Esta crítica de «The Stanley Parable» no es una crítica de «The Stanley Parable»

stanleyparable

The Stanley Parable
Galactic Cafe
PC

La transición está siendo quizá demasiado rápida como para percibirla, en esta industria en la que en ocasiones se pone su juventud como excusa y en otras como mérito, cuando simplemente tiene su propio ritmo de germinación, pero lo cierto es que aquellos juegos experimentales que aparecieron hace apenas un lustro, a los que no se sabía muy bien si etiquetar como contemplativos, como narraciones interactivas, art games, serious games o directamente no-juegos, a los que había que jugar en flash o descargando un instalador sin adornos de la página de su autor (y «autor» ni era considerado como término), y gracias a los cuales conocimos nombres como el de Terry Cavanagh, Jason Rohrer, Daniel Benmergui o Tale of  Tales, han dejado ya atrás la pubertad.

Oh pero perdonadme, quizá os esté aburriendo con esto. Es esa estúpida manía que tenemos al criticar algo de empezar con una introducción relacionada, ya no sé si para ir poniéndoos en la estela de lo que vamos a contar sobre el juego o simplemente para darle más solidez al conjunto. Al fin y al cabo vosotros lo que venís buscando es saber si el juego merece la pena y por qué. Y al fin y al cabo a mí me sería mucho más sencillo empezar el texto diciendo: «¡The Stanley Parable es el juego más hilarante que he jugado en mi vida!», un poco creyéndolo de verdad y otro poco exagerando para llamar vuestra atención y atraeros a él, al parecerme necesario que todo el mundo lo juegue, pero también casi terminando la crítica ahí mismo, quizá añadiendo que si meta-juego por aquí y que si cebolla de narración por allá, o haciendo referencia a Thirty Flights of Loving, Antichamber o Portal —y más íntimamente Portal 2, como si no consiguieran ponerse de acuerdo entre The Stanley Parable y él para ver quién bebe de quién— para que lo relacionéis, si los habéis jugado, con la sensación que generaría un mash-up imposible de ellos, y si acaso una mención a Matrix por el tema de estar alojados en una cabecera de cine, pero poco más, porque en realidad lo que tenemos que decir sobre un juego nunca excede las dos líneas (nosotros nos engañamos diciendo que no queremos contar más de esas dos líneas, porque el juego hay que jugarlo, y es verdad, el juego hay que jugarlo, por eso no tenemos que ni queremos decir casi nada de él), y nos vemos obligados a dar rodeos, rellenarlo todo de palabras inconexas, desarrollar teorías absurdas y abrir con introducciones que no llevan a ningún sitio. Y menos mal que no se me ha ocurrido empezar con una historia personal de mi infancia: esas son las peores.

Claro que también hay otros a los que realmente les interesa algo más que saber que The Stanley Parable es un juego imprescindible; los que leen críticas porque consideran tienen relación con el juego pero también vida propia, como un tubérculo al que solo le queda una finísima raíz conectándolo a la tierra, siendo decisión tuya arrancarlo del todo, pelarlo, lavarlo bien, cortarlo en taquitos y añadirlo al guiso a través del cual prefieras hacer que ese tubérculo forme parte de ti. Al menos hasta que quemes la energía que te ha proporcionado y necesites volver al huerto a por más tubérculos y arrancarlos cuando a lo mejor ni siquiera están preparados para ser arrancados pero tu lo haces igualmente porque tienes hambre y un día después de tantos otros de ir al huerto a arrancar tubérculos cada vez más pequeños y pelarlos y lavarlos y guisarlos y proporcionarte menos y menos energía te das cuenta de que el huerto está vacío porque de tanto comer se te ha olvidado que también tenías que ocuparte de sembrar y ahora estás muriéndote de hambre porque ya no es temporada pero la tierra es fertilísima y está desaprovechada así que simplemente te arrodillas y empiezas a comerte la tierra. ¿Qué? Perdón otra vez, no sé bien a dónde quería llegar con eso.

