Guacamelee! – Crítica

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Guacamelee!
DrinkBox Studios
PS3 (versión comentada), PSVita
2013

Los que por edad o despiste hemos llegado a los videojuegos tarde, con los grandes pilares de las mecánicas ya prácticamente levantados y la mitad del pescado del lenguaje vendido, tenemos a veces problemas para valorar con justicia la importancia de ciertos clásicos del juego añejo. No pasa con todos, claro, por poner solo dos ejemplos Metroid o Megaman son juegos que parecen venir del futuro, tan modernos e hipnóticos que podrían haberse lanzado mañana. Pero también es normal que, en un medio donde el avance tecnológico tiene un peso tan importante, muchas vacas sagradas de los primeros tiempos del píxel parezcan hoy endebles y esquemáticas, restos rancios de una manera de entender el medio que ya solo puede interesar a nostálgicos y fetichistas. A veces desgastarse es el precio a pagar por abrir un camino por el que luego circulará la industria en pleno, otras es la consecuencia natural de ser un producto de tu época. También pasa que hoy parece muy malo alguno que tampoco fue antes tan bueno, pero a ese ahora que le echen un galgo.

Y entre el trajín de las modas, los choques de franquicias y el baile periódico de nuevas plataformas que enarbolan la bandera de la novedad para poder establecerse, a veces se despistan mecánicas sin que haya habido tiempo de agotarlas. Por un cambio en los gustos o un golpe de timón tecnológico, de pronto un enfoque o un género al completo desaparece como por ensalmo, se pierde entre las nuevas fórmulas y a veces pasan años hasta que encuentra el camino de vuelta.

Guacamelee! es un metroidvania de corazón y maneras, posiblemente el mejor y más completo desde esa otra rareza que fue Symphony of the Night, donde luchadores mexicanos y memes de Internet sustituyen a los colmillos y las criaturas de la noche en escenarios coloridos que habrá que patear una y otra vez a medida que se vayan desbloqueando habilidades. Hasta aquí todo bien, estupendo incluso, porque a la mezcla se añade un sentido del humor muy de agradecer y unas nuevas mecánicas cooperativas y de día y noche (cambio de realidades, en este caso) que abren el juego a posibilidades francamente jugosas sin tocar en ningún momento lo esencial. Los fans del género se van a encontrar además con jefes gigantescos, tiendas donde ciclar al protagonista, misiones secundarias, monstruos variopintos (aunque se hubiera agradecido un poquito más de variedad) y una duración más que aceptable para el que se atreva a ir a por el cien por cien. Difícilmente saldrá nadie defraudado, y siendo todo esto estupendo, ni siquiera empieza a rascar lo que hace verdaderamente grande al juego.

Castlevanias en 2D rigurosos e incluso razonablemente innovadores los ha habido hasta hace nada en DS, los tres que se lanzaron son más que recomendables cada uno a su manera. La nueva encarnación que trae de la mano Mercury Steam es un volantazo que hará saltar ampollas, pero también un título a tener muy en cuenta por el fan que sepa ver la herencia de la saga como un trampolín y no una losa insalvable. Todos son juegos que actualizan la fórmula, la proyectan hacia el presente incorporando de aquí y allá, mirándose en aciertos de unos y otros con el objetivo de mantenerla moderna y lustrosa. Perros viejos aprendiendo trucos nuevos, en definitiva. Y bien que hacen.

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Pues Guacamelee! sigue el camino contrario: menos una cosa, de la que hablaré más tarde, todo lo que sabe lo ha aprendido de la vieja escuela. Escenarios implacables de dificultad feroz, plataformas endiabladas, villanos con patrones de ataque contundentes pero repetitivos, caminos que se abren solo para aquel que sea capaz de recorrer la pantalla enlazando con precisión una retahíla demencial de combos. Todo en el juego vive y muere a partir de nuestra habilidad, que demasiado a menudo no será suficiente, pero para quien persevere queda el mejor de los premios posibles en el mundo del juego retro: un nivel aún más infernal y exigente con el que medirse. Sin monsergas, sin muchas veces dejar al jugador una red de seguridad, parece como si los diseñadores de Drinkbox se hubiesen pasado veinte años incomunicados en un sótano, desentrañando juegos de SuperNES sin salir más que para comer burritos y beber tequila, pergreñando un título que ni se molesta en pensar en tendencias o modas porque todo lo que se le tiene que decir se dijo un par de generaciones atrás. Hay un par de guiños a los personajes de Castle Crashers y Journey salpicando el escenario por aquí y allá, pero el grueso del homenaje pajero está dedicado a lo que de verdad pesa en Guacamelee!, el juego viejuno, y por eso es más fácil encontrar versiones mexicanizadas de Megaman, Link, o los hermanos Mario copando carteles, vidrieras y los rincones más insospechados del mapa. Todo referencias, sin ninguna aplicación en mecánicas. Es una manera de reconocer que la vida ha continuado todo este tiempo, sí, pero que el camino a seguir en realidad se trazó ya hace mucho, y desde ahí poco se ha avanzado.

Salvo en un caso.

Solo hay un juego moderno cuyas mecánicas irrumpan de pronto y se integren con los 16 bits en un maridaje imposible.

Y es Portal.

De pronto, cuando parecía que el juego estaba a punto de agotar su propia fórmula, los portales azules y naranjas aparecen de la nada e infectan la exploración, el plataformeo y los cambios entre realidades en que se sostenía antes. Y funcionan. Y al funcionar, este plataformas con alma de viejo cascarrabias se convierte en otra cosa, orgullosamente retro pero moderna como nunca podría serlo el juego más vanguardista. Guacamelee!, el juego con la ambición de ser un cartucho que hubieras comprado con doce años, de pronto se convierte en el eslabón perdido entre una manera de hacer las cosas que nunca llegó a ser y el título en torno al que la industria debería construirse en un futuro ideal.

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En medio del empacho de blockbusters que no dejan ver el bosque, es esperanzador encontrarse en el mismo mes el lanzamiento de Castlevania: Mirror of Fate y Guacamelee!, dos juegos que parten de la misma fórmula y la hacen crecer corriendo en direcciones contrarias. A veces, con tanto despropósito de presupuesto disparatado, es fácil olvidar que somos aficionados a un medio que permite a la vez la evolución y la reescritura, con una Historia detrás llena de hallazgos y un presente donde cuando menos se espera salta un título dispuesto a ponerlo todo patas arriba. Guacamelee! suena convincente cuando parece gruñir algo sobre que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero se hace grande al quitarse la máscara y revelar que en realidad lo que le ha importado todo este tiempo es la búsqueda de la mecánica afinada.

Y entonces hay que darle la razón, claro.

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