«¡Rompe Ralph!» – Crítica

Wreck-it Ralph!
Rich Moore
2012

Recomiendo a los amantes de los videojuegos clásicos que contengan su emoción con la avalancha de guiños al medio que lleva a cuestas ¡Rompe Ralph!, un auténtico festival de amor por los juegos retro y la cultura del arcade. Lo recomiendo porque, como si de unos cantos de sirena se tratase, es sencillo perderse en el laberíntico y gozoso catálogo de guiños a héroes y antihéroes del mondo píxel que habitan en cada rincón de la película. Desde las más obvias apariciones de un Kano, un fantasma de Pac-Man o un Bowser a los algo más intrincados papeles de Paperboy, Aerith, la línea del Qix o la casita de Q-Bert, ¡Rompe Ralph! es un festival de homenajes al usuario talludito, que disfrutará como un bebé cuando identifique el Konami Code o sepa qué le pasa a la pantalla del cine después de los créditos finales. Lo digo como absoluto devoto de la estética cuadriculada, artificiosa y brillante del píxel: ¡Rompe Ralph! es casi porno videolúdico para treintañeros.


Pero, como digo, hay que llevar cuidado para no caer en las redes de la mera recopilación de homenajes porque se puede perder la oportunidad de disfrutar del auténtico valor de la película: una inteligentísima reflexión sobre el poder de lo interactivo, la caducidad de los iconos pop y el magnetismo inigualable de los personajes de videojuegos clásicos (¡Rompe Ralph! se permite un guiño a Halo y demás juegos de marines espaciales con su Hero’s Duty, pero eso es todo). Muchos críticos acusarán a ¡Rompe Ralph! de ostentar un desarrollo y una sustancia limitada, ya que la relación entre los dos personajes protagonistas carece de excesiva profundidad, por no hablar de la falta de esa originalidad a la que nos ha malacostumbrado Pixar: lo que vemos en ¡Rompe Ralph! lo vimos en Monstruos SA, y con otros resortes narrativos en juego, en Up y en Buscando a Nemo. Pero esto no es Pixar, en cualquier caso: es Disney, y la cosa se simplifica: las motivaciones del antihéroe y su relación con Vanellope von Schweetz están construídas con plantilla y a golpe de escena emocional de primero de guionismo. Por suerte, no es ese el secreto de ¡Rompe Ralph!: su gran logro es que comprende los videojuegos y lo que nos fascina de ellos con tanta inteligencia y sencillez como Los Increíbles (de nuevo Pixar: la cuestión es que este Disney está a la altura del mejor Pixar) entendía la subcultura superheroica. En ¡Rompe Ralph! se reflexiona sobre la narrativa fragmentaria y repetitiva de los juegos clásicos, su nunca del todo bien explicada concepción de la vida y la muerte, la competitividad rabiosa, simplista e inofensiva, los poderes ridículos y metafóricos, la intercambiabilidad de iconos, la estética abstracta, la atmósfera fatalista, el maniqueísmo absoluto… es la gramática de los videojuegos clásicos (que, parece decir la película, son los auténticos videojuegos) que se exprime, parodia, explica y deconstruye sin complicaciones, con la sencillez de un Gauntlet o un Doom: poniendo ante las narices del espectador lo que lleva décadas mamando sin hacerse excesivas preguntas.

No estoy del todo convencido de que ¡Rompe Ralph! llegue al corazón de los adultos no jugadores: aunque la película es perfectamente comprensible por quien no pille los múltiples guiños y los niños disfrutarán con la acción casi incesante y los enloquecidos cambios de escenario, sí es cierto que su brillantez será percibida con más fuerza por determinado tipo de público. El que entienda la absoluta poesía que hay en la limitada animación de los vecinos de Ralph o el barman de Tapper, el que comprenda la grandeza de una buena fase de bonus o un aterrador jefe final, o el que vea pura metafísica digital en las motivaciones de los antagonistas de Ralph y en la extraña humanización de los glitchs y los errores de programación. Por primera vez, una película nos mira a los ojos y nos muestra que toda la belleza y densidad estética y metafórica que siempre creímos ver entre líneas de código y un puñado de sprites… efectivamente, estaba ahí. ¡Rompe Ralph!, nada discursiva pero dueña de un discurso cautivador es, precisamente por eso, un absoluto milagro.

4 opiniones en “«¡Rompe Ralph!» – Crítica”

  1. Tengo ganas de verla, aunque la falta de creatividad de la que hablas preocupa. Pixar nos ha acostumbrado a lo bueno (y aun asi a menudo sus films han sido muy mejorables), no hay porque acostumbrarse a otra cosa. Justo mi último artículo está dedicado a Pixar y hace unas semanas dediqué otro a Disney, por si te interesa. Saludos.

  2. Sin haber visto la película… ¿esa simplicidad en algunos aspectos del guión (como lo de la novia de Ralph) no puede ser intencionada? Los videojuegos clásicos tampoco es que abundaran mucho en ciertos aspectos del guión más allá de «tu novia ha sido raptada», «tu pueblo ha sido destruido» o «la galaxia está en peligro». ¿Qué relación unía a Peach y Mario antes de que Bowser la raptara por primera vez?

  3. Juan, no sé en qué punto he hablado de falta de creatividad, creo que la crítica es muy elogiosa.

    Morladon, la chica de la que hablo no es novia, es una niña con la que hace amistad. Y sí, me temo que no es una simplicidad- homenaje, la película no va por esos derroteros. Cuando lo veas lo entenderás. 🙂

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