A esos que buscan algo más en la crítica quizá sí les gustaría saber a qué venía la introducción y a dónde quería llegar con ella, así que si no sois de esos os recomiendo que os saltéis el siguiente párrafo (no sé ya si el artículo entero, porque no lo he escrito aún y puede que no vuelva a decir nada que os interese, aunque cuando lo termine pueda editar este párrafo y confirmároslo, pero me parece injusto de alguna manera que no logro explicarme). O no os lo saltéis, es cosa vuestra: puede que al leerlo os guste y a partir de entonces seáis también de esos a los que el título criticado no les importa tanto como lo que tiene que decir sobre él el texto; pero también os puede aburrir o que mi manera de rellenar con palabras lo que debería quedar como vacío no os agrade. Haced lo que veáis, ya sois mayorcitos y yo tampoco quiero obligar a nadie y luego cargar con responsabilidades. Y estoy pensando también que va a quedar un poco raro empezar el siguiente párrafo como si nada, de forma explicativa, después de esta aclaración porque, bueno, no es habitual hacerlas, y volver ahora a la crítica más convencional de contar cosas va a resultar brusco se mire como se mire, así que imaginad que simplemente continuo donde lo dejé sobre la pubertad de los juegos experimentales y no sé, no me lo tengáis en cuenta, que yo realmente la aclaración esta la he querido hacer pensando en vosotros y en vuestros intereses, para ahorraros unos minutos. Y bueno, no me extiendo más que me doy cuenta también de que me estoy sobre-explicando y eso os puede cansar, porque entonces la aclaración habría sido inútil y os habría hecho perder más tiempo aún que si simplemente hubierais leído el párrafo sin deciros yo nada. Así que no me extiendo más. Lo dicho, como si nada. Allá voy.

Aquel brote de juegos a los que nos referíamos como experiencias narrativas han madurado y crecido en ambición y repercusión hasta el punto de encontrarnos abocados a la necesidad de englobarlos dentro de un género nuevo, el Andador en Primera Persona, no ya solo para etiquetarlos y tenerlos controlados en el redil, como ocurría antes, sino para profundizar en el género mismo. Así somos: necesitamos tratar a los juegos de manera general para poder centrarnos en ver cómo cada uno de ellos contribuye al medio de manera individual. Y esto no quiere decir que los juegos a los que ahora miramos con lupa de aumento y satisfacción por haberse convertido en esa nueva vía de investigación tanto narrativa como mecánica del videojuego en la que depositamos nuestras esperanzas no estuvieran ya ahí: Dear Esther nació en el 2008 aunque no floreció hasta el año pasado, y el propio Stanley ya salió en 2011 y tuvo grandes críticas de la gente que sabía y sabe y andaba detrás de y hablaba de experimentos jugables, pero no es hasta hoy que el medio ha avanzado lo suficiente y sus hermanos se han abierto paso por entre la maleza que su nueva versión más extensa (en varios sentidos) y en alta definición emerge y es analizada y considerada relevante a través del prisma de un nuevo género.

No es hasta hoy que los indies han adquirido ese nombre y se han, paradójicamente, comercializado. Lo que no es malo. Comercializarse, hacerse populares, ser relevantes para la masa quiere decir que ya no son experimentos ni un segundo más, sino videojuegos a tiempo completo. Y es cuestión de etiqueta, al final, de si quieres llamarlos por su nombre o por una pirueta lingüística. A ellos les da igual; a ellos les da igual incluso que alguna gente los aplauda y otros no vean nada más que manierismo sobre vacío: ellos siguen hacia adelante con su propósito.

 

2 opiniones en “Esta crítica de «The Stanley Parable» no es una crítica de «The Stanley Parable»”

  1. Pues a mí me parece un juego-ensayo bastante planito en su discurso y con muy poco que ofrecer. No veo cómo va a sostener algo de su supuesta relevancia con el paso del tiempo (yo creo que no se sostendrá ni a corto plazo).

    Me asombra que la prensa especializada le otorgue tantos elogios, aunque le concedo una justa dosis de humor e ingenio, que la tiene. Más allá de eso, ¿qué nos queda? Un discurso poco relevante y unos cuantos finales para saciar la curiosidad. Yo diría que es anecdótico, sin más.

    Lo que me gustaría saber es si, en el fondo, The Stanley Parable va en serio o solo pretende ser una broma.

  2. Ayer lo jugué, y aparte de mi eterna amnivalencia ante este tipo de juegos, confieso que me hizo reir a carcajadas. Ahora, despues de unas cuantas digresiones la cosa cansa y se desinfla … Y te muestra que sí, es un juego, pero sin mucho que ofrecer. Y si no es un juego, tampoco es que el mensaje sea tan inteligente o brillante. Eché bastante de menos que esa mala leche que tiene sus momentos mas siniestros no se repitiera durante el resto del juego. O no juego.

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