«Crysis 3» – Crítica

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Crysis 3
Crytek Frankfurt / Crytek UK
PC (version comentada), Xbox 360, PlayStation 3
2013

Sumerjámonos por un momento en las turbias aguas de las comparaciones, sólo por diversión: si el sacrosanto Half-Life 2 es una película de J.J. Abrams, Crysis 3 es una película de Michael Bay. Y no lo es sólo por su argumento sencillo en extremo, sin apenas sorpresas o giros salvajes, ni por contar con personajes unidimensionales (nota aclaratoria: puede no parecerlo a simple vista, pero quien esto escribe siente una sincera y longeva admiración por las películas del director de La Roca), sino porque Crysis 3 es, ante todo y sobre todo, un espectáculo audiovisual y una demostración de fuerza. En una película de Michael Bay cada fotograma de cada plano grita «¡DINERO! ¡DESPLIEGUE DE MEDIOS!», todo brilla y parece nuevo, recién salido de la fábrica, como si fuera un anuncio del último modelo de Cadillac (a veces lo es); las chicas están bronceadas y delgadas, y hasta el último detalle de cada escena ha sido colocado ahí con mimo. Luego entra en juego el propio Michael Bay y toda esa belleza es volada por los aires sin compasión. A Crysis 3 (y a sus antecesores) les sucede lo mismo: el motor del juego, que no hace sino evolucionar con cada entrega, lleva tan lejos como es posible con la tecnología actual el tan ansiado fotorrealismo, creando entornos creíbles, cimentados por una férrea lógica física, y cuidados hasta el más mínimo detalle. No es extraño –ni hay que sentirse culpable por ello– pararse a disfrutar del trabajo de texturas, del agua, o del modelado de los enemigos, aunque solo sea porque está más allá de lo corriente (el entusiasmo por la parte técnica varia de un sitio a otro en intensidad, pero es generalizado). En resumidas cuentas, jugar a Crysis 3 (y sus antecesores) es como disfrutar de una de las películas con el Bayhem Seal of Quality, incluyendo la irrenunciable letanía de Bay Explosions™.

Crysis 3 se basa en la búsqueda de un equilibrio interno que hasta la fecha le ha resultado un tanto esquivo a la saga: la primera entrega ofrecía un escenario completamente abierto y con estructura de sandbox, un salvaje patio de recreo que se esfumó con la segunda entrega, que tonteaba más de la cuenta con el pasillismo. En Crysis 3 el Michael Bay de los videojuegos, un siempre saturado de taurina Cevat Yerli, prometía un regreso a los orígenes que ya podemos afirmar que no ha sido tal. Sí es cierto que el nuevo escenario, una gigantesca cúpula situada sobre los restos de Nueva York y dominada por la naturaleza, resulta más estimulante tanto en lo visual como en lo jugable que la Nueva York contemporánea de Crysis 2, pero queda muy lejos del mundo abierto del primer Crysis. Hay un par de niveles que tratan de ofrecer la misma experiencia (o muy similar) con un mapa extenso y diversos objetivos separados por una distancia considerable, a completar según el criterio del jugador… pero algo ha salido mal, porque resultan bastante tediosos, en especial el de la cueva. En el fondo sigue recurriendo al pasillismo y a una buena dosis de escenarios por defecto que ya hemos visto mil veces.

