«Ratchet & Clank: Into the Nexus» – Placeres mínimos

Ratchet & Clank: Into the Nexus
2013
PS3
Insomniac Games

Pensemos por un instante en el punto cero de la relación efectiva (¿afectiva?) que establecemos con un juego: manos rodeando un dispositivo plástico, dedos deslizándose por su superficie buscando relieves y texturas, ligeras contracciones de articulaciones para presionar pequeñas piezas circulares, imperceptibles movimientos de muñeca… Importa poco que estemos enredados con un juego de conducción, con los combates del último hit de la lucha uno contra uno o en medio de una misión para salvar la tierra en una invasión extraterrestre por turnos. En todos los casos todo arranca con un dedo y un botón.

Hay algo muy poderoso en estos micro-movimientos –reacciones casi inconscientes cuando ya vamos desarrollando cierto cayo– y en los efectos que provocan en la pantalla (de algo de esto, y de mucho más, habló muy bien John Tones hace poco tiempo). Si no fuera así haría bastante tiempo que ya no estaríamos jugando a videojuegos. Es en este punto inicial donde puede llegar a aparecer un tipo de placer incontaminado, no mediado todavía por factores como el guion, la progresión del personaje, narrativas emergentes y demás pirotecnia.

Siempre he pensado que el juego que consiga convertir en experiencia placentera el simple hecho de inclinar una palanca y ver a un avatar virtual desplazarse en la dirección indicada o hacer que nuestro cerebro segregue dopamina sólo por pulsar un botón y ver cómo nuestro personaje se impulsa con gracia por el aire tiene muchísimo números ganados para que no nos olvidemos de él fácilmente. Luego vendrán las mecánicas que aprovechen esos movimientos, los rompecabezas, la historia, los giros, las estadísticas y los numeritos roleros que le darán empaque. Porque aunque este placer inmediato no sea condición sine qua non para convertirse en un buen juego (hay muchísimos caminos para llegar a esa meta) me resulta imposible no caer rendido frente al talento de determinados videojuegos por hacerse altamente disfrutables desde un nivel atómico, por suministrar un placer inmediato desde los peldaños más bajos de su interactividad. Supongo que, en parte, es por eso que siempre vuelvo de forma periódica a juegos como Super Mario 64, The King of DragonsWipeout o LocoRoco.

Ratchet & Clank: Nexus no se encuentra cerca de ninguna de estas joyas inmortales. Se trata de la cuarta y (aparentemente) última entrega de la saga Future, el arco argumental que han recorrido estas pseudomascotas de Sony durante la generación PlayStation 3. Un título que parece estar haciendo tiempo hasta que la serie pueda pegar el salto hacia PlayStation 4 y que difícilmente podríamos destacar por su originalidad o su atrevimiento. No obstante hay algo en este Ratchet & Clank que me ha mantenido pegado al pad las casi nueve horas que dura su campaña principal: controlar al ratoncito protagonista y a su amigo robótico es una completa delicia. No sabría decir si se trata de una cuestión de la animación, de la velocidad de respuesta, de la plasticidad del modelado o de los efectos de sonido asociados, pero lo cierto es que cualquiera de las acciones que puede ejecutar el dúo protagonista suministran un gran placer por sí mismas (pulsar R1 y volar es algo que podría haber seguido haciendo por otras nueve horas).

Mentiría si dijera que alguna de las situaciones en las que me puso el juego consiguió sorprenderme o volarme la cabeza, pero maldita sea si no fue capaz de recordarme un motivo poderoso por el que adoro los videojuegos.

 

 

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