Cinema Ludens Redux- The Great Gatsby para NES

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The great Gatsby for NES.
Charlie Hoey
Flash, juégalo aquí.
2011

No ha sido Baz Luhrmann el primero en meterse en camisa de once varas al adaptar El gran Gatsby, una novela tan engañosamente sencilla que si mil personas se la leyeran esta noche, mañana habría mil diez interpretaciones diferentes sobre su significado e intenciones. Desde el año siguiente a su publicación, el cine, el teatro y hasta los cómics han ofrecido lecturas y relecturas de una obra que por unas causas o por otras siempre parece escurrirse entre los dedos de sus adaptadores. De entre todos, a nosotros el que más nos convence es Charlie Hoey, programador de esta maravilla que trata de imaginar cómo hubiera sido una imposible versión para NES del gran clásico del petarlo años veinte.

Para celebrar que el estreno de la nueva película vuelve a poner al personaje de actualidad, recuperamos este microanálisis que publicamos el año pasado al hilo de adaptaciones videojueguiles de libros. Y si les gusta el jueguillo, recuerden pasar luego por la store de la página para lucir una hermosa camiseta de martinis pixelados de paso que ayudan a gente talentosa. Todo ventajas, Old Sport.

Aunque no es el único importante en la novela, hay un tema fundamental en El gran Gatsby que le tiene que sonar cercano a cualquier jugador con un mínimo de callo: el pasado no es lo que era, nunca lo fue. Un poco como le sucede a Gatsby con Daisy: si no se anda uno con ojo al echar la vista atrás, puede acabar descubriendo que casi todo lo bueno pasó únicamente en su cabeza. Y sin embargo, ¿quién es el guapo que escarmienta para siempre del picor de la nostalgia?

The great Gatsby for NES adapta la novela de Scott Fitzgerald como se adaptaban las cosas en los tiempos de los 8-bits: rellenando los espacios entre escenas con peleas desquiciadas, cronómetros y, en este caso, literalizando la simbología al completo del texto original. Así los chanchulleos entre Gatsby y la mafia, que la novela apenas dejaba entrever, se manifiestan en combates a vida o muerte contra ejércitos de gangsters armados con bates; la investigación de Nick sobre Gatsby se convierte en un nada alegórico descenso a las alcantarillas de la ciudad; el anuncio de la óptica de T. J. Eckleburg, metáfora del dios vigilante y castigador, en un final boss especialmente puñetero. Cada ingrediente significativo de la novela se deforma hasta encajar con elegancia en la dinámica de los plataformas ochenteros, y si el experimento resulta de lo más natural es porque ambos códigos resultan ser más afines de lo que nadie en un principio hubiese imaginado: el polo de luz como meta final, escenarios diversos pero hostiles al protagonista, la ex como retrorrotura.

Y así vamos todos: barcos que reman contra la corriente, eternamente empujados hacia el pasado. Pero todos todos.

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