«Drowning in Problems» – El pesimismo vende

Drowning in Problems

Drowning in Problems
2014
Notch
PC

El pesimismo vende. Sólo hace falta acercarse a los telediarios, o a cualquier conversación ajena, para ver como las masas están, o estamos, deseosas de escuchar que su vida es una mierda no por las elecciones erróneas que hayan podido hacer, sino por la vida carece de sentido, significación y zaranjadas aún peores. Uno nace para morir y la infancia es la mejor edad y después de la universidad todo es trabajar son las frases de 0.60, un euro a lo sumo, que se esgrimen con la misma facilidad que claudican cualquier posible reflexión sobre las amarguras de la vida propias y ajenas. Lo raro, es que aún no hubiera llegado el lugar común favorito de la comunidad adulta al videojuego.

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«Dragon’s Lair» – Imaginando lo que no existe

dragonslair

Dragon’s Lair
Arcade (versión comentada) y otros
A.M.S
1983

Quizá sea sólo una anécdota wikipédica decir que los únicos tres videojuegos en exposición que se encuentran en el Instituto Smithsoniano sean Pong, Pac-Man y Dragon´s Lair. Y quizá sea difícil hablar de Dragon´s Lair como clásico absoluto del videojuego cuando hoy día nos lanzamos a catalogar alegremente determinadas obras como «películas interactivas» negándoles despectivamente el título de «juego». DL es una película interactiva. Y es un videojuego. Porque el videojuego es imagen interactiva. Nace así. Cosas que se mueven en pantalla cuando uno mueve otra cosita llamada stick, o botón, o lo que sea. Películas interactivas que en origen eran unas rayas blancas sobre fondo negro donde rebotaban cuadrados que iban de un lado a otro. DL fue el primero que imaginó una propuesta radicalmente distinta.

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«Driver: San Francisco» – Conduciendo por deporte

Easy Driver

Driver: San Francisco
2009
PC, Mac, Xbox 360, Wii, PS3 (versión comentada)
Ubisoft Reflections

Siempre consideré la canción de The Heavy How You Like Me Now una declaración de intenciones por parte los británicos Reflections, el estudio desarrollador (no en vano forma parte de una banda sonora que no te la acabas de lo buena que es) de Driver: San Francisco. Un juego que no las tuvo todas consigo en su estreno, debido tanto al bagaje que arrastraba como a una cadena de retrasos que, pese a resultar la mejor de las decisiones, acabó empañando la imagen final. Pero el juego sale indemne. Casi siempre.

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«Yoshi’s New Island»: ¿New?

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Yoshi’s New Island
Nintendo 3DS
Nintendo
2014

Hablar de Yoshi´s New Island es imposible sin rememorar antes lo que supuso su gérmen, el llamado (no sé si mal mal mal) Super Mario World 2: Yoshi´s Island. Más que una segunda parte, YI era una vuelta de tuerca al universo Mario, en una época en la que existían tuercas que girar. Una revisión del personaje de Mario apelando a los sentimientos paternales, de protección, donde en cada rincón pugnábamos por conseguir tiempo. Tiempo para evitar que nuestro pequeñín a lomos de Yoshi se nos escapara por los aires en momentos de tensión máxima acrecentados por berridos histéricos que no hacían ni pizca de gracia. Además, lo que aparecía en pantalla estaba patrocinado por el chip Super FX 2 de SNES, lo que permitía licencias visuales muy espectaculares al servicio de las dos dimensiones, y alguna licencia en 2.5D muy discretas y bien traídas. Además, el juego era monísimo. Un ejercicio de estilo pictórico donde todo parecía pintarrajeado por ese bebé histérico de los berridos. Algo digno de impresionar cualquier retina con su buen gusto y originalidad.

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«Blood Bowl: Legendary Edition» – Como un puño orco rompiendo una mesa

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Blood Bowl: Legendary Edition
2010
PC (versio´n comentada)
Cyanide Studio

Los juegos de miniaturas de Games Workshop, con Warhammer a la cabeza, siempre estuvieron más condenados al transplante virtual que sus primos lejanos, los juegos de rol de lápiz y dados. Al menos, en estos últimos el papel de la imaginación es difícilmente sustituible por una capa de gráficos superpuesta a un sistema de reglas. Pensemos, por ejemplo, en el ridículo de los LARPeros (que tan bien entendió Obsidian en South Park, al que no estáis jugando porque no tenéis remedio) o de aquella fiebre gótica noventera de jugar a Vampiro «en vivo», como si vestirse de Robert Smith prejubilada solventando combates con piedra-papel-chorreras sirviese para transmitir la sensación de ser un depredador humano.

El caso de Warhammer era más sencillo: la compañía de Ian Livingstone (la que tuvo antes de Eidos, quiero decir) no se complicaba la cabeza con historias. El lore, el sustrato narrativo, era poco más que morcilla metalera para convencer a un puñado de chavales de que sisasen el bolso de su madre para comprarse un ejército de ratas de plomo con las que jugar una mezcla de ajedrez y parchís. Posiblemente, ningún otro título entendió mejor esa síntesis de lo que es Warhammer que su rugby, Blood Bowl: simulador de un deporte que no existe entre criaturas mitológicas, que también funciona como Pac-Man táctico.

