«Nidhogg» – Corre, por tu vida

Nidhogg
2014
PC
Messhof

Podríamos coger Nidhogg, tanto el juego como la palabra, irnos a la Wikipedia, y tirar de la manta de la mitología nórdica para hablar de la lucha de dioses, de la serpiente unicornio, las tres raíces, la ardilla y el árbol, del cielo y la tierra y las llamas y el Ragnarok y solo puede quedar uno y fin de todo. Y de ahí hablar del reflejo de elementos, juramentos y violencia, y ponernos, en definitiva, muy serios, llenándonos la boca con indie y arte y obra y autor y catarsis y demás prepotencias; pero eso es lo que hago siempre y, más importante: Nidhogg no lo necesita.

A Nidhogg le basta con pintar dos monigotes con florete enfrentados, cada uno con el ansia de pasar al otro lado y correr para, a partir de ahí, construir posibilidades. Puedes matar o huir, siempre hacia adelante. Puedes matar con el florete a la altura de los ojos, del pecho o la cadera; puedes huir saltando, dando volteretas o rodando. Puedes saltar y dar una patada porque esto no es Street Fighter. Puedes rodar y atravesar y correr, o puedes saltar dando una voltereta y evadir y correr, o puedes correr y lanzar y ensartar y recrearte y esperar porque quieres probar de nuevo lo mismo porque ha estado gracioso pero ahora el resultado no es igual sino que los floretes chocan en el aire y debes rodar para evadir y recoger tu espada y saltar y levantarte del suelo porque al empezar a saltar te has llevado una patada y hacer la rana y girarte y desarmar y zancadillear y ahora sí ensartar y recrearte y correr y correr porque esta vez no ha sido tan sencillo y cada yarda cuenta. Eso sucede en dos segundos, y es solo uno de los infinitos enfrentamientos que se suceden frenéticamente, sin respiro ni consciencia, originados por intuición y aprendizaje al morir y al matar y al morir de nuevo y luego otra vez más, gracias a la mezcla de posibilidades exponenciales que se esconden detrás de dos monigotes pintados con florete.

Y las batallas pueden parecer eternas, como la anterior, aunque sean fugaces; o miméticas, y asemejarse a esas luchas en la que los contrincantes, reflejo sincrónico uno de otro, chocan puños de onda expansiva a cada golpe; o aprovechar la muerte o el pequeño tramo que podamos avanzar para idear una táctica de una sola estocada, apostándolo todo a ella, sintiendo una enorme satisfacción cuando sale como esperábamos (esa satisfacción de control, de entendimiento final) y una demoledora frustración cuando el rival nos adivina el movimiento y enfilamos nuestra cabeza hasta el mango de su florete en ristre. Lo épico y lo ridículo se dan de la mano para ofrecer, en cualquier caso, lo inesperado.

Nidhogg es un juego ideado para compartirse; la IA del modo solitario no aprende a la velocidad a la que lo haces tu, aunque lo hace, no te sorprende tanto como el siempre imprevisto factor humano, en cuyo ámbito siempre hay espacio para empujones. Habrá un trasunto profundo tras Nidhogg o no lo habrá en absoluto, pero quién lo necesita cuando tienes un Canabalt atómico del tira y afloja y sangre pixelada en el que si te matan has muerto y si ganas te come un gusano gigante.

 

2 opiniones en “«Nidhogg» – Corre, por tu vida”

  1. Nada más ver la imagen de cabecera, me ha venido a la mente «Great Swordman». La posición de los personajes es prácticamente clavada a los del título de Taito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.