«Killer is Dead» – Cuando personal quiere decir otra cosa

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Killer is Dead
2013
Grasshopper Manufacture
PS3 (versión comentada), 360. A partir de mayo en PC

Como todas las etiquetas, la de indie es útil solo el tiempo que tarde tu público en darse cuenta de la cantidad de productos distintos, cada uno de su padre y de su madre, que estás metiendo en el mismo saco. Tan indie es Thomas Was Alone como Dear Esther. Guacamelee! y Minecraft. Geometry Wars y Journey. Si las discusiones sobre qué es un videojuego o las de si se les debe considerar arte no te han dado ya ganas de buscarte otra afición, la de dónde empieza y acaba lo indie puede ser la que termine de una vez por todas con lo que te quede de paciencia. Recopilemos: a veces se llama así a juegos paridos por equipos de desarrollo pequeños, pero no siempre es el caso. Otras es sinónimo de bajos presupuestos, trabajos experimentales o dirigidos a un público que la gran industria suele pasar por alto. Pero también es fácil encontrar ejemplos muy sonados que se pasan por el forro cuanta puerta se le quiera poner al campo. Aunque es fácil encontrar nombres propios asociados a los grandes lanzamientos (los hermanos Houser. Miyamoto, por amor de Dios), al final se suele llegar al acuerdo de que, hoy por hoy, indie es aquel juego de escala media-baja en que prevalece la visión autoral. Esta solución resulta cómoda por maleable: es difícil concretar los límites de algo que depende en gran medida de por dónde nos salga hoy el autor, así que el tiempo que nos ahorramos en discutir lo podemos invertir en jugar.

No seré yo quien se queje.

Como esta ecuación de independiente-igual-a-autoral la tenemos todos más o menos asumida, estamos también acostumbrados a que lo indie sea terreno abonado para la reflexión sensible y el ramalazo poético. Partiendo de que hablamos de una etiqueta que engloba cosas como Spelunky o Hotline Miami, es natural que el juego asociado a tu nombre trate de temas que te preocupan, y ya no extraña a nadie que los independientes construyan su obra desde el comentario social, político o religioso. Tu juego habla de ti, y como lo juego yo, lo hace a través de mí. Lo que es estupendo cuando el autor es un individuo elegante y delicado, porque hace que yo también me sienta así mientras avanzo. Otra cosa muy distinta pasa cuando el autor es un gilipollas. Ahí cambia mucho todo.

No creo que nadie haya considerado nunca independiente a Suda 51, pero es un señor que lleva un buen montón de años produciendo exactamente los juegos que a él le gustaría jugar, siempre instalado en la serie media como garantía de que lo que tienes delante es (para bien o para mal) fruto tan solo de su mente enajenada. Traten sobre cheerleaders matazombies, Orfeo con pistolones o sobre… bueno, de lo que fuera que trataran cosas como Flower, Sun and Rain, los juegos de Suda hablan de Suda. Hasta tal punto llega la cosa que su empresa lleva con orgullo la palabra artesano en el nombre, y Killer is Dead es también fruto de esa política. Al componente habitual de combate y exploración se une ahora una especie de simulador de seducción tróspida, donde a través de una serie de minijuegos absolutamente sonrojantes nos envalentonamos atisbando escotazos a hurtadillas antes de sepultar en regalos a nuestra compañera y llevárnosla a la cama. No todos los regalos son igual de eficaces y hay que tener cuidado con que nos descubran despistados, a cambio recibimos armas y herramientas que servirán (poco) en el combate y (algo más) en las próximas citas del protagonista. El resto del juego es un título de acción solvente en la línea de Suda, que dice solo un par de cosas pero las dice muy bien. Bueno, las dice como se habían dicho ya en No More Heroes, un juego al que a mí solo me falta llamarle guapo por la calle pero que no a todo el mundo cae igual de bien. Las dos mitades, la del seductor de barra de bar y la de asesino elegante en la línea del polar francés (si en el polar se echasen carreras en moto a un samurái montado en un tigre), se dan de bofetadas y, de hecho, podrían existir tranquilamente la una sin la otra. En la parte de acción también hay personajes femeninos hipersexualizados en la línea de Juliet en Lollipop Chainsaw, pero fuertes y resueltos. Ambas conviven en la misma aventura solo porque Suda debe considerar que forman parte de la misma visión. Su visión.

Si los indies aprovechan el medio para que mires por sus ojos, Suda es indie de toda la vida. De un tiempo a esta parte puede que incluso un poco más. Otra cosa es que te guste lo que veas, y quizás el hecho de poder articular discursos tan incómodos habla a favor de la madurez del medio y su capacidad expresiva. Tampoco La Celestina, las novelas de Boris Vian o las pinturas de Bacon son monumentos al buen gusto. Killer is Dead es un juego salvajemente personal que no quiere ser una obra de arte, tampoco un chiste o un comentario. Es un reflejo, un espejo de su autor que muestra una faceta suya ciertamente miserable. Pero sincera. ¿Y no queríamos videojuegos personales? Pues nos acaban de servir dos tazas.

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