Blood Bowl, jugado en una mesa normal, consiste en desplazar figuritas al son de los dados y las reglas, intentando en todo momento recordar el conjunto de números que le dan sentido. En perseguir la diversión del juego a través de las interrupciones: ahora mover la ficha, ahora consultar la tabla equis, ahora tirar el dado. Un puñado de microinfartos de lo lúdico, de coágulos pretecnológicos entre el objetivo de Blood Bowl y la cojera comunicativa que impone su canal físico. Como videojuego, sin embargo, Blood Bowl puede permitirse descargar toda la gestión del reglamento a sus tripas calculadoras, dejar que los jugadores se encarguen de bucear en esa idea loca de orcos y elfos jugando una liga profesional en la que no hay frontera entre la lesión y el cementerio.

Lo curioso es que Cyanide (unos exUbisoft a los que Games Workshop había demandado previamente por Chaos League, simulador de Blood Bowl sin licencia) apenas consiguió entregar un producto correcto: desvaído en lo gráfico, completamente imbécil en cuanto a su interfaz de usuario, repleto de malas decisiones, su transplante digital parece empeñado en crear nuevos obstáculos. Y ni con ésas consigue evitar la sensación de que no serán las impresoras 3D las que maten a Games Workshop (que ojalá, porque la empresa actual tiene uno de los modelos más abusivos del ocio actual), sino cada juego digital que, desde Shadow of the Horned Rat, demuestra las limitaciones de cualquier juego de mesa analógico.

«Mercenary Kings» – Píxels ambiciosos

Mercenary

Mercenary Kings
2014
PC, Mac, PS4 (versio´n comentada), Vita
Tribute Games

Mercenary Kings no sabe del todo bien lo que quiere. Aparentemente incorruptible y adictivo, demuestra solvencia reduciendo cualquier expresio´n a su mi´nimo, desnudo de subtextos a favor de una agilidad jugable, honesta. Pero esa inmediatez acaba atomiza´ndolo todo porque, por otro lado, exige horas y horas de farmeo, de muertes idiotas para poder avanzar. Entiendo la repeticio´n de fases como si´ntoma de aprendizaje zen, no como compromiso para poder jugar bien. Si su fortaleza arti´stica le confiere personalidad y cara´cter, sus ambiciones mirando por igual a Borderlands o a Gunforce dinamitan la idea principal de querer ser un arcade de recreativa: demasiada densidad. Esto seri´a ma´s virtud que defecto si esa densidad se hubiese implementado correctamente y no a pun~etazos.

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«Threes» – Dos más uno

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Threes!
Sirvo LLC
iOS (Versión comentada), Android
2013

Quizás los buenos puzles sean los juegos con un atractivo más complicado de explicar. Al fin y al cabo la descarga de adrenalina, la exigencia de reflejos, valor y habilidad que piden los buenos arcades o el pensamiento frío y capacidad planificadora que piden los hitos de la estrategia o las aventuras gráficas están claros desde el primer momento, pero las exigencias de los buenos puzles son algo más complicadas. ¿Qué está pidiendo Tetris al jugador? ¿Que afile la velocidad o la inteligencia? ¿Los reflejos o la estrategia?

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«Thor: God of Thunder» – Ardor guerrero

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Thor: God of Thunder
2011
Nintendo DS
Wayforward

Hay cosas que solo se entienden como es debido cuando se han descubierto a cierta edad. Se puede aprender a apreciarlas aunque se llegue a ellas a destiempo, pero ya no se disfrutan igual. Los tebeos de superhéroes, la serie B, según qué géneros de videojuegos. En Mondo Píxel no nos gusta especialmente la nostalgia porque más que reivindicar cierta manera de hacer las cosas a menudo esconde unas ganas mal curadas de volver a tener ocho años. Aquí, la verdad, no somos muy de eso.

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«King Arthur» – Resacón en Camelot

King Arthur

King Arthur
2009

PC
Neocore Games

(Artículo publicado anteriormente el 7 de abril de 2011 en el blog de Mondo Píxel.)

Lo mejor de King Arthur es que me costó 3 pavos en Steam un fin de semana. Aunque de esto me enteré más tarde, dado que mi ordenador aún no tiene un filtro que detecte el alcohol y me impida comprar cosas estando borracho. No, me levanté esa tarde de domingo, y allí estaba, un nuevo icono en el escritorio, bien pixelado, como en tiempos de antiguos Windows. Pero eh, me sonaba, era esa especie de Total War con inventario y rolazo y criaturas fomorianas. Es decir, lo que ya era Warhammer: Shadow of the Horned Rat mucho antes de que existiera Total War.

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«Project Rub» – El roce hace el cariño

Project Rub

Project Rub
2005

Nintendo DS
Sega

(Artículo publicado anteriormente el 6 de abril de 2011 en el blog de Mondo Píxel.)

¿Que en Nintendo han cometido errores en el pasado merecedores de horca empresarial? Pues sí. ¿Que en la compañía se siguen empecinando en mantener, generación tras generación, las mismas flagrantes carencias en su catálogo? Cierto es. Pero justo es conceder que Nintendo ha influido de manera decisiva en el presente lúdico que en la actualidad nos está tocando jugar. También deberemos admitir que han introducido –casi por la fuerza– en nuestros hogares formas de entretenimiento impensables hace años… Y además, cosa difícil, lo han hecho derribando puertas blindadas en lo psicológico y en lo tecnológico. Porque hay otra cuestión acerca de la cual no deberíamos albergar ninguna duda: fabricando arietes forjados con diversión pura, Nintendo son los putos amos.

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