«PlayFest Madrid»: PlayStation 4 vista a través de los ojos de un niño

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Lo que cambian las cosas de casa cuando llegan los críos. Uno (o una) vive con su pareja a su aire, entrando y saliendo cuando quiere —excepciones laborales y obligaciones varias aparte—, repartiendo y organizando los efectos y utensilios personales por el hogar según a cada cual le viene en gana. Pero cuando tienes hijos, y algunos de nuestros adoradísimos lectores ya habrán vivido esto en sus carnes, todo pega un giro brutal: el espacio propio útil se volatiliza, varían los hábitos diarios en todos los sentidos, las posibilidades de ocio se reducen a poco o nada, cambian incluso tus costumbres como jugador. No hablo de los primeros años en la vida de un bebé en los que cambiar pañales o preparar biberones reposiciona o directamente sustituye el ir al cine o salir de cena, no; me refiero a cuando el churumbel o churumbela ya tiene unos añitos, al momento en que ya entienden y atienden a cuanto les cuentas, ese punto afortunadamente sin retorno, armonioso y esperanzador, en el cual los amorosos padres están deseando mostrar el mundo de ocio en el que habitan, al querido y tierno infante. Hablo de esos felices momentos en los que ves con tus pequeños las películas que adoras y lees a cuatro ojos aquellos libros y tebeos que hace años te acariciaron el alma con dulzura, me refiero a los instantes —lamentablemente efímeros— en los que gozas en compañía de tu prole con esas máquinas y títulos viejunos que siempre te proporcionaron y proporcionarán diversión. Pero como digo, todo cambia: a partir de que la criatura en cuestión tiene alrededor de cuatro-cinco años y padres e hijos adoptan costumbre de juego conjunto, por una mera cuestión de lógica evolutiva educacional centrada en lo que es adecuado para cada edad, matas menos zombis y salvas más princesas, gastas menos munición y saltas más de plataforma en plataforma, y en general las inclinaciones lúdicas naturales y adquiridas del progenitor intentan adaptarse a los mandatos PEGI aplicables al período vital y mental de su vástago.

Con esa intención acudimos Adonías Jr. y servidor a visitar el sábado 26 de noviembre PlayFest Madrid, donde se nos prometía conocer algunos de los próximos lanzamientos infantiles y juveniles para PlayStation 3, PS Vita y PlayStation 4. Fíjense, como arriba les decía, si cambian las cosas cuando tienes hijos, que incluso compatibilizar la vida profesional con la personal se hace en ocasiones harto complicado; esta era, pues, una ocasión ideal para compartir un rato agradable con mi mozo sin dejar de trabajar. También es importante que aclare algo: como observador y analista del medio que soy (o intento ser), utilizo a Adonías Jr. como «conehijillo» de indias en muchos casos, para comprobar qué gusta y qué no a la chavalada de hoy día, si el videojuego clásico continúa teniendo pegada para las nuevas generaciones, si la oferta y diversificaciones de gameplay actuales funcionan o no en el caso de los más pequeños de la casa, y por qué.

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Lego Legends of Chima, Invizimals: La Alianza, Tearaway y Tadeo Jones para PS Vita, Invizimals: El Reino Escondido, Puppeteer, Ratchet and Clank: Nexus, Wonderbook: Caminando entre Dinosaurios y Wonderbook: El Libro de las Pociones en PS3, y Knack para PlayStation 4, con los añadidos multiplataforma de Rayman Legends y Disney Infinity, son algunos de los títulos exclusivos que compondrán (parte de) la ofensiva navideña de Sony, y todos ellos fueron toqueteables en PlayFest. Debo en este punto aclarar algo: Adonías Jr. es un jugador muy de sagas y personajes. Entre sus títulos favoritos podemos encontrar (todos y cada uno de) los Mario, la serie Uncharted y… Resident Evil. Sí, lo reconozco: en ocasiones algunos padres permitimos que nuestros hijos caten juegos no adecuados para su edad. Para mí, la regla y su excepción es: si tu crío tiene la mente preparada para entender que (la película, el tebeo, el libro o) el videojuego que está disfrutando es «mentira», sucede en la pantalla y solo en la pantalla, y que evidentemente comprende que cualquier mínimo parecido entre juego y realidad ha ocurrido de chiripa, permite que tu hijo juegue a algo que exceda el rango PEGI en su caso recomendable. Y es bien curioso: Adonías Jr. entró como una tromba en la sala donde se celebraba el PlayFest y pasó (por delante de la amplia oferta) de novedades para él desconocidas, aferrándose a la primera PS Vita que ejecutaba Uncharted: El Abismo de Oro… Juego que tiene más visto que las barbas de su padre. Siempre me sorprenderá el hecho de que mi hijo acuda conmigo a, por ejemplo, un centro comercial, y se ponga a jugar en las consolas de demostración a esos títulos que tiene disponibles en casa, y que normalmente ya se ha terminado mil veces; serán las irreprimibles ganas de entretenerse en ese momento de aburrimiento extremo jugando a lo que diablos sea, en el caso del ejemplo citado de cuando visita los superalmacenes de turno… Pero, debo decir que su comportamiento me resultó inexplicable en el seno de aquel PlayFest Madrid donde, por citar solo uno de los títulos allí presentes, Knack brillaba con resplandeciente alta resolución por encima del resto de juegos ofrecidos.

