«The Legend of Zelda II: The adventure of Link» – Que buen vasallo si oviese buen señor

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The Legend of Zelda 2: The adventure of Link
1987
NES, Game Boy Advance, Game Cube, Consola virtual (versión comentada)
Nintendo

Hubo un tiempo (más o menos hasta el año pasado) en que pensar que Wind Waker era el mejor Zelda de la serie se tomaba como una extravagancia incluso en los círculos nintenderos de viejo cuño, fácilmente el grupo de jugadores con chaladuras y fetiches más caprichosos de este mundillo nuestro. Y sin embargo, a pesar de lo farragoso de los primeros pasos en la navegación, de su muy discutible curva de dificultad, de los incomprendidos diseños, siempre fue tenido en cuenta (de aquella manera y aún con la ceja levantada) por los supertacañones de la serie. Como otras rarezas (los de Capcom, Majora´s Mask) se mencionaba en foros, comparativas, en esos repasos de los grandes momentos de la franquicia que hacemos los jugadores de cierta edad entre lagrimones y abrazos en grupo cada vez que Nintendo anuncia una nueva entrega. Bueno, pero es que ahí nos acordamos de todos, ¿no?

Pues de todos todos… tampoco.

The adventure of Link es un Zelda marciano que se recuerda por su dificultad atroz, aquel componente de RPG algo artificial y un sistema de guardado tan injusto que parece concebido para olvidarse de él, armarse de valor y tratar de completar la partida del tirón como buenamente se pueda. Y eso cuando se recuerda: el propio Miyamoto lo considera su peor juego y las ventas generales, sin dejar de ser ventas de Zelda, se mantienen como las peores de la serie a gran distancia del siguiente. ¿Es que no queda amor entre los fans para el pobre Zelda II? Bueno, a Pendleton Ward le gusta. Y a mí. Un poco.

Adventure of Link toma decisiones imprevisibles en una primera secuela, cuando toda la fórmula está aún fresca para ser explotada y los jugadores no han tenido tiempo de aburrirse de manierismos y futuros lugares comunes. Alterna la perspectiva de la primera parte con una lateral que aparece de la nada, implementa nuevas mecánicas de combate (terribles, pero distintas) y convierte al héroe (su reflejo, pero un Link al fin y al cabo) en el villano de la función. Hace aguas porque está mal diseñado, pero igualmente se le hubiera negado el pan y la sal porque lejos de hacerse reconocible, juega a marcar las distancias, a confundir al que venga con cara de saber lo que va a encontrar. A ser otra cosa.

Como en la de cualquier zeldófilo, en mi casa se celebra que estas navidades habrá dos nuevas entregas  a las que echar el diente, y por lo que hemos ido viendo no es para menos. Pero entre descorche y descorche, no está de más recordar que una es el lavado de cara de aquel Wind Waker tan maltratado en su día y el otro la secuela de uno de los puntales de la franquicia. Aunque a nadie le cabrán dudas de que ambos estarán cuando menos a la altura de las expectativas, yo por lo menos echaré de menos esas ganas de ponerlo todo patas arriba que trajo aquel hermano tonto del Legend of Zelda primigenio. Tan torpe, tan roto.  Tan valiente.

 

 

7 opiniones en “«The Legend of Zelda II: The adventure of Link» – Que buen vasallo si oviese buen señor”

  1. La verdad es que el juego es como un dolor de muelas. Menos mal que gracias a la consola virtual de 3DS se hace más digerible gracias a los «save states», que ya sé que mucha gente los desprecia pero bueno, no deja de ser proselitismo barato.

  2. Es el menos Zelda de todos los Zeldas, y también el más irregular, pero todavía hoy contiene el combate más satisfactorio de la saga, y fue el primero de los dos juegos en añadir magia y hechizos, pueblos, y alguna que otra cosa.

    Pese a todo, le guardo cierto cariño por ser un juego que tomó decisiones arriesgadas y que optó por el cambio en lugar del continuismo, algo que ya no se ve mucho en Zelda más allá de tal o cual gimmick. En realidad, sigo prefiriéndolo a otros juegos de la saga como Twilight Princess o Skyward Sword.

  3. Le guardo un cariño especial, muy nostálgico, porque es el primer videojuego que me compraron de pequeño.

    Pero desde luego, es el peor de la saga, como volví a comprobar hace unos pocos años, cuando me lo pasé en GC. Aunque estoy de acuerdo en que se agradece mucho que fuera tan atrevido y arriesgado, sobre todo ahora que la saga ha entrado en un conformismo atroz desde el magnífico Majora’s Mask. 🙁

  4. Es el mejor, hombres de Dios. Bueno, el mejor porque era el único que tuve en mi NES pirata. Nunca me lo pasé, no creo que jamás lo haga, pero esas horas perdidas, esas tardes con el mando en la mano intentando descifrar que cojones hacer, son inolvidables. En la memoria quedaran…

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