«Earth Defense Force 2025» – SHOOT DOWN EVERYTHING!

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Earth Defense Force 2025
PS3, Xbox 360 (versión comentada)
Sandlot
2014

Para explicar al neófito de qué trata Earth Defense Force 2025 se puede recurrir a una matemática básica en la que ni siquiera hace falta emplear una terminología demasiado específica. Tenemos una premisa inicial y un objetivo, que no varían,  y centenares de elementos prestos a participar en una combinatoria de la destrucción en permutaciones casi infinitas. O lo que es lo mismo, tenemos una invasión alienígena y el objetivo de aniquilar a todos los invasores, y tenemos cuatro clases de soldado cada uno con unas características muy específicas, centenares de armas a desbloquear pero de las que podremos hacer uso sólo de dos en dos, unas ochenta fases, cinco niveles de dificultad que desbloquean armas concretas, y un modo cooperativo online y/o a pantalla partida. Además, el juego de Sandlot (cuarta entrega de la franquicia titulada Chikyuu Boueigun en su país de origen y que se estrenó en PlayStation 2 hace ya once años) es probablemente la traslación más fiel a lo tridimensional del arcade de hace veinte años, una traslación que además se aventura a incorporar puntales de estrategia (de hecho, la estrategia será la única vía posible a la hora de afrontar los niveles de dificultad más altos) y ciertos ramalazos de shmup en determinadas secuencias.  También es una enloquecida danza de monstruos, robots, naves, rayos láser y explosiones en honor a todo lo que importa.

Todo lo que ocurre en EDF 2025, definiciones y etiquetas de género aparte, gira en torno a los conceptos de economía y poética. Economía de recursos, por un lado, porque el juego entiende a la perfección su propuesta, cuáles son sus pretensiones y las de los cuatro gatos que siguen, acérrimos,  la franquicia de Sandlot con un puñal entre los dientes, y centra todos sus esfuerzos en potenciar los tres o cuatro recursos básicos que baraja para conseguirlo. El juego se entiende al minuto y medio pero no deja de multiplicarse por la indecente cantidad de horas que exige la extracción de toda su miga. Y la poética, por otro lado; la exaltación poética paisajística que se deriva de una invasión de insectos gigantes alienígenas y sus inmensas naves de colorines recortando un cielo naranja chillón. La poética, también, del Héroe Máximo, aquel que defiende todo un planeta frente a un millón de enemigos en una concatenación de niveles en los que si aparecen menos bichos que en la fase anterior será por tratarse de bichos más grandes (esto también es aplicable a las naves y a los roboces). Y la poética, claro está, del lanzar una mirada cómplice al pasado, al pasado del videojuego y al del más claro referente externo que se maneja aquí, con sus monstruos cinematográficos de andares renqueantes. Entiende tan bien todo esto y lo ofrece de manera tan concisa que no se sonroja a la hora de repetir descaradamente (copia y pega) escenarios y enemigos de anteriores versiones so pretexto de una coherencia argumental que a nadie le interesa pero que hace bulto y tampoco molesta.

El concepto de videojuego que defiende Earth Defense Force 2025 es tan puro, está tan sin contagiar de influencias diversas propias de la cadena evolutiva del medio que precisamente por ello está cerca de la extinción. No hay nada que no pueda gustar en EDF, sean ustedes más o menos irónicos, pero por desgracia son muy pocos los conservacionistas locos que alzan pancartas y vítores para preservar su supervivencia, o, por lo menos, para que su nombre sea tenido en cuenta.

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