«The Punisher» – El justiciero de la ciudad

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The Punisher
Volition Inc
PS2 (versión comentada), XBOX, PC
2005

Es cosa más que sabida que cuando parieron a Punisher como villano-con-su-poco-de-razón en Amazing Spider-Man 129, sus muchos padres tenían en la cabeza el fenómeno de Death wish, aquel peliculón con Charles Bronson que en ese momento estaba haciendo unas taquillas tan desorbitadas como merecidas. La película se desviaba completamente de la novela de origen, donde la figura del vigilante se miraba con algo más que  desconfianza, para plantear un Nueva York tan echado a perder como para que solo se pudiera meter cordura en la cabeza de los jóvenes haciendo sitio primero con un calibre 38. Funcionó… bueno, como un tiro. Pero nuestro Punisher, a pesar de que cayó bien enseguida, no terminaba de encajar con el tono del héroe Marvel de la época. Se probaron aproximaciones muy distintas para hacerle sitio entre hombres-araña y filántropos vestidos con armaduras de hierro (balas tranquilizantes, control mental para justificar según qué excesos…), pero todas sus historias parecían algo desvahídas hasta la miniserie de 1986.

Y una cosa que no se cuenta en las solapas de los recopilatorios es que para 1986 ya había un Castigador real suelto por las calles.

Un año antes de la publicación de aquellos tebeos, Berhard Goetz había salido a la calle con la intención de matar criminales a la primera de cambio. Le salió regular y solo consiguió herir a tres y dejar paralítico a un cuarto, pero el caso tuvo la repercusión suficiente como para levantar un debate social que lejos de enfriarse con el tiempo, se fue caldeando con cada novedad sobre el juicio y sus implicados (uno de los supervivientes acabó al poco en la cárcel por violar a una mujer embarazada). Inesperadamente, grupos a favor de los derechos civiles apoyaron a Goetz, incluso el entonces fiscal Rudolph Giuliani le echó un cable descartando toda motivación racial (a pesar de los muchos comentarios racistas que se empeñaba en repetir ante cualquiera que quisiera escucharle). Finalmente Goetz se libró de la cárcel aunque no de una demanda por daños, y hoy es una figura casi cómica que cuando no monta campañas para proteger a las ardillas de la ciudad se pasa una temporada a la sombra por vender marihuana a policías de incógnito. Aunque se le recuerde como poco más que un chiste, entre el 85 y el 88 Goetz puso cara al ciudadano desprotegido que tiene que lograr por su mano lo que el Sistema no está dispuesto a darle, y de rebote, como una consecuencia imprevista, generó el enfoque para uno de los personajes clave de la década.

Así, el Punisher de 1986 era frío y expeditivo en su misión no ya de venganza sino de justicia, el único hombre cuerdo en una ciudad de monstruos con los que no cabía diálogo alguno. Su caracterización no terminó de afinarse hasta hace relativamente poco, cuando el guionista Garth Ennis se deshizo también de la tragedia personal que funcionaba como motor del personaje para convertirlo en un tipo que mata delincuentes sencillamente porque odia el mero hecho de que existan, y cuyas historias se pueden resumir, en sus propias palabras,  en “un chiflado que mata criminales, después mata a otros criminales distintos y luego se toma un descanso para matar a unos cuantos criminales más”. A menudo los aficionados hablan del giro radical del personaje en la etapa de Ennis, pero ese giro no consistió en otra cosa más que acercarle un poco más a la figura inquietante de Goetz. Ardillas y candidatura frustrada a la alcaldía aparte.

El Punisher de Volition se publica en el ecuador de la etapa de Ennis, que además escribe el guión del juego, y muestra un Castigador alienado que no solo mata lo que se le pone delante sino que reacciona con desconcierto a los agradecimientos de los inocentes. A lo largo del juego coincidirá con superhéroes varios que parecen tan fuera de lugar en este universo de escoria humana como nuestro protagonista en sus primeras apariciones. Entre los enemigos hay mutantes, degenerados, mercenarios y un buen montón de arrepentidos a los que disparar, despeñar, acuchillar o torturar mediante minijuegos que aprovechan el entorno de manera tan creativa como macabra. Tan bruto es el juego que fue censurado en varios países, y aunque el nivel de violencia no se desmadra mucho más allá del de otros títulos de la época (un poco quizás sí), el matiz está en las formas. Punisher no es ya una víctima ni un justiciero, sino una mala bestia tan peligrosa como la canallesca contra la que lucha. Lo que es peor, durante el rato que le controlamos, también nosotros nos volvemos un poco así.

El Punisher de Volition subvierte las mecánicas clásicas del shooter, donde la única manera de relacionarnos con el entorno es disparando contra todo lo que se muestra en pantalla, y las devuelve al jugador en toda su crueldad. Como Goetz en los ochenta, pero con más puntería y cadencia de fuego, es una fuerza ciega apuntada en una dirección, sin motivación ni excusa posibles.

Solo que esta vez es tu dedo el que está en el gatillo

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