«Batman Returns» – Murciélago al límite

Batman Returns

Batman Returns
2009

Sega Mega-CD
Malibu Interactive

(Artículo publicado anteriormente el 19 de abril de 2011 en el blog de Mondo Píxel.)

¡Menuda montonera de regalos nos hizo Sega en 1993! El primero de todos ellos fue el Mega-CD. Y luego vinieron la mayoría de los juegos que aquel año acompañaron al sistema: Night Trap, Thunderhawk, Silpheed… Aún con cuánto estábamos disfrutando sus usuarios del apéndice CD de Mega Drive, muchos no terminábamos de sentirnos cómodos con la que se suponía sería la plataforma lúdica del futuro, perdidos como estábamos entre aventuras semi-interactivas FMV y títulos ya disfrutados en otras máquinas a los cuales se les había añadido ramplonas escenas de vídeo y banda sonora grabada en el compacto del juego como pistas estándar de audio.

Y entonces llegó Batman Returns, razón definitiva de compra del Mega-CD para quien escribe estas líneas… Y no solo por la esplendorosa banda sonora que compuso para el juego Spencer Nielsen. Al principio pensábamos que, engañosamente engalanado con el nuevo collar CD, querían vendernos al mismo perro con el que ya habíamos jugado en Mega Drive. Hasta que nos fijamos en los pantallazos que decoraban la contraportada del programa, toda una tentación para los auténticos enamorados de cualquier aplicación práctica de la sprite-scaling technology: un rapidísimo juego de conducción que ofrecía la posibilidad de manejar al Batmobile y al Batskiboat por las calles y alcantarillas de Gotham City. Rapidísimo, sí: tanto como un ascensor descolgándose a los vertiginosos 12.5 MHz de frecuencia de reloj del procesador de Mega-CD. Y lo disfrutamos justo como esperábamos hacerlo, a golpe de ametralladora, a misilazo limpio, terminando los niveles con la falta de tiempo auténtico enemigo del juego— apremiándonos en cada partida.

Por supuesto, el espíritu shovelware de Batman Returns también trajo consigo al plataformas de Mega Drive que ya conocíamos, aquel con el que podíamos controlar el garfio, los saltos y los puños de Batman. Controlar eso mola siempre, pero en verdad toda esa parte está ahí como la ensalada que en ocasiones acompaña al entrecot: no molesta y no pasa nada porque esté ahí. Pero no te la sueles comer, porque con el entrecot te basta y te sobra… Y además está cojonudo.

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