha voluntad y esfuerzo y perseverancia y horas de tirar a canasta y recoger el propio balón fallado; todo esto puede ser levemente modificado en el simulacro (una de sus ventajas) para ya no solo convertirlo en entretenido, sino darle profundidad e interés. Y sobre esto se cimientan las bases de los últimos NBA 2K.

Los controles de la nueva entrega simplifican el control. Sí, ya, la repetición es intencionada para que miren un poco más allá de lo obvio: si todo es más intuitivo y accesible lo complejo será más sencillo; realizar un mate después de una finta y un dribbling que nos presenta un pasillo de rosas directo a la épica es alcanzado de forma más natural, y no frustrado por una equivocación de botones de última hora; la curva de aprendizaje es más sencilla cuando un stick sirve para prácticamente todo pero el resto de botones y gatillos tienen perfectamente focalizada su función. Y lo mismo pasa con la IA, que ya no descuida su espalda para que remontar un partido sea tan sencillo como plantarse al lado del aro en cada contra, que ya no duda cuando dejas un hueco lo suficientemente grande como para reconocer tu error, que potencia la inmersión y destruye de un plumazo cualquier idea de anotación rutinaria que puedas tener, que aprende de tu juego y lo combate obligándote a mejorar y superarte, que casi fuerza a que cada partido se decida en un triple sobre la bocina. Hasta que descubres que eras tú todo el rato, simulando la realidad de una forma demasiado fiel, creyendo incluso que aquel partido significa algo.

Porque, por evolución natural también, NBA 2K13 es más que nunca cada partido y cada minuto, cada posesión y cada acción que fue o no fue: es complejidad simplificada para absorber la mayor intensidad posible de la realidad; pero a lo mejor también es que por lo general, no nos engañemos, la NBA es jodidamente más interesante que el fútbol.

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