«I Play: 3D Soccer» – Balompié en relieve

I Play 3D Soccer

I Play: 3D Soccer
1991
Simulmondo
Atari ST

En lo empresarial vale la pena tocar todos los palos y subirse a todos los carros posibles ya que nunca se sabe dónde puede esconderse el éxito o el espolón de las nuevas tendencias comerciales. Con el tiempo estos tientos pueden parecer meteduras de pata o simples y llanas chifladuras —o aciertos si se da el caso—, ahí quedan, en la posteridad, aunque, a veces, en su propia contemporaneidad, ya se vió que eran idas de olla de tendencias frenopáticas.

En 1991 la italiana Simulmondo nos pegó un buen susto con su I Play 3D Soccer, los que teníamos un Atari ST —y los que tenían un Amiga 500— lo flipamos muy mucho con un auténtico, real y genuino simulador 3D de fútbol, temimos por su cordura y, de rebote, por la nuestra al engancharnos a eso que aparecía en pantalla, un futbolista, uno, nuestro avatar, nosotros a su espalda, llevándolo de aquí para allá en un terreno de balompié compitiendo en el Calcio. No sé si se me ha entendido: digo que nosotros controlábamos a un futbolista en primera persona, solo a ese, nada de esas implementaciones de cambio de personaje al traspasar la bimba de un jugador a otro, ni por asomo, nosotros éramos lo que físicamente éramos, una persona en el rol de un jugador que ocupaba su espacio en la hierba, algo así como un First Person Shooter pero con piernas por armas y un balón como proyectil, un líbero total que siempre acababa —acabábamos— jugando como en el patio del recreo, a chupar pelota, sin tácticas ni estrategias, a segar a los contrarios, a gritar eso de «¡estoy solo! ¡estoy solo! ¡pásamela! ¡pásamela!» en una partida absurda y sin sentido. Lógico y cabal no era mucho pero divertido ¡un montón!

Es más que seguro que se podría jugar con calma y sapiencia pero era y es difícil mantener la templanza ante un esperpento como I Play 3D Soccer, es un juego que hace salir la cabra loca que todos llevamos dentro como cuando en cualquier juego de conducción se nos ocurría llevar nuestro vehículo en dirección contraria, nos lo pone tan a huevo, nos incita con tal profusión que el juego pasa a ser un juego de verdad, un nuevo prisma de diversión más allá del objetivo y orden de las reglas, haz lo que quieras y no lo que debas, juega con el juego y no juegues al juego.

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