Semana Bioshock Infinite: Infinite Jest

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Es inevitable, a la hora de intentar hacer una reflexión sobre los logros de Bioshock Infinite así como de su futura repercusión a medio y largo plazo en el sector, mencionar al que fuera juego cumbre en esto de contarnos una historia en base a nuestra propia interacción con los esquejes de su orografía, a ese confeccionar activamente una trama que aparece deconstruida, codificada y dispersa a través de pistas multilenguaje repartidas en cualquier recodo aparentemente insignificante, a Portal 2. Y es muy probable que Irrational Games y Valve tengan que compartir el trofeo al mejor y mayor hito narrativo que ha alumbrado el medio puesto que, a pesar de que mantienen una intención base en común, cada uno de ellos ha sabido llevarla por diferentes caminos y ha sabido hilar sus propios patrones tirando de los hilos oportunos en cada uno de sus relatos. Bioshock Infinite es más sorprendente, multirreferencial y apasionado, pero no nos olvidemos tan pronto del corazón latente de las máquinas de Aperture Science.

Ajustando la mira al último trabajo de Irrational Games, Bioshock Infinite no solo da una magistral lección de diseño donde cada pequeño aspecto de todo cuanto vemos, oímos y manipulamos en el juego tiene información valiosa que aportarnos a cualquiera de los niveles que baraja la narración, sino que además se las apaña para despacharnos una cruenta crítica sociopolítica y religiosa que sí, evidentemente, alude a la historia reciente de América, pero que de forma paralela sabe, en ciertos puntos no demasiado sutiles, serpear por sendas que ceden parte de su terreno a la ambigüedad y que son capaces de apelar a la universalidad de ciertos temas, más allá de los referentes directos a los que alude; así, los guardianes de la moral ajena suelen ser quienes más dobleces presentan en la suya propia, los oprimidos difuminan el sentido de la justicia acometiendo una revolución que acaba en el baño de sangre de los opresores, la espiritualidad se reconfigura para servir a los intereses del mercantilismo, o la infinitud de nuestra propia historia no cesa de repetirse con modelos de ensayo-error, ya sea la real, o aquella que en base a la real configuramos a modo de ficción.

La utopía ultrarreligiosa de Comstock, pese a la redención del personaje tras el bautismo, sigue perfecta e inevitablemente alineada con esa mentalidad patriótico-caballeresca de su reverso Booker Dewitt. Comstock simplemente realiza un viraje de intereses, un cambio de perspectiva influenciado por el fervor religioso, pero todo el sistema sociopolítico de Columbia, e incluso la propia iconografía cultural, se sustenta en la violencia y el sometimiento ejercidos sobre un enemigo señalado de manera unilateral. El enemigo, ya sean los indios, los negros, los irlandeses, o el propio diablo, retratado en un teatrillo de marionetas y convertido en icono publicitario, debe ser aniquilado. Esa religiosidad tan particularmente interpretada es el pretexto bajo el cual el autoproclamado profeta continúa expoliando y masacrando a aquellos que considera sus contrarios. El bautismo y la posterior reconversión ideológica de Comstock no es más que un punto y seguido  tras el cual solo cambia el enemigo, pero no la mentalidad ni, en esencia, el sistema. El paraíso que ofrece Columbia no es más que la traslación a las lindes aéreas de lo inabarcable (una ciudad en el cielo fuera a cualquier control externo) de una guerra de poderes no muy diferente de aquella de la que Comstock había renegado, una que continúa sustentando su bienestar en base a la opresión y al sometimiento del otro.

El valor narrativo de Bioshock Infinite no acaba ahí, en la filigrana de lecturas y sublecturas con un trasfondo político, social y religioso, sino que  todo ello se encauza en los raíles de la ciencia ficción, ámbito éste que no se libra tampoco de su buen puñado de referencias. Cuando se destapa la existencia de los multiversos se vuelve a poner de manifiesto esa noción de infinitud no solo repetida a lo largo de nuestra historia de manera lineal en el espacio-tiempo, sino extensiva a todas las historias de esos otros mundos paralelos destapados en la segunda mitad del juego, unidos inextricablemente al nuestro. También hay espacio, y mucho, para lo puramente simbólico, en tanto la infinitud, también, de la propia Elizabeth, imagen del hijo —hija en este caso— como ente a salvaguardar en tanto promesa de futuro, depositaria del legado del presente o pieza fundamental en la búsqueda de enmienda y redención de los pecados de los padres.

Bioshock Infinite es referencia pura, síntesis, narración y profundidad, y si bien todo ello no es tan perfectamente dependiente de la mecánica como único canal de transmisión del mensaje, como hiciera Portal 2 en su día, sí que demuestra ser extraordinariamente hábil a la hora de servirse de la conjunción dinámica de elementos multimedia que supone el videojuego para contar una historia que de otro modo, en cualquier otro medio, sería impracticable.

3 opiniones en “Semana Bioshock Infinite: Infinite Jest”

  1. Me gustaría hacerte una pregunta enormemente gilipollas: ¿has leído La Broma Infinita? Estoy en mi personal semana de «la-gente-cita-locamente-a-Wallace-sin-que-nadie-le-haya-leído-en-verdad».

    Por otra parte, parece que estés hablando de una novela o de un relato cinematográfico. Háblame de la parte del jugador: ¿crees que es necesaria la mecánica del FPS? ¿No te parece que sobra? Toda esta narración sobre la que reflexionas (sin duda lo más interesante del juego) me parecía solo un contexto a la acción del jugador.

    Un saludo.

    P.S.: las frases de un párrafo de distancia hacen daño a la vista.

  2. Hola Trocky.

    Mi conocimiento sobre la novela de Wallace se limita a reseñas y referencias de terceros, no, no la he leído aun, de ahí que el guiño inocente empiece y acabe en el propio título del artículo, sin más. No era mi intención hacer creer a nadie que planteo reflexiones o puntos en común, más allá de esto. Ni me atrevería, vaya.

    Si el artículo no habla de aspectos jugables es porque forma parte de un grupo de artículos dedicados al juego que se publicarán a lo largo de esta semana, y cada uno de ellos toca uno o varios aspectos de Infinite, ni más ni menos que lo que cada redactor haya tenido a bien destacar. Estoy segura de que alguno de mis compañeros sacará a relucir lo jugable, ¡no lo dude!

    Saludos.

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