«Yoshi’s New Island»: ¿New?

yoshi

Yoshi’s New Island
Nintendo 3DS
Nintendo
2014

Hablar de Yoshi´s New Island es imposible sin rememorar antes lo que supuso su gérmen, el llamado (no sé si mal mal mal) Super Mario World 2: Yoshi´s Island. Más que una segunda parte, YI era una vuelta de tuerca al universo Mario, en una época en la que existían tuercas que girar. Una revisión del personaje de Mario apelando a los sentimientos paternales, de protección, donde en cada rincón pugnábamos por conseguir tiempo. Tiempo para evitar que nuestro pequeñín a lomos de Yoshi se nos escapara por los aires en momentos de tensión máxima acrecentados por berridos histéricos que no hacían ni pizca de gracia. Además, lo que aparecía en pantalla estaba patrocinado por el chip Super FX 2 de SNES, lo que permitía licencias visuales muy espectaculares al servicio de las dos dimensiones, y alguna licencia en 2.5D muy discretas y bien traídas. Además, el juego era monísimo. Un ejercicio de estilo pictórico donde todo parecía pintarrajeado por ese bebé histérico de los berridos. Algo digno de impresionar cualquier retina con su buen gusto y originalidad.

Me queda la sensación de pisar terreno muy trillado con Yoshi’s New Island. Me pasó lo mismo con New Super Mario World 2. Una cierta fatiga, un tedio, que a veces se sobrepone a la calidad del propio juego, que tampoco podemos negar. YNI es monísimo. De nuevo. Quizá la capacidad de hacer algo mono no pasa de moda y siempre estamos a tiempo, pero cada época tiene un contexto tecnológico, un sitio que explorar, y esta propuesta de Nintendo no ocupa ningún sitio relevante en el panorama actual, algo que sí sucedía con su germen de los años noventa. Chirría dar dimensión 3D a unos fondos que son conceptualmente tapices, garabatos con pastel en una superficie plana. Chirrían esos planos superpuestos que se atreven a imitar a la vez distintas técnicas, acuarela, lápiz, lo que sea, y que entran en la compulsión de complacer con la filosofía de ¡mira, está hecho a mano, son dibujitos, qué estilazo! Capas que a veces parecen darse bofetones unas a otras lejos de la propuesta genuina de antaño.

Sí, claro, el juego es agradable. Todo transcurre con mimetismo monocorde respecto a lo que ya conocemos del juego original. No existe riesgo. La partitura es como un silbidito, avanzamos sin grandes sobresaltos y las escapadas de Baby Mario, por todas estas razones, parecen menos dramáticas por momentos. Aparecen cosas grandes en pantalla desde el comienzo, quizá para recordarnos rápidamente que esto es algo New aunque pronto descubrimos que ni mucho menos. El sonido en general, por cierto, acompaña al silbidito perfectamente, muy gracioso y tan mono como los fondos pastel. No podían faltar las tímidas novedades de verdad, esas transformaciones de Yoshi que no vienen muy a cuento y que nos recuerdan que la 3DS tiene un giroscopio o algo parecido, que hace cositas cuando mueves la consola.

No he podido evitar acordarme de Kirby’s Epic Yarn, de cómo un giro estilístico se mezcla perfectamente con lo jugable y acaba proporcionando, de verdad, algo nuevo, mono y sorprendente. Me sigo divirtiendo con Mario, en serio, aunque en una línea claramente descendente. Pero me asalta la duda de hasta cuándo podrá Nintendo seguir encontrando tuercas por ahí.

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