«The Swapper» – La insoportable levedad del clon

swapper

The Swapper
2013
PC (Windows)
Facepalm Games

Hay algo poderoso en The Swapper, algo hipnótico. Es una sensación similar a la de mirar a ese abismo que te atrae y a la vez te provoca un rechazo, todo ello mientras te deja solo ante la negrura más aplastante. Una cuidadosa fórmula muy personal que entremezcla conceptos de Metroid y Portal pasados por el tamiz de una estética Sci-Fi literalmente moldeada a mano. Por supuesto, lo primero que te llama la atención es su aspecto y su particular diseño: todos los escenarios han sido «esculpidos» en el mundo real y escaneados al mundo «virtual». El control es también curioso: nuestro personaje, un astronauta abandonado a su suerte en un planeta y luego en una estación espacial, se mueve cual marioneta respondiendo simultáneamente a nuestro ratón y al teclado permitiendo el desplazamiento de espaldas a la vez que dirigimos nuestro foco de luz a donde nos interese. Marioneta, sí, una marioneta que es capaz de clonar otras marionetas y trasladarse mentalmente a ellas para crear otras marionetas.

Si en Portal abríamos brechas dimensionales para trasladarnos a otros lugares, aquí creamos clones de la nada para habitar sus mentes y alcanzar lo inaccesible, mientras dejamos los cuerpos como meros replicantes de nuestros movimientos y expuestos continuamente a caídas y todo tipo de aplastamientos y desgracias. Que dicho sea de paso, nos vienen estupendamente bien para resolver los reconfortantes puzles que continuamente nos propone The Swapper. «Dilema ético», que diría el crítico de turno, aunque exponer a nuestro avatar a la desgracia es algo que en el fondo hacemos en cada juego. Que materialices voluntariamente otros avatares para luego deshacerte fríamente de ellos ex profeso ya no es tan habitual. Y lo cierto es que la ética se plantea por la vía visual: ver desplomarse inerte el cuerpo que antes habitabas y ver cómo queda retorcido en el suelo no resulta agradable. Y cuando en cierto momento necesitamos ascender por grandes espacios, es el juego el que nos invita de manera magistral a hacerlo por la vía perversa, mediante una literal Lluvia de albóndigas en forma de multiclones que vamos dejando en el aire a su suerte. Hacer eso no es bonito. Pero lo superaremos.

Se me viene a la mente también la mecánica de aquel clásico, The Sentinel, en el cual creábamos humanoides a los que nos teletransportábamos para luego reabsorber nuestro cuerpo abandonado, y quizá bebe más The Swapper de esta fuente de lo que se ha comentado en diversos medios. Y más que la película Moon, viene a la mente El truco final (el prestigio), mucho más Swapper con el nauseabundo uso de sí mismo que el ambicioso mago acaba perpetrando en pos del truco definitivo. Muy interesantes esos «dilemas éticos»: si los clones conservan algo de nosotros mismos, si seguimos siendo nosotros mismos dentro del clon, blablablá, como si nos clonáramos habitualmente en nuestra vida cotidiana entre café a café. Yo prefiero que eso no me distraiga de disfrutar de uno de los mejores juegos de los últimos tiempos. Viva la Lluvia de albóndigas.

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