«Total War: Rome II» -Crítica

Rome2

Total War: Rome 2
Creative Assembly/Sega
PC

Rome 2 es un juego en el que llevamos una civilización clásica desde su pequeño rinconcito del mundo a la expansión total mediante una herramienta: Guerra Total, que para eso se llama así la franquicia. Se llama Rome 2 porque es la segunda vez que nos ponen a conquistar todo el mundo conocido (no porque continúe la historia de Rome, esos se llaman Total War: Medieval) y funciona con una mezcla de turnos moviendo figuritas y tomando decisiones políticas (muy a la española: a ver hasta dónde aguanta el pueblo antes de tener que sacar las legiones) y batallas en tiempo real con varias decenas de miles de personitas de mentira matándose entre sí. Sus creadores nos habían prometido que Rome 2 sería la revolución, lo nunca visto, una transformación total gracias a un motor nuevo que nos llevase a la next-gen del PC. Gracias a Sun Tzu, no han cumplido: Rome 2 es un Total War mejorado, que funciona mucho mejor que sus hermanos en lo táctico y que se fija más que nunca en Paradox y en Firaxis en lo estratégico.

Y digo gracias porque nos habían vendido un juego, bullshot a bullshot, que se adivinaba injugable en el peor de los casos, o alejado de la esencia del primer Rome (2004), precisamente el juego con el que Total War pegó el primer cambio de motor y que marcaría el resto de la saga salvo ese pequeño tropiezo que fue Empire (2009). Pero no, lo que han hecho en Creative Assembly es mucho más que gráficos -ojo, que la captura de arriba es directa con una GTX 650 de 100 pavos- mejorados: toda la potencia ha ido a mejorar aspectos que la saga pedía a voces. El terreno, por ejemplo, repleto ahora de cuestas, salientes, pequeñas colinas, casas, animales salvajes que pueden hacernos perder los nervios (un día os cuento como la primera vez que vi ciervos saqué dos unidades de caballería de su perfecta emboscada) y obstrucciones a la línea de visión de nuestras unidades. Sonará ridículo pero, hasta hoy, Total War no había tenido niebla de guerra, por ejemplo. O combates que no fueran individuales. Y así hasta un pequeño trillón de mejoras que…

[y aquí viene el problema para lo que quiere Sega]

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El juego viene en castellano, pero me gusta jugar en VO: VIVA STEAM.

…no notará nadie que no fuese un fan entregado de la saga, salvo en las batallas anfibias, una idea espectacular y que sospecho terriblemente anacrónica, pero que está tan bien implementada que el rigor histórico me la come: soltar cuatro barcazas de legionarios -tras una batalla naval a media milla de la costa, mientras tu infantería pelea en los alrededores de una ciudad- como fuerzas de choque que se suman al ejército principal es gloria y te hace desear que ojalá todas las regiones fuesen costeras (de hecho, estoy teniendo serios problemas para querer expandirme al Este). Para los jugadores habituales, es la leche. Para el resto, a lo mejor debería serlo. Pero, a pesar de que  Rome 2 lo intenta con empeño sobrehumano, el juego sigue siendo estrategia semihardcore que sólo gustará a los suyos: no es lo bastante ligero para los fans de Civilization ni proporciona suficientes opciones para los Hector Hammond que juegan las cosas de Paradox.

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«El mar les ha quedado guay por una tecnología de textureado rebonico» -Digital Foundry

Y eso a pesar de los cambios GORDOS del mapa estratégico: ha simplificado la gestión de provincias, construcciones y ejércitos (que es ideal para construcción, pero un medio desastre en defensa, guarniciones y un fracaso completo en impuestos), añadiendo nuevos objetivos por victoria que nos suenan sospechosos de otros títulos (económica y cultural, a lo Civ) y hasta divisiones de la Gran Campaña -el eje de todo TW– en capítulos con objetivos y bonus de lo más rico. Con agentes que ahora tienen varias utilidades y son un minijuego remozado en sí mismo. Y, si jugamos con Roma, con unas intrigas políticas que no veas: ese maravilloso momento en el que tu mejor general es de una casa rival y tienes que plantearte quitártelo de en medio. Todo al servicio del jugador, todo pensado para hacer comprehensible (objetivo muy cumplido) una saga que, por norma, espanta o aburre antes de encontrarle el atractivo.

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¿Veis? Sigue siendo Total War. Para bien, siempre para bien.

El problema es que hay defectos que arrastran que no pueden quitarse de encima, como el cambio de turno: con tropecientas facciones «pensando» una a una, los primeros turnos se pueden resumir en «hago dos cosas, peleo una batalla y espero un minuto y medio o dos a que empiece el siguiente turno». Y eso es un problema de diseño, ni cambiando el juego a un disco SSD se aceleraba ese proceso (por cierto, va entre tres a cinco veces mejor que Shogun 2 o Empire a la hora de cargar en un disco normal, menos mal). Un hombre de bien lo sabe, y juega a Total War con una portátil o una segunda pantalla delante desde que el mundo es mundo. Por suerte, es la inversa de lo que le pasa a los últimos Civ y hasta sirve para plantear un metajuego: cuantas menos civilizaciones haya en el mapa, mejor te irá. En Rome 2 me he llegado a plantear conquistar cinco pequeñas tribus antes que a los peligrosos arvernos para quitarme cinco facciones al pasar de turno. Es más, me he expandido en la dirección contraria de las facciones gordas de la IA a ver si así dejábamos las cosas despejadas cuanto antes.

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Los arvernos y Roma, a punto de hacerse unos Astérix. Ojo al detalle de las tropas.

Eso sí, la IA sigue teniendo el cerebro de una nuez. Incluso en máxima dificultad cae en prácticamente todas las trampas tácticas que le pongamos en batalla, y sólo una superioridad numérica muy bestia conseguirá hacernos morder el polvo de manera preocupante -superioridad de tres a uno en adelante-. En cuanto a los asedios, sí, se han «simplificado». Tanto que hasta ahora no he tenido que utilizar maquinaria de ídem, con sacrificar a unos pringados para que vayan a prender fuego a la puerta de la muralla vale. Ítem más si tenemos barcos. Es cierto que siempre han sido el punto débil de Total War, pero pensaba que esta vez lo arreglarían.

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Faltaban dos minutos para que empezase el Black Friday.

El multi, por contra, es una gozada: como Rome 2 ha inyectado velocidad a las tropas y sus reacciones y han heredado con mejoras esa especie de Gran Campaña online que ya tenía Fall of the Samurai la cosa cambia. Es cierto que yo apenas he podido ver gente durante los días previos al lanzamiento (sólo teníamos sesiones de dos horas), pero el abrir tu campaña a que cualquier jugador pueda jugar en el bando enemigo es delicioso y suple con mucho la IA capulla. Pero, vamos, que el juego no le dirá prácticamente nada a quién Total War no le dijese nada mientras que a los adictos a la saga pues oye: ha salido del taller es-tu-pen-da. Sobre todo cuando corrijan los bugs que, al parecer, se está encontrando todo dios pero que, en mi caso, se han limitado a  un par de salidas al escritorio.

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