Lo mejor y lo peor de 2012: las polémicas.

Menudo añito de polémicas infaustas y que no han llegado a ninguna parte. Sin embargo nosotros, fieles a nuestra tesis del «todo mal, y si puede ser, a peor», creemos que la situación ha sido, si cabe, más ridícula que el año pasado. Queremos decir: las polémicas son el termómetro de la porquería que tiene en la cabeza la gente, de cómo se le da importancia a cuestiones que no la tienen. Digamos: la conclusión de un juego, o la superficie políticamente correcta de una campaña publicitaria teledirigida, precisamente, para tocar las narices a la gente que cree en esa corrección política. Y si el año pasado hubo discusiones más o menos justificadas por culpa de los métodos maquiavélicos que las compañías usan para sajar el bolsillo del jugador (si, Diablo III, sí), o de la explotación que sufren algunos empleados del sector (como pasó cuando salieron a la luz las prácticas laborales del Team Bondhi), o de la escalofriante certeza de que nuestros datos están en manos de un puñado de inútiles (como sucedió por culpa del espectacular hackeo de PSN y la puesta en solfa de millones de tarjetas de crédito), este año hemos tenido a defensores del Bien desde el sillón de casa y mundos de fantasía vilmente traicionados. O sea, que vamos siempre a peor, a preocuparse de lo anecdótico, a polemizar con el chichinabismo. Veamos alguna de esas polémicas.

Sin duda la más sonada de todas las polémicas del año fue la que llevó a un montón de jugadores a protestar muy fuerte porque la conclusión de la trilogía de Mass Effect no estaba a la altura de lo que llevaban deseando desde el minuto 1 de la saga. El tono, la coherencia, el toque mágico de la popular franquicia había sido masacrada por… bueno, parece ser que por pura ineptitud, porque aquí no hubo ni intereses comerciales ni toques de atención desde las alturas para que el final fuera tan pocho. Fue un caso de mera incapacidad para aglutinar lo que cada jugador había construido con su personaje. Entiendo las quejas a pesar de no ser jugador de Mass Effect, pero creo que siempre hay algo que tiene que estar por encima del consumidor: el autor. Aunque la cague. Por supuesto, como consumidores tenemos todo el derecho del mundo a patalear, a lloriquear y a mandar a tomar por saco a Bioware por no haber cumplido con su parte del trato. Pero Bioware ha sentado un peligroso precedente cambiando ese final y ofreciéndoselo a los jugadores embravecidos como disculpa: es peligroso y me hace temer un futuro de jugadores que exigen el desarrollo y la conclusión que ellos quieren a sus historias, porque para eso son los que pagan. Un futuro de la mierda.

El famoso Doritogate nos ha puesto frente a frente de morros con una cara del periodismo de videojuegos que a muchos no nos gusta contemplar, especialmente aquellos de nosotros que escribimos en prensa especializada mainstream (cómo se han quedado con la definición). Quienes estamos dentro sabemos lo complicada que es la relación con las compañías, y quienes hemos estado en posiciones de relativa responsabilidad (servidora: fui redactor-jefe de una revista publicada por un grupo editorial que manejaba panoja en grandes cantidades) sabemos hasta qué punto es una trampa mortífera intentar dárselas de independiente y de multitudinario a la vez, de enfant terrible y de «larevistamásvendidade». El Doritogate también nos ha puesto cara a cara, a quienes creemos que hablar de videojuegos no es necesariamente adjudicarles un número o aconsejar a un niñato qué tiene que comprarse esta Navidad, con unos lectores absolutamente despegados de la realidad y del proceso de confección de un medio de comunicación. Es gracioso cuando sale el tema de los maletines de dinero, pero cuando te tropiezas con media docena de personas que te preguntan por ellos absolutamente en serio, piensas que igual el problema no es solo de los periodistas, sino de la pura y llana incultura del jugador medio.

