«Hellboy: The Science of Evil» – Sed de mal

hellboyrs

Hellboy: The science of evil 
2008
PS3 (Versión comentada), XBox 360
Krome Studios

Hay una razón por la que los lectores de tebeos compran cualquier chuchería que saquen de los personajes que llevan toda la vida leyendo pero no se quieran ni acercar a sus adaptaciones al videojuego. No hay que buscar ahí melindres contra el medio o integrismos de pajero airado, es principalmente porque suelen ser una mierda. Como las adaptaciones de blockbusters, de series de televisión, de las cosas que habitualmente molan en otros medios. Un Arkham City, un Aliens vs Predators (literalmente un Aliens vs Predators) no mueven molino, son islotes aislados de calidad a prueba de bombas en medio de océanos de mediocridad anunciada. Y quizás esto sea lo peor del asunto: que nadie espere nada de las licencias, que se asuman con resignación como carcasas vacías pensadas para exprimir al fan incauto lo que la paciencia le aguante. Juegos hechos sin cariño porque esto ya lo va a poner de entrada el jugador. Lo que tarde en quemarse.

Lo que le dure la tontería.

Si está claro por qué estos juegos no se venden a su público natural, a lo mejor habría que explicar por qué algunos seguimos empeñados en comprarlos. No es fácil, la mayoría de las explicaciones que se me ocurren (cariño al género, paciencia a prueba de balas, completismo) pasan invariablemente o por tener más moral que el Alcoyano o por ser un poco idiota. Posiblemente me deben pasar un poco ambas cosas porque he pasado meses buceando en los cajones de saldo a la busca de este Hellboy: science of evil sabiendo positivamente que iba a ser horroroso. Pero por otro lado, si alguna vez ha habido un producto con madera de franquicia videojueguil ese es Hellboy: infinitos bestiarios tanto propios como adaptados de mitologías y folklores de todo pelo, agencias gubernamentales secretas, profecías infernales, cabezas de nazis conservadas en un tarro. Hellboy es una serie parece encontrarse cómoda haciendo equilibrios entre conceptos que deberían darse de bofetadas, y funciona mejor cuanto más disparatada es la mezcla. La energía de los superhéroes de Kirby con la atmósfera de los relatos de Lovecraft. Cuentos chinos de fantasmas y pistolones del tamaño de un brazo. Encontré el juego en el expositor de una gasolinera y lo compré sin dudar. No podía ser bueno, claro que no. Pero, venga, ¿cómo podría ser malo?

Hellboy: science of evil no es malo por sus monótonos escenarios, sus enemigos clónicos, su mecánica machacabotones o una cámara que siempre se las ingenia para ocultar los objetivos. Que también es malo por eso, pero lo imperdonable, lo verdaderamente descorazonador, es que tampoco da pie para tapar las carencias con lo que estás dispuesto a poner de tu parte. En Science of evil no apetece jugar bien. Tampoco se podría, pero los pocos combos debería al menos querer aprenderlos. Las distintas municiones del Samaritano deberían provocarme curiosidad. Y tampoco. Science of evil es malo, y lo que es peor, perezoso. No está de humor ni para intentarlo.

Tones escribió hace unos meses que uno de los síes de los videojuegos es que en ellos puedes ser Batman, y tiene razón porque en la serie Arkham puedes serlo. Pero eso es como decir que se puede ser Batman desde 2009, antes de eso hubo un buen montón de juegos apestosos donde se podía ser un tipo con capa y orejas que lucha contra payasos, pero no Batman. Hoy se puede. Spider-man, Superman, los Vengadores y (por Dios) Hellboy, quizás a lo demás también os toque algún día.

3 opiniones en “«Hellboy: The Science of Evil» – Sed de mal”

  1. Hombre, el trepamuros sí que ha tenido algunos buenos juegos. Hulk tiene uno muy bueno y Deadpool, Lobezno y Capitán América los han tenido decentes.

    El peor parado, y no creo que vaya a cambiar nunca, es Superman. De mojón en mojón sin atisbo de redención.

  2. Ya, pero son excepciones. Un mal Mario es un escándalo, y así debe ser, pero un mal Spider-Man no sorprende a nadie. No recuerdo un momento en que lo hiciera.

    Ojo, que yo me lanzo sobre cada licencia que se pone a tiro. Pero, eh, imagínate que esos juegos decentes además de con profesionalidad se hubieran hecho con ganas.

    Deadpool yo lo pondría (de hecho lo puse) entre los buenos.

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