«Far Cry 3: Blood Dragon» – Crítica

Blood-Dragon

Far Cry 3: Blood Dragon
Ubisoft Montreal
PC, PS3, Xbox360

Aunque no todo tiempo pasado fue mejor, tampoco es difícil entender la nostalgia hacia ciertas épocas en las cuales pesa la idea de haber sido un lujurioso oasis de exceso en el cual los más irredentos fanáticos de una expresión cultural determinada aun pueden bucear eternamente en búsqueda de joyas hoy ya imposibles. Y eso el videojuego lo sabe muy bien. Después de la pixelmania que aun hoy nos asola, la enfermiza obsesión por volver a la ignominiosa belleza del píxel, el videojuego ha acabado en aquello que el crítico Simon Reynolds ha tenido a bien denominar como retromania. ¿Y qué es la retromania? La obsesión de la cultura del presente por su propio pasado; la archivística que nos induce a revisitar constantemente lo ya conocido, a que todo acto cultural sea un guiño envuelto en una referencia engarzado en una parodia. Y aunque de hecho Far Cry 3: Blood Dragon está circunscrito dentro de esta lógica de pasión desaforada por el pasado, tiene algo que la mayoría de los productos culturales de su estilo no tienen: una clara intención de dictar una lógica interna propia.

Far Cry 3: Blood Dragon es un homenaje paródico de las películas de la siempre gloriosa, todos en pie por favor, Cannon. Punto. La crítica podría haber empezado y acabado con la frase anterior y su público objetivo, aquellos que saben y necesitan jugar a tal macarrada que parece impropio que haya salido del seno de Ubisoft, no necesitaría saber nada más; el juego enraíza tan bien con cierta tradición clásica, con el exceso maravilloso de violencia y sci-fi que se le presupone, que todo el amor que se le puede procesar nace del recuerdo maravilloso de las cintas VHS asegurándonos surrealista acción ninja. Ahora bien, su gran virtud es que, si de hecho es posible dar continuidad a la crítica, es porque el juego no empieza y acaba en el fecundo homenaje que supone a toda una tradición: quienes más apreciarán el juego serán aquellos que conozcan de antemano aquellas cosas que esperan de facto que aparezcan, pero a partir de ahí Ubisoft Montreal monta lo que realmente nos interesa de todo esto: un juego sólido, a prueba de dragones blindados que lanzan rayos láser por los ojos.

Far Cry 3: Blood Dragon

El juego desde un principio se nos define a partir de una lógica olímpica: más rápido, más fuerte, mejor; él no quiere que tengamos que pensar mucho, o mejor nada, sólo quiere que nos centremos en poder exterminar de la forma más sistemática y brutal posible a todos los cyborgs que han decidido traer la destrucción absoluta al mundo. Porque Michael Biehn, aquí en el papel de Rex Colt, jamás permitiría el apocalipsis otra vez. Es por eso que cualquier atisbo de complejidad que pudiera haber en Far Cry —el crafteo, la selección de habilidades al subir de nivel—, aquí se ve obliterado para permitir que nos centremos en lo realmente importante: matar muy fuerte. Somos Michael Biehn versión cybercomando, ¿por qué tendríamos que preocuparnos de esas menudencias, cabronazo?

A partir de aquí se puede comprender por qué la endeble linea argumental, que siempre nos hace ir del Punto X al Punto Y matando todo lo que haya entre medias, y lo vaciado del mundo abierto, que se reduce a la conquista de bases y hacer misiones secundarias que consisten también en un exterminio masivo bajo ciertas condiciones, más que defectos se nos desvelan como virtudes. Menos es más cuando se trata de arrancarle el corazón a un cybersoldado para así poder atraer con su olor a un dragón sangriento con el cual destruir una base enemiga después de desactivar sus escudos de protección, previa infiltración en la misma. En un juego en el cual el botón para el ataque cuerpo a cuerpo también es el botón para hacer una peineta, acompañado de un sonoro fuck you, es fácil entender la lógica subyacente al mismo.

Far Cry 3: Blood Dragon

¿Significa lo anterior que carece de cualquier lógica propia más allá del ser una parodia de una cierta clase de cine de acción? En absoluto. Su lógica macarra hereda un cierto estilo propio, pero lo lleva más allá de lo que hubiera sido inimaginable en los 80: las referencias roleras se suman al humor de trazo grueso y los chistes meta pasados de vuelta en los cuales se nos concede como premio por llegar hasta un cierto punto determinado un dragón sangriento con machine gun, tratándonos así de soccer mom que gana un monovolumen en la ruleta de la fortuna en versión distópica pasada de vueltas. Es tan cafre, colisionan tantos mundos dentro de él, que es otra cosa distinta a la mera suma de sus partes. Aun con todo, tampoco sería difícil seguir las pistas de algunos de sus homenajes más evidentes, como la declarada pasión hacia Hobo with a Sothgun —la cual el productor del juego admitió ser una de las referencias ineludibles, además de compartir compositor de banda sonora con ella: Power Glove— o la evidente influencia estética de Drive —cuyo diseñador, James White, hace la portada digital del juego—; Far Cry 3: Blood Dragon es un homenaje al cine de los 70 y los 80, pero también es una alucinada re-visitación de lo que podría haber sido esa época de ser más auto-consciente de su impacto posterior en nosotros.

Aunque habrá quien defienda que estamos ante un caso de retromania de manual, no seré yo quien lo haga, más al contrario, es un caso de como bordear el abismo de la misma para hacer otra cosa. En Far Cry 3: Blood Dragon nos encontramos un homenaje articulado desde una plena consciencia, con la necesidad de ser infinitamente macarra —cosa que demuestra ya desde el principio: no es que su tutorial no sea hastiante, sino que resulta completamente imprescindible en su genialidad sardónica—. He ahí que el fuck you que podemos hacer cada vez que no estemos próximo a un enemigo, ese exabrupto sólo antepuesto ante la puñalada trapera, sea la definición exacta del juego. No hay que buscar lógica, profundidad, o un revolucionario sentido estético o mecánico en el juego, pues su único interés es que cojamos el mando y disfrutemos asesinando cyborgs entre carcajadas de aprobación. Esa, y no otra, es su auténtica lógica interna.

2 opiniones en “«Far Cry 3: Blood Dragon» – Crítica”

  1. Lo bajé ayer y es la primera vez que salgo de la demo para comprar un juego habiendo jugado los 2 primeros minutos de el tutorial.

    Retromania o lo que quieran, pero nunca me había dado tanta prisa por soltar mi dinero.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *