«Monument Valley» – Rompecabezas narrativo

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Monument Valley
2014

iPad (próximamente en tabletas Android)
Ustwo

No sé cuándo ha pasado exactamente, pero en algún punto del camino alguien ha eliminado los puzles de los juegos de acción. Su desaparición ha sido más un suspiro que una explosión: no recuerdo a CEOS ni diseñadores inventando complicados eufemismos para esos nuevos shooters sin rompecabezas, tampoco sé de nadie que ande preguntando activamente por ellos. Yo mismo no me di cuenta de que los echaba de menos hasta hace poco, cuando en Far Cry 3 me extrañó abrir una bóveda centenaria apretando botones y no tras media hora de recolocar espejos como hubiera hecho hace diez años en cualquier imitador voluntarioso de God of War  (o hace solo un par en God of War: Ascension, una precuela empeñada en parecer más vieja que el original en cualquier aspecto, no solo en la línea argumental).

Cuando los hay, los puzles en los juegos de acción se encuentran ahora en los márgenes de la trama, pasto de misiones secundarias de mediana importancia como los templos secretos del último Tomb Raider. Un añadido extra, una curiosidad. En parte se debe a la evolución del género: antes eran una pieza más del componente de exploración y este ahora se entiende de otra manera. Pero esa evolución habrá ido por ahí también porque a público y desarrolladoras les debió parecer que en medio estorbaban. Que donde debían generar emoción la interrumpían, y que todos saldríamos ganando con juegos más coherentes aunque fueran menos variados. Al fin y al cabo (y ahí está la serie Uncharted sacando pecho), más homogéneo tampoco quiere decir insípido.

Monument Valley es un juego que quiere contar una historia y la quiere contar con puzles. Uno al menos por escenario, basados en efectos ópticos y en la capacidad del jugador para reinterpretar los caminos que se abren en la pantalla desde perspectivas imposibles. Cada nivel está pensado para ser un hermosísimo escalón más en el progreso de la protagonista, que recorre su camino de redención a medida que nosotros allanamos el terreno. El camino se endereza en paralelo a su vida, y más que abriendo puertas, el juego quiere que nos sintamos acompañando al personaje al atravesarlas. A la implicación por el rompecabezas, vaya. Ni la historia propiamente dicha (que es una chorrada) ni los once puzles (vistosos hasta el stendhalazo pero inanes en la mecánica) valen nada por sí solos, pero Monument Valley funciona como conjunto más allá de la suma de sus partes. Los puzles y el apabullante apartado artístico ayudan a construir una ambientación terriblemente melancólica, y ese clima de tristeza y decadencia da credibilidad al resto del juego. El puzle no es un peaje para la historia, es la vía para desarrollarla, su camino natural y no una interrupción.

Monument Valley es un juego escueto pero bien hilado, que confía en el equilibrio de sus partes aunque seguramente no les saca todo el partido que debería. Uno lo termina (rapidito, en una hora y media debería quedar zanjado) con la sensación de que las posibilidades narrativas de sentarse en silencio a mirar un escenario hasta interiorizarlo apenas han sido aprovechadas a este lado de Fez, Echochrome y Portal. Que la parte de pensar será la parte que descartada en los juegos modernos, pero no la parte superada. Desde luego, ni mucho menos la parte aburrida.

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