Y luego está el tema de la violencia. Ficticia o real, pero que los medios han metido en el mismo saco, y por eso yo lo traigo al mismo párrafo: para que todos nos demos cuenta de hasta qué punto es ridículo mezclar churras descabezadas con merinas supurantes. 2012 ha sido un año en el que la violencia en los videojuegos y lo que esta genera ha empapado la industria y, sobre todo, la comunicación sobre la industria. Y no, por una vez no ha habido ningún juego tipo Manhunt 2, ningún título que haya hecho alzarse a los cazadores de brujas tradicionales en busca de un culpable por la violencia que asola nuestra sociedad (aunque Ana Rosa Quintana y su cobertura de la masacre de Newtown están alcanzando niveles de descerebre ciertamente míticos en ese sentido). Pero sí que hemos tenido que hacer un triángulo, muy serios, como dice Noel Ceballos, con los dedos índices y pulgares de las manos apoyados en el rostro, para contemplar vergonzosos casos de violencia figurada a la que se da excesiva importancia. Por ejemplo, la violación a Lara Croft en el nuevo Tomb Raider, que los comentaristas señalaron con el dedo porque, joder, el juego es de una terrible complacencia con la violencia hacia las mujeres (el tramo mostrado en el E3 era, esencialmente, Lara gimiendo muy fuerte al pasar por cuevas estrechas), pero casi nadie se paró a criticar que lo realmente grave de esa secuencia de violación es que justificaba que, una vez adulta, Lara fuera una aventurera emancipada gracias a ese trauma. ¡Y eso sí que es terrible! ¡Pero porque hay que ser un guionista vago para sacar adelante esa causa-efecto de chichinabo! Claro, que si quitáramos esos resortes de todos los juegos se nos quedaba esto como un solar. Y mientras tanto, Anita Sarkeesian intentando sacarle punta a fenómenos tan chuscos como ese con un documental vía Kickstarter, y topándose con los insultos y la agresión verbal de miles de pajeros que creían que les estaba llamando violadores en potencia, chauvinistas del copón o yo qué sé, e hicieron juegos en flash en los que había que abofetear a la Sarkeesian hasta hacer que sangrara, en una de las reacciones más infantiles y vergonzosas de los jugadores hacia… hacia… yo qué sé qué peligro veían en la Sarkeesian, la verdad.

El año ha acabado con una de cal y otra de arena, es decir, una del mundo real y otra de la ficción, para Hitman: Absolution. Por un lado, polémica porque el protagonista tiroteaba a un grupo de monjitas sexies. Al parecer eso es un escándalo en un trailer completamente coregrafiado, excesivo y over-the-top, es decir, muy consciente de que es ficción y sin intención de engañar a nadie en ese sentido. Y esa misma gente se quejó luego de que una campaña de Hitman que duró una hora on-line promovía el bullying vía Facebook, ya que permitía fijar un objetivo de entre tus amigos y generar un chusquísimo vídeo con secuencias del juego y motivaciones para el crimen como «es pelirrojo», «se maquilla mal» o «le pone los cuernos a su pareja»entre otras lindezas predeterminadas. Que eso pueda considerarse bullying, bueno, yo qué sé, la gente es muy delicadita, pero pase: lo aceptamos como bromazo inadecuado que se puede ir de las manos. Pero ponerlo al mismo nivel de unos personajes de ficción muriendo a manos de otro personaje de ficción, por muy monjas sado que sean, no sé: es como montar la de dios porque no te gusta el final de un juego o porque le ponen la mano encima a un montón de píxeles. Que le hemos dado demasiadas vueltas a todo esto, pero lo de Zynga y sus despidos sí que es un crimen y un escándalo. De los gordos.

Pero claro, no hay tetas.

5 opiniones en “Lo mejor y lo peor de 2012: las polémicas.”

  1. Hija mía, pues si has llegado a ser redactora-jefe de una revista de videojuegos con esta prosa tan correctita que tienes…¡eso sí que es una verdadera proeza y no lo de los jugadores del Mass Effect.!

    «la popular franquicia había sido masacrada por… bueno, parece ser que por pura ineptitud, porque aquí no hubo ni intereses comerciales ni toques de atención desde las alturas para que el final fuera tan pocho. Fue un caso de mera incapacidad para aglutinar lo que cada jugador había construido con su personaje»

    Cuando leo esta clase de críticas llenas de tanto desprecio y prepotencia, pienso «ay, criticucho, qué fácil es destripar a los creadores de videojuegos, música, cine…pero me gustaría verte a ti en sus labores a ver qué conseguírías.»

  2. Hombre, Rubén, no sea usted así. Si le hace ilusión destripar mi obra, la tiene: he escrito abundantes cosas de ficción, algunas de ellas muy recientes. Así que si usted, como fan de Mass Effect dolido en lo más hondo que es quiere ponerse en modo ragnarok, no tiene más que buscar mis libros y ponerse hecho una furia. ¡Que es gratis! Yo le animo y así nos reímos todos.

  3. Si le digo la verdad, Andrés, esto es LA SAL DE NUESTROS DÍAS. Si no dejaran caer chorradas como pianos de vez en cuando por aquí esto sería un coñazo.

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