«Crackdown» – Brutalidad policial

crackdown

Crackdown
Xbox 360
Realtime Worlds
2007

Hay pocas virtudes de este  título de Realtime Worlds que no se hayan reivindicado ya en esta casa. Desde aquella crítica del volumen 2 de Mondo Píxel al obligatorio Doble Vida de Javi Sánchez publicado en el volumen 3, pasando por una reseña de David Chaiko en este mismo blog en aquellos tiempos que algún día habrá que recuperar, se destila amor y respeto por la declaración de intenciones que supuso ofrecer al jugador un auténtico juego abierto sin (casi) ninguna necesidad argumental. Crackdown es una continua invitación lúdica en forma de persecuciones, tiros, explosiones y capturas de orbes por las azoteas de una Pacific City icónica y aséptica, como de dibujicos, que se podría comparar más a un Reino Champiñón tecnificado que a una mugrienta Liberty City.

Una de esas virtudes menos comentadas, repito, es cómo su carácter desenfadado le permite rescatar algunas de las mecánicas más polémicas de esta generación y reajustarlas para darles sentido. Para hacerlas bien. Me refiero a cómo hace uso de las odiadas vitacámaras de Bioshock para convertir al jugador en el superpoli cylon definitivo.

Al igual que en el título de 2K Boston, el juego avanza de forma lineal cuando morimos, de forma que cuando volvemos a alguno de los puntos de reentrada al mapa todo sigue como lo habíamos dejado: los orbes capturados, las estadísticas de experiencia. Todo. Excepto (y aquí es donde se diferencia de Bioshock) los bosses de turno, las fortalezas sin capturar, que vuelven a poblarse de enemigos para cuando volvemos a ellas a intentar el asalto definitivo. Aquí no sirve el racaneo de armamento ni la guerrilla por agotamiento. Aquí hay que entrar armado hasta los dientes y darlo todo. Pero todo: el sistema de vitacámaras hace válida la opción del kamikaze mientras el trabajo quede terminado; las misiones de asalto a la fortaleza ya no son de ida y vuelta. Así que si te encuentras frente a un rey del narco en una mansión atiborrada de esbirros, están lloviendo balas por todas partes, y solo dispones de un lanzacohetes y dos granadas, aprieta los dientes y corre hacia adelante. Lanza esas granadas al suelo, dispara a quemarropa y sonríe. Que en un rato estarás barriendo sus cenizas en busca de orbes de colores.

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