«Trojan» – Tragamonedas apocalíptico

Trojan

Trojan
1986

Arcade (versión comentada), NES
Capcom

(Artículo publicado anteriormente el 1 de abril de 2011 en el blog de Mondo Píxel.)

Cuando un juego de arcade arranca dándole al jugador la posibilidad de elegir entre los seis niveles de los que consta el juego, es que le espera una experiencia rayando con el sadismo. La intención de una recreativa es sacar la mayor cantidad posible de dinero a sus clientes con un equilibrio lo más fino posible entre una mecánica desafiante pero penetrable y su atractivo plástico (del mueble a los gráficos, pasando por la banda sonora o la pantalla de Game Over), pero de buenas a primeras, Trojan se trampea a si mismo ofreciendo el mapeado abierto de buenas a primeras, para que los jugadores puedan culebrear un poco por niveles distintos. Así se las gastó Capcom en Trojan.

Trojan (la versión arcade: la versión NES merece su propio comentario) es un juego de ambientación post-apocalíptica y mecánica sencilla, absolutamente lineal y con ese estilo de beat’em-up 2D heredado de Kung Fu Master en el que los enemigos eliminados caen a una especie de vacío inexistente con un desgarrador exabrupto de dolor. Pero a diferencia de aquel clásico de Irem de 1984, donde los enemigos llegaban a agolparse frente al jugador, con el involuntariamente cómico efecto visual de estar haciendo fila para darle de palos, en Trojan los enemigos no abundan. Y aún así, la dificultad de este juego de Capcom es desorbitada. En cada fase el jugador se puede encontrar fácilmente con quince o veinte enemigos, más un mid-boss, más un final boss. Es más que suficiente para hacérselo pasar realmente mal al jugador más curtido, que contará con una espada y un escudo que colocar en cinco posiciones defensivas distintas. Pero Trojan no le pone las cosas fáciles a nadie: si el jugador se está protegiendo no puede atacar ni avanzar, y algunos enemigos podrán quitarle al jugador sus armas. Sumemos a eso que el jugador no recibe casi señal sonora o gráfica de que está siendo impactado y que la barra de energía soporta apenas cuatro o cinco golpes, y tendremos un juego tan implacable que uno llega a preguntarse que es tan hijo de puta aposta o porque en Capcom tenían el día tonto.

Y sin embargo… Trojan es misteriosamente magnético. Quizás sea su enigmática ambientación post-apocalítica, con esos gladiadores de película de explotación italiana de Mad Max. Quizás sea su áspera mecánica, sencillísima como tantos juegos de la época y ensordecida por el escasísimo alcance de las armas y los saltos del héroe. O, definitivamente, quizás sea porque aunque se pueden perder vidas a una velocidad de espanto y de algunas de las formas más abusivas de la historia de las recreativas, el jugador nunca piensa que le han hecho trampa: la culpa siempre es del jugador. Y eso, en el ambiente despiadado y poco dado a las disculpas de las máquinas de arcade, es todo un tesoro.

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