«Ducktales: Remastered» – Crítica

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Ducktales: Remastered
WayForward
PlayStation 3, Xbox 360, PC, Wii U (versión analizada)

Esto de las actualizaciones de clásicos es un ejercicio raro. Una acción no siempre comprensible, cargada únicamente de matiz comercial en muchas ocasiones y que según el caso, ofrece resultados artísticos, mecánicos y financieros desiguales. Un ejercicio raro. Siempre.

Es extraño situarte frente a un título que conoces bien, verlo de una manera diferente a como lo recordabas, jugarlo de un modo distinto a como lo jugaste la última vez que lo hiciste. Aunque el resultado final sea en general satisfactorio, el remake, la remasterización de un clásico provoca en el usuario (que ha tenido un trato mínimo con el programa en cuestión) un efecto más o menos acusado de escepticismo, desconcierto o incluso incomodidad. Yo mismo y tras pegar varias horas a Ducktales: Remastered, no consigo quitarme del cuerpo la sensación de haber estado masticando moscas. Muy negras, muy gruesas, carnosas y con un sabor muy agradable, tremendamente dulce; una experiencia que he disfrutado mucho, aunque en definitiva haya estado… masticando moscas.

Lo sé, muy raro todo. Pues eso exactamente es lo que estoy intentando explicarles.

Ya el reluciente logo de Capcom que nos da la bienvenida al juego —el de toda la vida, esa hermosura corporativa amarilla y azul que conocemos tan bien— … pero con un baño aplicado de pulcra, casi aséptica limpieza en alta definición, nos advierte sobre lo que vamos a encontrar en Ducktales: Remastered: una playa de cálida arena vieja, bañada por límpidas aunque ligeramente frías aguas en alta definición. Y así todo el rato: este Remastered es un continuo ejercicio de superposiciones basado en la recuperación medio gráfica, parcialmente musical y casi totalmente mecánica del clasicazo Ducktales (NES, 1990).

Superposiciones continuas, sí. La primera, la más patente porque entra por los ojos, es la visual. La lucida y muy comentada recreación del original con sprites dibujados (y animados) a mano, flotando sobre un fondo cincelado en dos dimensiones y media de piedra poligonal. Fórmula que aquí funciona, es creíble, resulta limpia y muy atractiva, y aguanta fenomenalmente un envite prolongado de muchas horas de juego.

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Después tenemos la minuciosa reconstrucción, punto fuerte del programa, de un gameplay que en Ducktales osciló entre lo fino y lo basto, lo glamuroso y la ligereza de cascos mecánica, entre la precisión y la escisión desde lo conocido. Es decir: si Mario fue el maestro del salto, y a partir de ahí surgieron protagonistas controlables que en los innumerables plataformas de la época corrieron brincando de mil maneras, convirtiéndose en una azulada bola pinchuda o engullendo a los enemigos, Ducktales se las arregló para hacer algo medianamente innovador, al menos en apariencia —aunque el resultado en la práctica fuera el de casi, casi todos los títulos de entonces: avanza botando de plataforma en plataforma, y salta sobre los enemigos para terminar con ellos—, con el pogo-bastón del Tío Gilito, que fue al mismo tiempo herramienta utilitaria (para brincar más alto) y ofensiva (lo ya comentado de aterrizar en los malosos para abatirlos). En la remasterización de Ducktales encontramos pocos cambios sobre lo comentado: hay dos ajustes elegibles, difícil o fácil, seleccionando este último no será necesario pulsar abajo para realizar el movimiento de pogo. Los niveles presentan mínimas variaciones con respecto a lo visto y jugado en Ducktales, aunque sí hay un breve pero interesante trabajo de expansión practicado puntualmente sobre determinados escenarios y aplicado a directrices para movimiento de los jefazos. En todo lo mencionado de este apartado, se nota la experta mano de WayForward (titanes en lo suyo: son los creadores de, entre otros juegazos, Contra 4, Aliens Infestation y Mighty Switch Force!) a la hora de, fundamentalmente, dar vida dinámica y santificar correcta y homogéneamente todo el gameplay. Además y en ese sentido, es de agradecer que para Remastered los desarrolladores hayan optado por respetar el diseño de niveles no lineal que ya existía en Ducktales; una vez más y como hemos apuntado, el remake se juega exactamente igual que el título en el cual se basa… Lo que lleva a preguntarnos, una vez más: ¿qué necesidad había de plantear una actualización?

