«Barbarian» – No, el de la Whittaker no, el otro

Barbarian

Barbarian
1988
Psygnosis / Melbourne House
ZX Spectrum (versión comentada), Amstrad CPC, Commodore 64, Atari ST, Amiga, MS-DOS

Aún se oyen los ecos de las vestiduras rasgadas que provocó la peli Conan de 2011, esa protagonizada por el hawaiano Jason Momoa, el tipo ese de cejas raras que la gente reconoce por su papel en Juego de Tronos. Resultó algo así como una traición cambiar al cacho de carne sin bautizar que era el viejo Arnie por este joven de cara de sorpresa enfurecida, nos han intentado confundir, que no la llamen Conan, que la llamen de otra manera. Algo por el estilo es lo que nos sucedió en 1988 cuando Melbourne House nos presentó su Barbarian, nada que ver con el otro Barbarian, el de Palace Software de 1987.

Nos dolió ver a un bárbaro sílfido y poco violento, una nenaza cuellicorta de andares simiescos que, por si no fuera suficiente, sus principales acciones —correr, saltar, disparar, subir, bajar…— se controlaban mediante iconos o con atajos de teclado. ¿Qué diablos era todo eso? Pero, ¡ay! nos pusimos a jugar y resultó que no deberíamos ser tan prejuciosos, no era difícil hacerse con el control, con un poco de maña nos parecía que con iconos se jugaba mejor, se avanzaba muy bien, progresábamos en el juego, intuición al poder. A ver si este Barbarian no era tan chusco como creíamos…

Y no lo era, pardiez, aún con una línea de juego de engañifa —el tiempo que tardamos en llegar al malo final y matarlo es el mismo tiempo del que disponemos después para regresar a la salida— te lo podías petar en un pispás, satisfacción casi inmediata y lujazo de permitirte piruetas de sobrao al controlar a ese protobárbaro, una forma curiosa de servirnos el slash’m-up plataformero de toda la vida que, al final, nos convenció.

Ahora sólo me queda ir al videoclub y alquilar el reboot de Conan, que quizá no sea tan malo.

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