«World of Goo» – El puzle elástico

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World of Goo
2008
Wii, iOS, Android, PC
2D BOY

Como género de videojuegos, el puzle suele remitirnos irremediablemente a la célebre creación de Alexey Pajitnov, quien en el año 1984, con el lanzamiento de Tetris, instauraría una de las mecánicas básicas más influyentes, replicadas y reelaboradas en la historia posterior del medio. También encontramos que un «puzle», como tal, bien puede ser un elemento concreto que se engloba dentro de otras mecánicas de juego más complejas, una pieza más que ayuda a definir los rasgos típicos de otros géneros. Se podría intentar definir este concepto remitiéndonos a la mecánica mínima, al (video)juego puro, a una interacción que requiere de cierta agudeza mental por parte del jugador para encajar, de manera figurada o no, una serie de piezas de acuerdo a unas reglas internas variables. En cualquier caso, el concepto de puzle (ya sea metafórico o literal) implica una noción de cuadratura, una rigidez en su resolución que en el caso de World of Goo, pese a ser un videojuego generalmente acogido bajo dicha etiqueta, brilla por su ausencia.

Donde otros habitan líneas rectas y geometría en World of Goo tenemos dinámica, cambio, elasticidad, pero todo ello sujeto de manera invariable a la férrea disciplina de la precisión milimétrica; en él se juega con el espacio/ausencia tanto o más que con las piezas/presencia pero donde ya no importa tanto (nada) la arista –rotar, encajar, mover piezas sobre plano– como el comportamiento de las físicas. Y esto, precisamente esto, es esencial para entender gran parte del llamado movimiento indie que le siguió y que nunca llegará a mostrarle toda la gratitud que se merece al título de 2D Boy y a sus principales responsables Ron Carmel y Kyle Gabler (exEA’s y fundadores del estudio), reconocimiento que se le atribuye casi en exclusiva a Braid, el genial título de Jonathan Blow. Con ellos el puzle se hizo grande, maduró, consiguió abarcar más y llegó a meter los dedos en el tarro de la narrativa, rozando incluso un espectro emocional –muy acentuado por las inspiradísimas composiciones musicales del propio Kyle Gabler–. Un juego que pudo soltarse el cinturón, sacarse la plantilla del zapato y saltar desde su tradicional escenario estático a una teatralidad de aventura que juega a ser puzle, como queriendo paliar la distancia existente entre su etiqueta y la de otros géneros y haciéndolo en un contexto prácticamente sin precedentes, merece ser recordado con algo más de brillo.

http://youtu.be/wjUSsXRA7Dg.

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