«Attack of the Friday Monsters!» – Crítica

Attack of the Friday Monsters

Attack of the Friday Monsters! A Tokyo Tale
Millenium Kitchen, 2013
Nintendo 3DS

Cuando en el año 2000 apareció Boku no Natsuyasumi en una moribunda PlayStation One, pocos podrían haber adivinado que un juego sobre el día a día de un preadolescente durante el verano de 1975 terminaría por convertirse en la primera entrega de una muy querida serie de videojuegos. Sony estuvo ágil en comprender que este cariño espontáneo, aunque no supusiera reventar las listas de ventas, contribuía a definir cierta imagen de marca que desde luego le interesaba potenciar, por lo que a partir de entonces cada nuevo lanzamiento de la serie ha sido tratado con especial mimo, convirtiéndose a día de hoy de uno de los productos señeros de la compañía (solo en Japón, eso sí) y alzando en el proceso a la categoría de culto a su principal responsable, Kaz Ayabe, y al estudio Millenium Kitchen, quienes nunca han trabajado en ningún proyecto fuera de las aventuras estivales de Boku. No hasta ahora al menos, porque es esta misma condición de culto la que ha permitido que se lance por primera vez en Occidente —y traducido al inglés— uno de sus juegos, Attack of the Friday Monsters, una pildorita de apenas tres horas de duración que se incluye dentro de la iniciativa Guild, proyecto colaborativo impulsado por el estudio Level-5 con el que, de alguna manera, se pretende reconocer el talento individual en un medio que por naturaleza se presta poco a ello. Junto con Ayabe, diseñadores bien conocidos por su singularidad como Keiji Inafune (Dead Rising), Goichi Suda (Flower, Sun & Rain), Yoot  3Saito (Seaman) o Yasumi Matsuno (Vagrant Story) han participado cada uno de ellos con pequeño videojuegos distribuido en forma de recopilatorio físico (en Japón) o de manera individual a través de las tienda virtual de Nintendo (Occidente) y cuyo único nexo de unión está en la voluntad de todos ellos de ser “obras de autor”.

No es difícil imaginar por qué ninguna de las producciones anteriores de Millenium Kitchen llegó a salir nunca de Japón: todos sus títulos se sitúan en ese espacio fronterizo entre el juego y el no-juego (o “experiencia interactiva” por ponerle nombre a algo para lo que todavía no tenemos un término bien definido), con rasgos muy próximos a la variante más lineal de las visual novels, propuestas con fuerte tradición en el archipiélago, pero que nunca han sido capaces de triunfar fuera de su marco cultural o de pequeños grupos de devotos gaijin. Así las cosas, la aparición de Attack of the Friday Monsters en Occidente es un pequeño milagro, pues también apoya casi todo su peso en la historia, elude cualquier sofisticación interactiva más allá de un pequeño minijuego de cartas y la única tarea que nos permite realizar es pasear a Shota, el niño protagonista, desde el punto A al punto B para activar cajas de diálogos y, de vez en cuando, también una cinemática. Luego pasar del punto B al C, y del punto C al A otra vez para repetir hasta terminar el juego. Un molde que puede poner los pelos de punta a aquellos en busca de experiencias lúdicas más inmediatas (o lúdicas a secas), pero que se ajusta como un guante a la intención de su autor de utilizar la Nintendo 3DS como un papel en blanco en donde escribir su cuento.

Friday

Ayabe, por tanto, no renuncia a la plantilla sobre la que ha cimentado toda su carrera, pero se sitúa por primera vez dentro de ciertas coordenadas de lo fantástico desde donde las constantes de su juegos anteriores (la nostalgia por una etapa vital sin responsabilidades, la fragilidad del paisaje natural o esas brisas de tristeza asumida que recorren sus melodramas costumbristas) se dan la mano con algunos de los iconos más populares del imaginario pop nipón como los kaiju o los héroes súper sentai, salvo que en el caso de Attack of the Friday Monsters funcionan no tanto como sublimaciones de miedos nucleares o fantasías de protección, y mucho más como manifestaciones de lo extraordinario en el mundo. La estampa de un lagarto gigante combatiendo a un Ultraman en un escenario rural es eso: un lagarto gigante rompiéndose la cara con un Ultraman. Porque el tema central del juego de Millenium Kitchen es el del poder transformador de las ficciones; la capacidad de la imaginación humana para operar cambios en nosotros y en nuestra realidad. Cuando la fantasía empieza a contaminar la realidad y lo imposible se cuela en la cotidianeidad de un pueblo a las afueras de Tokio donde la televisión rueda sus tokusatsu, cuando empiezan a llover las ranas, la maravilla activa la catarsis colectiva, los problemas paterno-filiales se resuelven, el niño abusón supera sus inseguridades y, en definitiva, todas las tensiones entre personajes llegan a su fin en las escenas más conseguidas del juego, tan próximas a nuestra propia experiencia que no nos será difícil trazar líneas que las unan con alguna anécdota personal de atasco emocional resuelto por un libro, una película o un videojuego.

Durante la dilatada coda post-créditos, Attack of the Friday Monsters invita a cerrar misiones inacabadas como la del niño que decide convertirse en ilustrador de monstruos o la productora del show televisivo con la cabeza bullendo de nuevas ideas. Todo para demostrar que las ficciones, además de una energía invisible tan fuerte para nosotros como la gravedad, son capaces de reproducirse a sí mismas inoculando su virus en cualquiera con un mínimo de sensibilidad y talento, plantando semillitas en la mente de toda una generación con el fin de que florezcan años más tarde en forma de nuevas y fascinantes historias que perpetúen este ciclo sin fin. Pregúntenle a Guillermo del Toro si no me creen.

1 opinión en “«Attack of the Friday Monsters!» – Crítica”

  1. Desde luego hay que agradecer a Level-5 por la serie Guild y por haberla traído a occidente (aunque sigo esperando por ese Weapon Shop del primer recopilatorio…).

    Hasta ahora llevo jugada hora y media más o menos de este Attack of the Monsters y lo cierto es que no me puedo quejar. Es un juego tranquilo y agradable que rebosa esa inocencia infantil tan fantástica de la que usted habla. Y el juego de cartas es sorprendentemente entretenido apesar de ser muy sencillo y breve (o precisamente por ello…).

    Espero que sigan con esta serie, ya que solo la esperanza de que salga algo como Crimson Shroud hace que merezca la pena. Eso sí, tirón de orejas a Inafune por ese Bugs vs Tanks que parece más bien un prototipo sin pulir. Esperemos que su King of Pirates esté mejor.

    Por último, es estupendo que Mondo Pixel le haya dedicado un par de artículos justo a mis dos últimas adquisiciones, este Attack y el muy recomendable SteamWorld Dig, juegos ignorados por gran parte de la prensa especializada del país. Seguid así.

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