Demasiado E3 para el cuerpo

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No conozco a nadie que trabaje en esto de los videojuegos de forma más o menos profesional (postear setecientas veces diarias en el foro más leído en castellano poniendo a caldo, por ejemplo y sin ir más lejos, a los pobreticos redactores de la prensa de papel NO cuenta como profesional, ojo) que no odie el E3. Sobre todo si ha ido alguna vez a Los Angeles y ha pasado tres o cuatro días corriendo por pasillos prefabricados de plástico blanco y aluminio corroído, escuchando respuestas robóticas a entrevistas elaboradas apresuradamente, destrozado por el jet-lag y envidiando y sintiendo lástima a la vez por los dementes que han pagado una entrada para vivir aquella orgía de promesas que nunca se cumplirán, aquella pirámide de hypes a medio formular.

El motivo por el que muchos profesionales odiamos el E3 se resume en un tuit que Bruno Louviers, asfixiado desde Los Angeles, tecleó una madrugada: «Repasando los juegos de ayer, puedo entender el problema que supone ver las cosas desde aquí. Ciertamente, uno se viene arriba y todo mola». La clave está en que Louviers, que aún no es un viejo estragado por décadas de freelancismo extremo como otros miembros de esta santa casa, a pesar de su envidiable ímpetu juvenil, ya ve como un problema ese fastuoso circo de luces parpadeantes, pantallas de plasma, muñecos de Sonic que ocupan el equivalente a cuatro salones de piso de mileurista y siete entrevistas a la hora, con quince minutos para picar un sandwich de color no catalogado. Lo ve como un problema porque todo ese colorido de plástico malo es un problema.

El E3 es una desvergonzada exhibición de poder por parte de una industria que, si no agoniza, digamos que tiene la urgente necesidad de replantearse muchas cosas si no quiere verse asfixiada por su propio peso. En los viejos tiempos, cuando los medios especializados eran meramente analógicos, tenía sentido algo como el E3. Por mucha fanfarria y mucha carraca que se ocultara tras cada esquina, por mucha vil mentira que tramaran las compañías con cada presentación, ni había transmisión inmediata y fidedigna a millones de espectadores (es decir, los jugadores tenían que fiarse de las imprecisas impresiones de la prensa) ni, sobre todo, había medios contestatarios e inmediatos como Twitter, que ponen en solfa todo lo establecido en cuestión de milisegundos. Cada vídeo presentando la última revolución de la industria, esta vez sí que sí, tiene automáticamente una respuesta en forma de gifs chascarrillosos que relativizan toda la gravedad con la que nos venden los cacharros y miles de millones de dólares invertidos en publicidad.

Consecuencia, y por muy cebolletista que suene: el E3 no es lo que era. Ni siquiera si lo comparamos con la cada vez más disparatadamente sobredimensionada Gamescom, sino como propio evento que intenta reflejar todos los tentáculos de una industria. Sencillamente, porque esa industria se ha diversificado de tal manera que un solo evento de características tan ciclópeas como este no es capaz de cubrirla con coherencia. Indies, nuevas formas de negocio, plataformas cada vez más diversificadas (el E3 no solo no sabe cómo prestar atención a la millonaria industria móvil, sino que no está preparado para atender a cuestiones como las futuras consolas low-cost, que podrían dar un vuelco a la industria o no, pero desde luego no lo harán en el anquilosado marco informativo de esta feria)… la industria del videojuego se ha atomizado, y el E3 sigue estructurando su arquitectura en torno a las grandes presentaciones de las grandes compañías, donde solo vemos un trailer detrás de otro, una cinemática que no dice nada sobre los juegos detrás de otra…

Aún así, seguimos agolpándonos frente a los ordenadores cada año para seguir y comentar las conferencias y para consumir ávidamente noticias y anuncios. En mi caso particular, se trata más de la morbosa contemplación de un aparatoso choque de trenes que un interés genuino por una cultura mainstream que me habla en un idioma completamente ininteligible, pero… ¿y el resto? ¿Cuántos jugadores asisten a una película de zombis sin darse cuenta?

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