«Jack in the Dark» – Alone in Christmas

JitDPegatina

Jack in the Dark
1993
MS-DOS
Infogrames

Es muy habitual ver en los grandes jardines privados europeos del siglo XVIII y el XIX, construcciones lúdicas que los arquitectos hacían por capricho a modo decorativo, llamadas precisamente así, «caprichos» o «folies». Me asaltaba este concepto a menudo cuando pensaba en un juego pequeño, encantador, que vio la luz a modo de avance promocional del juego Alone in The Dark 2 en las Navidades de 1993. Jack in The Dark es obra de Franck de Girolami (que pasó de un papel de programador en la primera parte a cobrar protagonismo en la segunda). Siempre pensé en su aire lúdico más allá de su intencionalidad comercial. Un capricho de los creadores de la saga, seguros del camino emprendido con el primer Alone y conocedores de haber sentado una base capital en la historia de los videojuegos. Parece esa obrita de un artista dominador de su método, que decide saltarse su propia rutina para juguetear con todo aquello que conoce y ofrecer esa «folie» inesperada que acaba brillando con su pequeña luz propia.

Jack in the Dark apenas ofrece complejidad para terminarla: un cuarto de hora, tres o cuatro puzles bastante sencillos y un tanto ilógicos (resolubles porque tampoco hay tantas opciones para probar), y tan solo dos estancias para movernos. La protagonista es una niña de 8 años, Grace Saunders, que se pierde durante la fiesta de Halloween y acaba en una tienda de juguetes un tanto siniestra en la que permanece secuestrado Papá Noel. Es gracioso el toque de ver tanto a Grace como a Jack el Pirata-Juguete descontextualizados de la segunda parte de Alone y envueltos en este breve divertimento. Y desde luego se deja influenciar un tanto, por qué no decirlo, por esa Pesadilla antes de Navidad estrenada solo unos meses antes.

Por supuesto siempre se puede pensar que el verdadero Alone era el primero, que posteriormente vinieron repeticiones de la fórmula y que ni siquiera la segunda parte era demasiado agraciada. Pero Jack in the Dark queda no como una obra maestra sino como una derivada de aquel hito creativo que fueron los primeros Alone; un pequeño juego con aroma a desahogo personal de los programadores, que acabaron odiando en 1992 el primer Alone in the Dark tras la presión de su desarrollo y que quizá pusieron más de su alma en la tierna historia de Grace Saunders que en lo que estaba por llegar.

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