Poco después, Adonías Jr. abandonó el cálido abrazo de lo bueno conocido que le estaba proporcionando Nathan Drake, y picoteó aquí y allá; probó Caminando entre Dinosaurios, enredó un buen rato con Invizimals: La Alianza y, curiosamente, hizo caso omiso del tentador canto de sirena digital que emitían a voz en grito Tearaway o Ratchet and Clank: Nexus. En todo momento me estaba pareciendo que Adonías Jr. buscaba un asidero reconocible al cual agarrarse; esa es nuestra misión como padres jugadores, presentar títulos nuevos (o clásicos) a nuestros hijos que bien podrían ser de su interés; si no lo hacemos así, creo que inevitablemente ellos, sin recomendación mediante por nuestra parte, o de compañeros de clase o similar, acabarán reclamando siempre Marios o más aventuras protagonizadas por el aventurero caradura creado por Naughty Dog. Siempre he considerado que como progenitor-jugador, es fundamental que presente a mi chavalote cuantas opciones lúdicas pueda mostrarle, de modo que (importante: sin jamás obligarle o condicionarle a que elija algo específico, independientemente de mis preferencias como jugador) en un régimen de absoluta libertad de elección, escoja la opción jugable que considere más de su agrado, corra esta en Commodore 64, recreativa, bajo Android o iOS en un dispositivo portátil, o en PS4. Gracias a este método, hoy día Adonías Jr. ha conocido y se ha convertido en un virtuoso de títulos tan variopintos como DoDonPachi, Scott Pilgrim vs. the World: The Game o el Batman de Jon Ritman y Bernie Drummond.

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Así, hicimos el lógico tour por la sala. Fui explicando a Adonías Jr. cuál era cada juego, qué objetivo debía cumplir en cada uno, y se divirtió y disfrutó con prácticamente todos… Independientemente de que se enganchara más con unos que con otros. Yo ahí pensaba varias cosas, desarrollando razonamientos e intentando inferir conclusiones: que si a quien le gustan los videojuegos, uno juega a lo que tiene, como cuando en su momento a mí me tocó en suerte un Spectrum y no un Amstrad CPC, y por consiguiente jugué a títulos de Spectrum y no de Amstrad CPC. Como cuando nuestros hijos gozan con títulos de PS3 por la sencilla razón de que les hemos comprado una PS3, igual que cuando Adonías Jr, aburrido en mitad de un paseo para él interminable con sus padres por un centro comercial, simplemente quiere jugar y se agarra con ansia a una 3DS o PS Vita insufladas con la vida de un título que se ha petado hasta el infinito y más allá en casa. Pero también pensaba que mi hijo es mayormente jugador de sagas y personajes, y que antes jugará a un título perteneciente a una saga o protagonizado por un personaje por él conocido, que probará un título esplendoroso aunque desconocido que funciona en una máquina desconocida. Sinceramente, el sábado en el PlayFest llegué a razonar que si bien la oferta infantil y juvenil pasada, presente y futura de Sony en videojuegos es obviamente amplia y perfectamente válida, la compañía necesita de un Mario o un Sonic, una mascota intemporalmente reconocible a través de cualquier generación humana y tecnológica, que enganche por igual a jóvenes y mayores. También pensé en que cuando a petición propia, aconsejados por sus compañeros de trabajo o por la razón que fuera, nuestros padres nos compraron en su momento un ZX Spectrum y no un Amstrad CPC o al revés, por ejemplo, y jugábamos merced a los azares del destino con los títulos de ZX Spectrum y no a los de Amstrad CPC o al revés, no había mascotas de por medio. Y así andaba ensimismado, andorreando por el PlayFest, observando cómo (y con qué y por qué) mi hijo disfrutaba, sin conseguir cerrar ni concluir mi círculo vicioso de pensamientos.