«Para quienes en su momento no tuvieron ocasión de jugarlo. Y ante todo, para las nuevas generaciones, que rechazan los pixelazos y la música chicharresca», argumentarán algunos como respuestas a la pregunta al final del párrafo anterior planteada… Sinceramente, tengo que hacer un gran esfuerzo por entender el último razonamiento ejemplificado. Acudan ustedes a RetroMadrid, RetroCoruña, RetroBarcelona o cualquiera de los festivales del videojuego clásico de cuantos afortunadamente se están hoy día llevando a cabo, y comprobarán que los chavales y chavalas de edades comprendidas entre cinco y quince años, no dejan de acercarse a / gozar con juegos que cargan treinta años de disfrute a sus espaldas. Juegos en los que su mecánica funciona excelentemente, como el puñetero primer día. Igual que hace tres décadas, al margen de su deífica limpieza estética, o de la música orquestada a golpe de zumbido que sensualmente ronronean.

Precisamente, la banda sonora de Ducktales: Remastered es un fénix orquestal que renace sobre candentes cenizas chiptune. Otra capa superpuesta que reviste de novedad, acústica en este caso, al antiguo Ducktales, ciñéndose a este como una gruesa y pelín pesada manta… Pero, sin añadirle nueva vida o calor. El trabajo realizado en este apartado también es correctísimo, excepcional podría decirse; aunque servidora estaba deseando terminarse el juego, para poder activar la opción de disfrutar el mismo con la música ochobitera original.

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Hay en Ducktales: Remastered más capas, superposiciones, coberturas inanes. Más añadidos superficiales. Y algunos sí molestan, estorban y entorpecen por cuanto privan al título de la siempre refocilante inmediatez clásica y le convierten en algo menos conectivo, más aparatoso, un juguete con el cual hay veces que tropiezas mucho y juegas poco. Hablo de las secuencias y diálogos entre personajes que supuestamente aclaran pasajes de la historia que Ducktales: Remastered cuenta, algo no presente en el original y que es un obvio lastre al fluir del gameplay. Una ventaja del producto a actualizar sobre su posterior actualización que no debería haber existido, y que hace peor la última mencionada con respecto a aquel; algo chirría cuando en determinados aspectos la versión es inferior a lo versionado, te hace pensar que qué raro es todo esto, y que las actualizaciones de clásicos PA QUÉ.

Para qué, sí. Ducktales: Remastered es muy bueno, y funciona estupendamente. Pero no deja de ser como un macanudo automóvil con un motor que va de lujo, al que le han cambiado la carrocería… Cuando la que venía de serie no era fea, ni estaba arañada ni estropeada. Si algo funciona para qué arreglarlo, me gustaba el guión y me molaba la peli que hicieron sobre ese guión, para qué rodar otra vez la peli y blablablá. Ya me entienden. Sí, me gusta Ducktales: Remastered, me gusta mucho. Pero no entiendo el sentido de su fabricación, no comprendo el por qué de su existencia… Como no alcanzo a entender el por qué de la existencia de tantos otros remakes o actualizaciones de clásicos. Me gustaría ser positivo sacando conclusiones de esta práctica de renovación, de puesta al día tan de moda, a la que me encantaría ver el lado lógico, pensando si nos centramos en el caso que hoy nos ocupa, que la existencia de Remastered permitirá a muchos usuarios de hoy día disfrutar de Ducktales. De una versión de Ducktales, al menos, muy parecida al original, con sus aciertos y sus errores.

Pero, no sé. Es muy raro todo.

2 opiniones en “«Ducktales: Remastered» – Crítica”

  1. Señor, siempre espero con ansia un articulo, un escrito suyo, lo que sea, para devorarlo y deleitarme con sus palabras. En este caso: Vamos, a puesto sílaba a sílaba y en perfecto orden mi pensamiento general sobre remakes, remasters y HD editions. Y me jode, de alguna manera, que siempre, siempre, esas cosas acaben con algo así como «es una oportunidad para las nuevas generaciones de disfrutar de un clásico bla bla bla» pero tiene usted toda la razón. ES MU RARO. ¿Será la edad? ¿Estaré a punto de convertirme en un retro talibán del píxel nostálgico?

  2. La verdad es que con que estuviera el original disponible en descarga yo me daba por satisfecho pero ya que no es así, bienvenido sea el remake.

    En cuanto a lo que dice Wolfenprey, comprendo que quien ya jugó a un juego en su momento no le vea la gracia a las ediciones HD pero en mi caso son una bendición ya que gracias a ellas he podido jugar a joyas como los God of War, Shadow of the Colossus e Ico sin tener que comprar una ps2 y/o un televisor sub-HD.

    Por eso entiendo su punto de vista y el de Adonías, y en parte lo comparto, pero también veo bien lo contrario y entiendo por qué las editoras están rehaciendo juegos tan alegremente.

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