La otra búsqueda de equilibrio se encuentra en los dos aspectos básicos de la armadura: blindaje y camuflaje óptico, o lo que es lo mismo, fuerza bruta y sigilo. En ese aspecto sí cabe la alegría y el jolgorio, pues Crytek ha conseguido descubrir la fórmula perfecta en cuanto a mecánica, dejando en manos del jugador cómo quiere afrontar cada nuevo tramo. Uno puede jugar como un tanque humano, lanzando granadas y balas a cada centímetro del escenario, convirtiéndose en un émulo del mejor Schwarzenegger, o… puede ser casi un ninja, utilizando muertes sigilosas cuerpo a cuerpo o con silenciador, buscando caminos ocultos en los recovecos de cada escenario, estudiando los movimientos de los enemigos y haciendo todo aquello que requiere de mucha paciencia y tacto y para lo que no todo el mundo está preparado. Son dos formas distintas de afrontar el juego, ambas igualmente disfrutables. Sé la máquina de matar definitiva, una máquina pesada y ruidosa, y te ventilarás Crysis 3 en apenas 5 horas. Sé una sombra, no dejes que te vean, calcula fríamente cada movimiento… y el juego te durará el doble. Tú elijes. Todo esto se ve complementado por un sistema de mejoras más elaborado que el de Crysis 3 que permite remarcar aún más el estilo de juego de cada uno. Y como no, desde aquí mi más sincera declaración de amor para el arco, el arma que se convierte en imprescindible sea cuál sea el estilo de juego elegido, y que permite resolver toda clase de situaciones. Un hombre que no se siente atraído por las flechas explosivas ni es hombre ni es nada.

No es tan maravilloso como suena. Está el ya mencionado problema del escenario que tiende más al pasillismo de Crysis 2 que a la libertad de Crysis, un mal necesario si quieres diseñar unos escenarios tan abiertos en cuanto a posibilidades pero con una ejecución clara para el jugador y competente. La duración del propio juego no tiene nada que ver con la de aquellos dos, siendo más cercana a la de la expansión Crysis Warhead, un factor muy a tener en cuenta en estos tiempos de bolsillos llenos de telarañas. La Inteligencia Artificial del enemigo sigue estando tan sólo unas décimas por encima del retraso mental, en lo que ya es un problema que parece irresoluble. Y luego está una cuestión tal vez menor, pero en la que Crysis 3 sobresale para mal: el argumento y su desarrollo narrativo son de una pobreza excepcional, muy lejos del buen trabajo que Richard K. Morgan (el de Carbono Alterado, señoras y señores) llevó a cabo en Crysis 2, y con ninguna relación con el aire de aventura pulp de la primera entrega. Aquí todo se reduce a personajes desdibujados, dramas de quita y pon, y excusas pobres para que unos y otros actúen de una forma determinada. Nadie va a jugar a Crysis 3 por su argumento, cierto, pero no hay nada malo en ofrecer entretenimiento de calidad a nivel narrativo. O al menos intentarlo. El multijugador llega para equilibrar la ecuación, ofreciendo una experiencia salvaje que requiere de bastante dedicación (ojo con el modo Hunter, droga dura), y que con un poco de suerte conseguirá (¡esta vez sí, seguro!) mantener alejados a los tramposos que convierten el multijugador de Crysis 2 en un paseo por el Infierno.

Crysis 3 no es la perfección hecha juego, y como el resto de juegos de la serie no es (ni pretende ser) un plato del gusto de todos. En ese aspecto Crytek ha llevado su propuesta hasta el extremo y ha conseguido crear una experiencia que funciona sea cuál sea el modo elegido, dando algo más de relevancia al auténtico sigilo, que no acababa de funcionar en anteriores entregas. Técnicamente es perfecto y muy orgulloso de ello, no deja de recordártelo mientras juegas, e incluso la versión de PC funciona perfectamente sin necesidad de esperar a parches (¡Hola, Danger Close!). Es solo que como vuelta a los orígenes que prometían se ha quedado a medio camino, y hay algunos niveles francamente poco inspirados y aburridos, pecado doble dado que el juego es corto. Pero para qué negarlo: he disfrutado, en términos generales, e incluso el epílogo me arrancó una muy agradecida sonrisa de complicidad. Si sirve como apunte final al análisis, Crysis 3 no me ha dejado con ganas de más, y todo parece quedar atado para que Crytek se lance a una nueva IP. Al ritmo que va esto, no tardaremos en saberlo.

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