El caso es que todo aquel planteamiento a medias desarrollado, cambió radicalmente cuando el mando de PlayStation 4 cayó en manos de Adonías Jr.

Hoy por hoy, PS4 es un cúmulo de dudas razonables, demos técnicas que funcionan eficazmente, titulazos por llegar y preguntas que se resolverán cuando la máquina y sus primeros juegos se pongan a la venta el próximo 29 de noviembre, pero a Adonías Jr. le cambió el semblante cuando probó (el incluido con la consola desde su lanzamiento) The Playroom. Esa demostración de poderío hardware que conjunta con insultante solvencia la utilización de PlayStation Eye, la realidad aumentada y las enormes posibilidades del DualShock 4 a través de un acertado conjunto de minijuegos, hizo saltar de júbilo en su asiento a mi querido mozo mucho más allá de las esperables risotadas iniciales. Aporrear roboticos a manguzada limpia, aspirarlos «dentro» del mando o expulsarlos de nuevo con el panel táctil del mismo, atrapó irremisiblemente al ilusionado chaval, aunque conociéndole como le conozco, pensé: «divertimento para cinco minutos»… Hasta que Adonías Jr. degustó el sabor éstéticamente cibernético del Air Hockey futurista incluido en The Playroom, enésima versión de Pong vitaminado, en este caso, con las posibilidades del Dualshock 4 (estrechar o ampliar el espacio virtual de juego mediante el propio movimiento en el espacio real del mando, por ejemplo, es imprescindible para ganar). Lo sencillo del planteamiento mecánico del mini-título, llevado a término espectacularmente por PS4 a lo largo de una emocionante contienda a dobles con otro de los jóvenes visitantes que aquella mañana de sábado llenó de alegría PlayFest, culminó a carcajada limpia cuando el rutilante campeón agitó el mando para esparcir espuma digital desde una botella de champán inexistente, directamente sobre la pantalla en la cual los contendientes mostraban sus caras radiantes de felicidad.

En ese momento até los cabos sueltos, por fin, de ese runrún mental que me tuvo absorto la casi hora y media que duró la sesión; una vuelta de tuerca deductiva que me hizo regresar al punto argumental inicial, al planteamiento que es conclusión en sí misma y que aunque sea sabido merece ser recordado, ya que como pude comprobar por propia experiencia, en ocasiones viajamos tanto mentalmente que olvidamos que la verdad no siempre está en la meta, sino en el punto de partida: tanto al final, como al principio, no son las sagas, las mascotas o los personajes reconocibles e inolvidables lo que engancha y divierte al jugador, sea este joven o mayor: lo que importa son los juegos. Y obviamente, de estos PlayStation 3, PS Vita y PlayStation 4 tienen y tendrán de sobra.

2 opiniones en “«PlayFest Madrid»: PlayStation 4 vista a través de los ojos de un niño”

  1. Pedazo de articulo que debo obligatoriamente reenviar a mis amigos jugones padres.
    EStoy contigo. Además los peques no se casan con nadie ni son ultras de tal o cual consola. Unas veces se pasan meses dandole al ipad, como luego pasan por la ps3 o la xbox360.
    Con lo del pegi tb tienes razón. Si el niño sabe discernir lo real o no no hay problema. Con uno de los mios, cuando le da miedo algo, ya sea de tv ,cuento o juego, dice que va a soñar y lo deja. Hombre, no juega a juegos violentos, ni Obscures o Modernwarfares, pero con los relativamente adecuados a su edad o que tiran un poco por lo alto, el sabe cuando lo debe de dejar, ademas que suelo estar con él cuando juega o lo hacemos juntos, por lo cual está controlado. Ahora ha dejado de lado el ipad y la play3 y le ha dado por los juegos de estrategia y de Castillos..y se me cae la baba.
    Un saludo y gracias por tu articulo.

  2. Gracias por ese emocionante comentario, amigo Javier. :_____)

    La verdad es que son muchos los padres que me preguntan si aplico a rajatabla el PEGI, o si dejo a mi Adonías Jr. jugar con juegos violentos o «no adecuados a su edad». Lo que yo hago, arriba lo explico, y no sé si será lo más correcto o no… Pero considero que con los chavales (y no solo en asuntos de videojuegos) no es cuestión de aplicar sí o sí unas ordenanzas, dictámenes o consejos educativos; se trata de notar la mente infantil preparada o no para según qué cosas. Eso, el padre que vive (y no solo convive) con su hijo, lo sabe, lo nota. Un poquito de intuición, otro poquito de inteligencia, algo de lógica y mucho amor por nuestros churumbeles; así, como padres, como educadores, como formadores, no nos equivocaremos nunca. 🙂

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