«Luftrausers» – Grafitti aéreo

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Luftrausers
2014
PS Vita (versión comentada), PS3, Steam.
Vambleer

Pese a lo que pueda parecer en capturas y vídeos (el que cierra este artículo sin ir más lejos) Luftrausers no es exactamente un juego de naves, aunque salgan ciento y pico y la cosa transcurra entre tremendas balaseras aéreas. Luftrausers trata principalmente sobre construir un arma eficaz, echarla a volar y levantar luego otra nueva sobre los escombros humeantes de la anterior. Que no es como si no fueras a pegar tu ración de buenos tiros, pero yo al menos mientras los pego pienso sobre todo en cómo sacar mejor partido a la combinación de piezas que conforman mi avión (disparo, motor y carlinga) cuando el actual se convierta en un amasijo de metal churruscado, en el engendro volador aún más mortífero que construiré a partir de mis anteriores fracasos. Hay dos partidas en marcha cada vez que se juega a Luftrausers: el infierno sepia que se ve en la pantalla y el que vendrá a continuación, el que preparo mentalmente en mi búsqueda de la combinación perfecta mientras regateo cazas y lucho por mantener el combo.

Porque, amigo, en Luftrausers siempre va a haber otra partida a continuación.

A Luftrausers hay que volver a aprender a jugar en cada reinicio. Solo se recupera vida cuando no se dispara, pero solo disparando se alcanzan multiplicadores dignos. Solo acelerando conseguimos estabilizar el avión, pero es importante saber cuándo toca dejarlo caer. Se muere por hacer una cosa y se muere por hacer la contraria, lo que ahora ha salido bien te matará en la próxima ronda. Al construir nuestra nave escogemos de entre piezas que llevan aparejado un listado de objetivos que se acumulan entre sí, y que hay que completar para conseguir nuevas materias primas. En cada reinicio decidimos entonces qué tipo de partida va a jugarse a continuación, si será a la defensiva o a cara de perro, si se peleará la zona baja de la pantalla o la alta, si la cosa se resolverá a base de llenar de proyectiles el escenario o afinando cada disparo con precisión de cirujano. Cada avión tiene su propia personalidad porque está pensado para funcionar en una partida concreta, cada una de sus partes quiere que hagas una cosa muy definida de una forma determinada, y te conviene hacerlo porque eso es el juego.

Sin escenarios, sin apenas variedad de enemigos, Luftrausers es un ejercicio de construcción y reflejos con poco espacio para la especialización: uno podrá tener su avión favorito, pero hay que volarlos todos, dominarlos y aprender de ellos el poco tiempo que aguanten entre el despegue y su destrucción inevitable. Construirlos con amor de artesano, sopesar con mimo el equilibrio entre los componentes y luego dejarlos ir para que revienten en estallidos agónicos. Y entonces montar otro mejor. Porque eso es la muerte en Luftrausers, la oportunidad de dar con una nueva combinación ganadora.

Una mejor. Nunca la definitiva.

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