«Monza» – Diversión absurda

Monza

Monza
1979
Recreativos Franco
Coin-op

El aburrimiento es muy malo, y a finales de los años 70 aparenta que debía serlo mucho peor. Así a bote pronto es lo que desprende un hit de los bares y ferias ambulantes de la época, la ignominia suprema sobre el concepto de máquina recreativa electromecánica –e incluso mecánica en este caso concreto– que se recuerda con el nombre de Monza, criatura de la factoría Recreativos Franco.

Esta maquinaza solía adornar paredes de bar codo con codo con otra mítica, la denostada Catarata, familia de aquellas españolísimas tragaperras cuya dinastia fundó, probablemente, Monza, máquinas que se ganaron ese apodo, tragaperras, por su función abusiva y literal, armatostes en los que el jugador introducía una moneda y el objetivo no era otro que… recuperarla. Tal cual.

En Monza tú introducías una peseta, una rubia, una perra gorda, y se ubicaba en un laberinto ramplón que movías con un volante, girándolo supeditado a la inercia de derecha a izquierda y viceversa; la moneda iba cayendo de balda a tu ritmo, si sobrepasaba el lindel de la balda o plataforma en la que rodaba, adiós, peseta perdida y ganancia para el señor del bar o el feriante de turno; si conseguías completar el recorrido, premio, recuperabas tu propia moneda. En serio. Lo juro. Monza funcionaba así, y debía funcionar muy bien porque a mediados de los años 80 Recreativos Franco parió un reboot, Rally Cross, en esta ocasión puesta en los tiempos modernos: ya no iba con pesetas, funcionaba con monedas de duro. También adaptándose a esos tiempos modernos el frontal de esta Rally Cross explicaba el objetivo del juego, literalmente «¡Pruebe! sus reflejos por solo 5pts», con la exclamación por su cuenta y el resto de predicado por la suya.

Probablemente Monza era la máquina para los héroes del pimple y bravucones chispeados porque divertida, bueno, no era mucho, y la recompensa era demostrar/demostrarse que uno estaba lúcido de reflejos en ese momento concreto. Ahora bien, dudo que ningún cuarentañero —no, no diré ni cuarentón ni cuadragenario, me niego— no haya jugado a Monza/Rally Cross, y no solo una sino en varias, distintas y variopintas ocasiones, servidor de ustedes ha jugado hace relativamente poco a una Monza y, cachis la mar, el pique está ahí, la atávica lucha máquina vs humano persiste impasible al paso de los lustros. Y no, no es divertida. Pero sí que lo es. Pero no lo es. Pero sí.

1 opinión en “«Monza» – Diversión absurda”

  1. Yo acabo de entrar en el club de los treintañeros y también le dí a la máquina unas cuantas veces. Cuando conseguías recuperar la moneda con regularidad perdía la gracia pero hasta entonces no estaba mal, combinaba habilidad y pique ¿para qué más?

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