«Journey» es mejor que una caja de bombones

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Da gusto pasearse por Journey sin necesitar enemigos que abofetear, por una vez. Durante la mayor parte de este trayecto espiritual estamos solos ante unos escenarios abrumadores y ataviados tan solo con una túnica roja y una bufanda que resultará decisiva. Empezaremos a encontrar compañeros y será toda una alegría su compañía; desaparecerán y será toda una pérdida. En fin, la vida. En una experiencia tan trascendental como la que presenta Journey, todos los sentidos se hacen el amor entre sí, muy delicadamente, creando una atmósfera de movimiento. Esta sensación de oscilación, de elevación, capta el dinamismo de una travesía en la que se generan incluso olores y texturas. Una amiga mía siempre dice que el olor de una persona nunca se va de su lado, aunque no vuelva a verla; es el sentido con más memoria. «El alfabeto de los olores era infinitamente mayor y más diferenciado que el de los tonos», que decía Süskind en su Perfume. En este caso, al acabar Journey habremos recogido una serie de fragancias de colores que recrearán un universo sin identidad inicial al que nuestro imaginario ya sabrá dar forma y personalidad.

He pensado en cómo omitir la expresión «viaje musical» al describir el trabajo de Austin Wintory. Pero nada, que no. Es un viaje. Uno tan asombrosamente bonito que hasta la arena de las dunas parece formada por estrellas. La presencia constante del cello mueve toda la aventura hacia la luz, hacia la belleza y…hacia una lejana y enorme montaña del tipo ojo de Sauron. La banda sonora de Journey dura una hora, y durante las dos o tres que se mantiene el viaje, ni siquiera nos damos cuenta de que estamos escuchando lo mismo una y otra vez. La progresión es tan delicada que aparece de forma natural en cada ambiente, y esta fluidez es la que hace tan especial un título como el de Thatgamecompany. Si el cine utiliza el fondo sonoro para completar y envolver una banda de imagen discontinua por los cambios de plano, el videojuego sabe utilizar su naturaleza para crear espacios con una esencia incuestionable.

La Garbo perteneció a un momento del cine en el que las multitudes aún se perturbaban por el rostro humano, e incluso Roland Barthes le dedicó un ensayo en su Mitologías a esa cara y al poder que emergía de ella. No tan distante, Journey conseguía crear un acompañamiento vampírico que acababa equiparándose al poder de su colorida imagen, y joder que si perturba. Ni siquiera tiene un solo diálogo, ni falta que le hace. Como olas rompiendo en la arena, hay algo en el trabajo de Wintory que tiende a la fijeza, a pesar de que cambie constantemente. Es extraño, pero aunque su música toque a veces el terreno de lo no-melódico, se mantiene determinante, firme e impecablemente hermosa.

Una orquesta pequeña, un teclado ocasional y un bajo que serpentea. Los cortes del álbum se mueven entre la serenidad y la idea de lo desconocido, entre lo vivaz y lo solemne. Llegando a la sección final, en Atonement aparece una variación sutil, como de una luz que se desvanece y continúa en Final Confluence. Varios carriles de pensamiento convergen y casi podemos oír cómo las cosas encajan en su lugar. La cuerda tiene más capas de sonido, ligeramente más suaves, que alcanzan su clímax en Apotheosis, donde todo suena urgente, emocional y muy brillante. Aceptamos nuestro destino. Este invierno me tejo una bufanda así.

Austin Wintory comenta en todas sus entrevistas que nunca quiso utilizar instrumentos exóticos para este trabajo; no quería dotar de una identidad errónea a estos escenarios solitarios en tierra de nadie, sino que cada jugador formara su propio hogar entre esas arenas sin guías. De vez en cuando libros, pinturas, discos o películas trascienden el orden normal de las cosas, y para mí ha sido así con este viaje sonoro. Un trabajo excepcional para un título excepcional. Puede que no sea el Ciudadano Kane de los videojuegos, ya saben, y no todos elaborarán la misma conexión que yo con Journey, pero sabrán admitirme que necesitamos de esta experiencia para comprender aún mejor las peripecias sonoras que puede alcanzar este medio. Un Grammy, un Oscar y un Nobel de Química le ofrecía yo a Mr. Wintory. Puedo perdonarle incluso que no incluyera Anyway you want it en los títulos de crédito.

3 opiniones en “«Journey» es mejor que una caja de bombones”

  1. Yo recomendaría cambiar el enlace del vídeo. El propio Wintory subió la banda sonora entera a su canal de Youtube y para colmo la va comentando poco a poco con notas que van apareciendo en el propio vídeo. Una joyaza, vamos.

    http://www.youtube.com/watch?v=qGcXI_BaR2Y

    Y bravos varios por el texto. Es probable que la banda sonora de Journey sea junto con la de Dear Esther mis scores favoritos de esta última década.

  2. Llore con este juego las tres veces que me lo pase,increíble,para que luego hablando con uno,diga que lo ha jugado media hora y que es una mierda,creo que nunca me perdonare haberme relacionado con ese tipo de persona.

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